Sexo en la naturaleza

Los más claros ejemplos de cómo se lo montan los animales.

Los caballos, por ejemplo, son capaces de excitarse con solo ver a la yegua. Desde que advierte la presencia de la hembra hasta que llega hasta ella, el caballo puede alcanzar una erección de nada menos que metro y medio, motivada por los estímulos visuales, olfativos y auditivos que ella desprende.

Pero tan soberbio cortejo, que puede durar entre uno y 65 minutos, según un estudio realizado en el Centro Sevillano de Reproducción Equina y Remonta, llega a su fin en el primer salto, momento en que el caballo eyacula, en un tiempo récord de 10 segundos. Inmediatamente después de ello, el animal camina arrastrando un menguado pene flácido aún sin recoger y, por tanto, con la misma longitud. Vamos, una lástima verle.

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Hembras muy ‘machas’

Agresividad y testosterona forman una buena avanzadilla. Ocurre en el ser humano y también en el reino animal: cuanto mayores son los niveles de testosterona, símbolo de virilidad por excelencia, mayor es la carga agresiva y competitiva de la criatura. Se ha investigado este aspecto en las hienas. El impulso es aún más violento si para colmo el animal luce un andamiaje como el de hiena manchada hembra, un temible depredador que porta un clítoris del tamaño de un falo y capaz de erección. Su acto sexual es muy complejo, y ningún macho osa forzarla.

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Isabella Rosellini

Isabella Rosellini disfrazada de animalito describe sus costumbres sexuales en unos cortos.

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Isabella Rossellini se da al porno

Los espasmos que sufren los amantes de­capitados de la mantis religiosa mientras copulan deben de ser mucho más excitantes si la hembra lleva por nombre Isabella Rossellini. La actriz ha sorprendido este año en el Festival de Sundance con un nuevo género cinematográfico, el green porno, que se inaugura con ocho cortos dedicados a las prácticas se­xuales de los insectos. Las peculiares maneras de sexo incluyen hermafroditismo y otras modalidades.

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Sesión X en el zoo

Además de salvajes y conservar sus instintos, los animales del Zoo de San Francisco “son sensibles y tienen sentimientos”. Al menos, de eso advierten los carteles que siembran el recinto. Nada puede dar mayor fe de ello que la ostentación pública de sus rituales de apareamiento. El parque lo ofrece como un reclamo interesante y, a la vez, didáctico. Sin duda, es también un excelente negocio, y ya son varios los parques –los de Nueva York, Idaho y Lowry, en Tampa– que se han sumado a la iniciativa.

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El más largo gusta más

E n la Universidad británica de Aberystwyth han analizado una flor, la Silene marítima y, tras observar el comportamiento de los insectos ante 300 de ellas con distinta longitud, concluyeron que las que tenían el tallo más largo y delgado les atraían más. El problema es que con un tallo demasiado largo el insecto se desestabilizaba y no siempre se producía la polinización.

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Osas frígidas

Los cuidadores de Paca y Tola, los dos únicos ejemplares de la especie de oso cantábrico puros en cautividad, se han empeñado en buscar un ligue para las osas, sobre todo por aquello de preservar su continuidad. Pero la inesperada visita de Furaco, un macho de más de 300 kilos cedido por el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria, para intentar su reproducción, las estresó y, como si de un ser humano se tratase, acabaron perdiendo su fogosidad. Ni siquiera sucumbieron a los encantos y flirteos de Furaco en su primer encuentro. El macho ni se inmutó.

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¿Cuánto placer siente una vaca?

L a primera vez que se midieron el ritmo cardíaco y la respiración de un animal durante un orgasmo fue en la Universidad Politécnica de Massachusetts, Estados Unidos, y la protagonista fue una vaca. Pero las últimas in­vestigaciones aportan detalles inéditos sobre el placer en el mundo animal. Sabemos que gorilas y chimpancés tienen una respuesta orgásmica similar a la de la especie humana. También el caracol disfruta del suyo. Pero es el cerdo el campeón del placer, con un orgasmo de 15 minutos. Pocos deben de pasarlo tan estupendamente como ellos, a juzgar por los datos de los centros de inseminación artificial y de la Universidad de Córdoba, que colaboraron en una investigación sobre su comportamiento frente a un maniquí de su especie. Durante diez minutos, como media, el animal expulsa semen. Con este detalle cobra todavía más sentido lo de que del cerdo se aprovecha prácticamente todo: la exportación de su semen se ha convertido, también, en un pingüe negocio.

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