El estofado ideal

Las dos fases del guiso perfecto: el dorado de los ingredientes y su posterior cocción a fuego lento. Con la primera se consigue potenciar el sabor, el aroma y el aspecto. Con la segunda, la textura apropiada, maridar los sabores y un caldo suntuoso

 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
La pieza

Para guisar se prefieren carnes ricas en tejido conjuntivo, cercanas al hueso. Al licuarse, este tejido actúa como lubricante. 

Freír

A fuego fuerte, para que la transformación de azúcares y proteínas de la parte más externa se haga lo más deprisa posible, y que el interior pierda la menor cantidad de agua y quede jugosa.
A 150ºC, los azúcares de las proteínas de la parte más externa forman una costra. 

Desglasar

Añadir vino a la sartén, para recuperar la grasa y los jugos adheridos. Las moléculas de alcohol du­rante la cocción reaccionan y aportan sustancias aromáticas (afrutadas, con to­ques de canela, vainilla, etc.).

Sofreír

A la cazuela cebolla, ajo y zanahoria. Freír a fuego medio. Al romperse las paredes celulares de los alimentos, parte de los compuestos organolépticos pasan al aceite y le dan sabor.  Abajo se ve la trasformación de la cebolla gracias a la temperatura.

Cocer

El colágeno de la carne pierde su estructura de triple hélice y se fragmenta en espirales solubles en agua que forman la gelatina. Una parte abandona la pieza y se incorpora al caldo.

Agregar patata

Este tubérculo se añade cuando falten solo 20 minutos para que termine el guiso.

Reposar

Hay que dejarlo cinco minutos, así da tiempo a que las moléculas dejen de vibrar como locas y el caldo se asiente.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Más de Curiosidades