Estas aves llevan cantando las mismas canciones más de mil años

Más que algunas tradiciones culturales humanas, según los autores

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Ejemplar de gorrión pantanero, la especie sobre la que se realizó el estudio. Crédito imagen: Robert Lachlan

Los gorriones coronirrufos pantaneros (Melospiza georgiana) han transmitido sus canciones de generación en generación durante mucho más tiempo del que podríamos pensar. Esa es la conclusión de un estudio, publicado en Nature Communications, que demuestra que estas aves son capaces de igualar, y potencialmente exceder, la estabilidad de las tradiciones culturales humanas a pesar de contar con unos cerebros mucho más pequeños.
Los investigadores, liderados por Robert Lachlan, pudieron estimar que los gorriones aprenden las canciones de sus mayores con una precisión del 98%.

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Más sorprendente resulta el hecho de que no eligen las canciones que aprenden al azar, sino que eligen las más comunes: una estrategia de aprendizaje llamada sesgo conformista, que hasta hace poco se creía que era exclusiva de humanos.

Esto tiene el efecto de filtrar la mayoría de las nuevas tonadas en cuanto surgen y hacer que las tradicionales permanezcan en el tiempo.
La combinación de aprendizaje preciso y sesgo conformista ha llevado a que algunos tipos de canciones se mantengan en poblaciones durante periodos de tiempo extraordinariamente largos.

“Es bien sabido que muchas especies de aves aprenden sus canciones de otros miembros de su especie – explica Lachlan en un comunicado –. En los seres humanos, este aprendizaje vocal conduce a grandes comunidades de personas que comparten el mismo dialecto, y el aprendizaje en general lleva a tradiciones perdurables. Nuestro estudio sugiere que el comportamiento cultural de los animales puede coincidir con el de los humanos. Los tipos de canción que podemos escuchar hoy en las marismas del noreste de EE. UU. podrían haberse oído también 1.000 años atrás y se han transmitido de una generación a otra luego, rivalizando con la estabilidad de las tradiciones culturales humanas”.

Para llegar a esta conclusión, el equipo de Lachlan grabó el repertorio de canciones de seis poblaciones de gorriones, en total 615. Luego utilizaron métodos computacionales para medir la diversidad de las tonadas en cada población. Finalmente, usaron un método estadístico, llamado Análisis Bayesiano Computacional, para adaptar los modelos de simulación de la evolución cultural a sus datos.

Esta es la primera vez que las simulaciones culturales se han adaptado al comportamiento animal de este modo. La información obtenida permitió a los investigadores explorar qué estilos de aprendizaje eran consistentes con los patrones de diversidad de las canciones.

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