Mis genes son los culpables: genética en los juicios

Un reciente estudio señala las dificultades del uso de este tipo de pruebas en los tribunales

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De acuerdo con los autores del estudio, falta mucho aún para que esta práctica se convierta en habitual. Crédito imagen: Abode of Chaos

El uso de datos genéticos para establecer una base fisiológica para comportamientos criminales violentos o impulsivos es algo cada vez más frecuente en los juicios penales. Sin embargo, un nuevo estudio, señala que la evidencia genética no es un recurso eficaz para convencer a los jueces y jurados de que los acusados son menos culpables por sus acciones.
El artículo, titulado Behavioral Genetics in Criminal Court, ha sido firmado por Paul Appelbaum y Nicholas Scurich y fue publicado en Nature Human Behavior.
Hasta ahora, la evidencia de un vínculo entre las variantes genéticas y el comportamiento criminal ha sido, como mínimo, tenue. Por ejemplo, la baja actividad en el gen MAOA, presente en el cromosoma X, sumada a un historial de maltrato infantil, se ha asociado con un mayor número de condenas por delitos violentos. Sin embargo, la relación entre la actividad del gen, los factores ambientales y el comportamiento criminal no es del todo clara.

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Una posible razón de la limitada eficacia del uso de la genética en este ámbito, puede ser que su uso despierta percepciones contradictorias. “Un juez y un jurado pueden aceptar que los acusados son menos responsables debido a un factor genético – explica Appelbaum en un comunicado –, pero también sienten que, por esa misma razón, estas personas son más propensas a una reincidencia, ya que se trata de algo que no pueden controlar”. Así ambos supuestos se anulan entre sí y contribuyen a crear más confusión.

También se ha argumentado que las explicaciones genéticas no son suficientes para disminuir la responsabilidad por un determinado comportamiento. La ley requiere que los acusados muestren, ya sea poca consciencia de los hechos (por ejemplo, debido a la locura transitoria) o tengan un motivo que les impide controlar su comportamiento (como una discapacidad mental) para que los tribunales reduzcan la responsabilidad o acorten una condena.

"El uso habitual de datos genéticos vinculados a la conducta en los tribunales penales – concluye Appelbaum – puede depender del éxito de investigaciones futuras que aclaren los mecanismos de los efectos genéticos en el comportamiento y la responsabilidad. Y también cómo estos mecanismos genéticos se relacionan con las normas legales de responsabilidad en el ámbito penal. Hasta que esto no se aclare, es probable que el uso de datos genéticos en el sistema de justicia penal disminuya”.

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