El caso de los cráteres perdidos de Ceres

Cuando la sonda Dawn de la Nasa comenzó a orbitar este planeta enano, los expertos esperaban encontrar un territorio minado. Pero no fue así ¿Que ocurre allí?

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Imagen de Ceres, en naranja se pueden observar los cráteres más elevados y en verde las planicies. Crédito: NASA/JPL-Caltech/UCLA/MPS/DLR/IDA

En marzo de 2015, la sonda Dawn de la NASA, comenzó a orbitar el planeta enano Ceres. Los expertos suponían que se encontrarían con un paisaje similar al que habían hallado en la anterior “parada” de Dawn, Vesta: una tierra bombardeada con cicatrices de cráteres. Pero se encontraron con lo opuesto.
Las simulaciones de choques que el equipo había realizado previamente, aseguraban que Ceres (ubicado entre Marte y Júpiter) debería tener de 10 a 15 cráteres de más de 400 kilómetros de diámetro.
Sin embargo Dawn mostró que Ceres tiene sólo 16 cráteres de más de 100 kilómetros y ninguno por encima de los 280. De acuerdo con David Williams, uno de los responsables de la misión Dawn, “cuando comenzamos a mirar las imágenes Ceres, nos dimos cuenta de que no había realmente grandes cuencas de impacto en la superficie. Esto representaba un misterio porque Ceres debía haber sido golpeado por asteroides de gran tamaño muchas veces a lo largo de su 4,5 millones de años de historia. Incluso Vesta, con la mitad de tamaño, tiene dos grandes cuencas en el polo sur”.

Ahora, en un estudio publicado en Nature Communications, Williams y Simone Marchi, explican las simulaciones que les han llevado a responder al misterio: Ceres habría experimentado una rápida evolución geológica.
"Si Ceres fuera muy rocoso, los cráteres provocados por los impactos se habrían preservado – apunta Williams –. Sin embargo Dawn nos ha permitido detectar que la corteza de Ceres tiene una fracción significativa de hielo, que, mezclado con sales, habrían debilitado la corteza rocosa, dejando una topografía más suave”.

Por otro lado, Ceres debe haber generado una importante cantidad de calor interno a raíz de la desintegración de elementos radiactivos después de su formación. Esto también podría haber ayudado a suavizar o borrar los rasgos topográficos a gran escala. Y, finalmente, los expertos han descubierto rastros de criovulcanismo. “Este tipo de vulcanismo es como el de roca – señala Williams – solo que a temperaturas mucho más bajas y en lugar de roca fundida, lo que se libera es hielo fundido. Es posible que haya capas o bolsas de agua salobre en la corteza de Ceres. Bajo las condiciones adecuadas, éstas podrían migrar a la superficie y darle una apariencia más lisa aún”.
Los expertos esperan que a medida que Dawn se acerque más a Ceres obtenga nuevas imágenes que aporten una respuesta más firme.

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