Un nuevo yacimiento en Atapuerca con restos de hace 400.000 años

En poco más de un mes de campaña, uno de los yacimientos más importantes del mundo, comienza a revelar nuevos secretos.

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Parte de los restos óses encontrados en esta campaña. Crédito imagen: Fundación Atapuerca

El pasado 16 de junio comenzaron las excavaciones en los yacimientos de la sierra de Atapuerca dirigidas por Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. En este tiempo han participado un total de 284 personas de 23 nacionalidades distintas, un nuevo récord, teniendo en cuenta que dos años atrás hubo 226 expertos, estudiantes y voluntarios de “apenas” 7 nacionalidades.
Gracias a la mayor colaboración se han podido rescatar del pasado importantes novedades en todos los yacimientos. Las contamos una a una.

Cueva del Fantasmas
Allí se ha realizado el hallazgo más importante de la presente campaña. Probablemente porque se trata de un nuevo yacimiento que contiene restos de hace 350.000 o 400.000 años. Aparentemente, según los primeros estudios, el nuevo yacimiento ha permanecido prácticamente inalterable a lo largo del tiempo y los expertos han podido apreciar diferentes niveles en sus paredes y se especula que, teniendo en cuenta la profundidad, el material y el entorno, en el inferior podría haber restos de 1,5 millones de años de antigüedad. De ser así, serían los más antiguos de los encontrados en Atapuerca hasta la fecha.

Sima del Elefante
En la Sima del Elefante se han recuperado restos de aves de diferentes tamaños, de oso, de bóvido y de ciervo. La presencia de un fragmento de lasca en sílex cretácico, junto a otras evidencias de fauna y restos líticos muestran, sin ninguna duda, que la presencia de los grupos humanos en la sierra de Atapuerca se remonta hasta hace como mínimo 1,3 millones de años, lo que constituye el testimonio más antiguo de Europa después de los hallados en Georgia.

Galería
En este yacimiento las excavaciones se han centrado en la Unidad GIIIa, datada entre 220 y 280 mil años. Los trabajos realizados allí han proporcionado abundantes restos de fauna e industria lítica, esta última propia del modo Achelense, caracterizado por ser la primera cultura lítica en que la piedra se trabajó de forma simétrica en ambos lados de la herramienta. También se han hallado restos animales principalmente caballos.
Los hallazgos muestran que ya se han alcanzado los niveles fértiles, lo que permite pensar en novedades muy pronto. También se confirma que nuestros ancestros usaban esta cueva como una “despensa”: de los animales que caían por la trampa natural situada al este de la cueva, se aprovechaban los restos con mayor masa muscular, mientras el resto se abandonaba y, como muestran las múltiples mordeduras en los huesos, servían de alimentos para carnívoros.
Gran Dolina
El nivel TD10 es el que registra las últimas etapas de la población humana y, al mismo tiempo el que ha dado la mayor concentración de restos: más de 118.000 faunísticos y unos 35.000 artefactos líticos. Pese a que cada vez son menos numerosos los hallazgos, el registro de este año refleja una gran diversidad en cuanto a especies de herbívoros (caballo, ciervo, bisonte y rinoceronte entre otros) y de carnívoros, como leones o lobos. Estos últimos aparecen representados tanto en sus propios huesos, como en las marcas que han dejado en los de sus presas. Este nivel resulta muy importante para desarrollar modelos que explican la convivencia entre los carnívoros y los humanos. Esta convivencia, la nutrida presencia de restos óseos animales y la profusión de restos líticos permiten estudiar, como en muy pocos lugares del mundo, los ecosistemas de hace entre 300.000 y 500.000 años, y, muy especialmente, cómo los grupos de homínidos (preneandertales en este caso) los explotaron y se adaptaron a ellos.

Nivel TD4
Aproximadamente 1 millón de años atrás, se produjo un derrumbe del techo de lo que hoy es la Gran Dolina. El agujero propició que la cavidad comenzara a llenarse con sedimentos procedentes del exterior y que fuera utilizada por los osos de la especie Ursus dolinensis durante su hibernación. Pero la oquedad también representó una trampa natural para algunos ungulados de la sierra. En este nivel se han documentado restos de rinocerontes, Eucladoceros (primos de los ciervos), bisontes y caballos, entre otros, que cayeron por la sima recién formada y murieron en el interior de la cueva. Los carnívoros, jaguares, hienas y los antepasados de los lobos, aprovecharon para carroñar los cadáveres. Hoy este nivel se ha convertido en el mejor candidato para cubrir el espacio temporal de 400.000 años que separa al Homo antecessor (0.8 millones de años atrás, Ma.) de los restos humanos de la Sima del Elefante (1.2 Ma). Esta campaña ha permitido reafirmar no solo la presencia humana, sino también la cronología del depósito sedimentario.
Cueva del Mirador
Aquí los primeros vestigios humanos datan de unos 13.500 años. Pese a que lo que se ha encontrado ahora es más reciente, resulta igual de importante. Se trata de abundantes restos de cabras y ovejas, en su mayoría individuos inmaduros y juveniles, lo que permite vincularlos a la llegada de grupos de pastores y agricultores neolíticos que se dedicaban a la cría doméstica y a la cerámica. Los conocimientos que se están adquiriendo permitirán profundizar en el conocimiento de la gestión de los rebaños durante la Prehistoria reciente.
Sima de los Huesos
Si Atapuerca es el apellido, la Sima de los huesos es el nombre propio en la arqueología española. Aquí, en 1976, se hallaron los primeros fósiles humanos de la sierra de Atapuerca. En esta campaña se han recuperado algunos más: tres falanges, un extremo de tibia, otro de peroné y un tercero de húmero, también parte de una clavícula y algunos fragmentos de costillas y de cráneo. El 28 de julio cierra la campaña de excavación aquí lo que podría permitir más hallazgos y estudiar si los huesos hallados completarán individuos recuperados en campañas anteriores.
Galería de las Estatuas
Quienes piensan solo en huesos, se pierde un universo alternativo igual de rico y profundo. Los estudios del polen, por ejemplo, han permitido determinar que en la región se produjo un cambio de paisaje, pasando de ser un ambiente abierto de tipo estepa (la flora que reina son los arbustos) a uno de bosque abierto.

El Portalón de Cueva Mayor
Este yacimiento es fundamental para el estudio de la prehistoria reciente, los últimos 10.000 años. Aunque esta campaña ha deparado pocas novedades (por ahora) en cuanto a restos de cultura material, los relacionados con la fauna sí lo son: se han descubierto numerosos restos de caballo y toro salvaje, probablemente animales cazados y consumidos en el yacimiento.
Asentamiento al aire libre. Fuente Mudarra
No solo las cuevas son patrimonio de los arqueólogos en Atapuerca. En este asentamiento, sobre todo por debajo del nivel 4, esta campaña ha permitido recuperar cientos de piezas de sílex con las que se descuartizaban y trataban las pieles de diferentes animales.
Laboratorio de lavado de sedimentos de la Trinchera en el río Arlanzón
Otra sorpresa dentro de Atapuerca. Aquí, como ocurrió en campañas anteriores, los expertos, los estudiantes y hasta lo vecinos de Ibeas de Juarros se unen para conocer mejor la microfauna de estos yacimientos. Los animales pequeños (mamíferos, anfibios, reptiles, aves, peces) evolucionan muy rápidamente, y estudiarlos permite conocer sus costumbres, pero también los motivos que propiciaron dicha evolución, por ejemplo el clima.
Prospecciones geofísicas
También se podría titular como Las futuras excavaciones. Las prospecciones con georradar (GPR) y las realizadas mediante la técnica de tomografía de resistividad eléctrica (TRE) han permitido conocer la presencia de nuevas cavidades y determinar el desarrollo y la posición de las antiguas entradas hacia la Galería de las Estatuas. Por lo tanto, Atapuerca, aún tiene mucho que mostrar.

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