Gran conocedora de Montesquieu, Carmen Iglesias defiende las humanidades porque nos ayudan a conocer nuestro pasado en toda su dimensión, a vivir con las tensiones y la incertidumbre, porque “conflictos ha habido siempre”. Fue elegida directora de la Real Academia de la Historia en 2014, y desde entonces esta mujer menuda pero de talante firme no ha cejado en su empeño de ver hecho realidad el Diccionario Biográfico Electrónico (DB~e), que fue presentado oficialmente el pasado mes de mayo. Ahora, también es miembro de la Selección Española de Ciencia 2018.

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P: ¿Usted ha llevado a buen puerto uno de los proyectos más ambicioso de la Real Academia de la Historia?

R: Estamos muy orgullosos del Diccionario Biográfico Electrónico (DB~e). De momento, ya cuenta con más de 45.000 biografías, lo que supone unas 60.000 páginas de texto en español, muy importante para la lengua común. Es gratuito y puede consultarse en Internet. Lo hemos estructurado a través de tres ejes. El primero, cronológico, cubre 2500 años, desde Argantonio, del que tenemos fuentes y datos de que existió verdaderamente, hasta la época actual. Hay también un eje geográfico, que es importantísimo porque no sólo abarca los personajes nacidos en España, sino los de todos los territorios que formaron parte de la monarquía hispánica durante casi cuatro siglos, hasta 1898. Un tercer eje, el disciplinar, en el cual somos absolutamente pioneros, gira no sólo en torno a las grandes figuras de la política o la administración en todas sus ramas a lo largo de 2500 años, sino también alrededor de todos los oficios y profesiones, desde los más científicos a otros que, si bien son de entretenimiento, resultan absolutamente fundamentales. En el DB~e se pueden consultar las vidas de personas relacionadas con la historia del circo, con los espectáculos, la publicidad, en fin todo personaje, sea hombre o mujer, que haya aportado algo… O que también hayan desbaratado porque hay biografías de magnicidas, terroristas, asesinos, etc. Hemos creado un tesauro totalmente pionero e inductivo de profesiones y oficios con más de 2.000 descriptores. Y hemos configurado el contenido para que llegue a la sociedad, a todos los niveles educativos, a los curiosos de la historia… Se puede buscar con 20 criterios distintos y todo de forma muy intuitiva y sencilla.

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P: ¿En qué se diferencia de Wikipedia?

R: Han participado casi 5500 historiadores. Cada biografía ha sido firmada por un especialista. Todas las entradas pertenecen a personajes ya fallecidos porque, como decían nuestros clásicos griegos, hasta el último instante de tu vida no sabes si has sido feliz o desgraciado. Una biografía histórica no está completa hasta que se muere el personaje y aún así, después de muerto, pueden aparecer nuevos datos. El de Oxford es el único que se puede acercar a nuestro. El resto, están inacabados o muy breves. La particularidad del DB~e es que permite hacer una lectura polifónica. Esperemos que sirva para que los españoles se reconcilien con su historia.

Carmen Iglesias Cano fue elegida directora de la Real Academia de la Historia en 2014, y desde entonces esta mujer menuda pero de talante firme no ha cejado en su empeño de ver hecho realidad el Diccionario Biográfico Electrónico (DB~e)
Ana Ruiz

P: Sí, pero la historia tiene muchos puntos de vista, muchas desigualdades.

R: La supuesta igualdad que se reclama a todas horas se basa en el criterio de nacimiento y no tiene su fundamento en el mérito; el principio de la igualdad de oportunidades ha sido clave en la cultura occidental moderna. Por eso nunca he estado de acuerdo con las cuotas, ni imposiciones de ningún tipo. Por supuesto que estoy a favor de crear plataformas, grupos de presión, asociaciones para conseguir algo, en lo que siempre he sido activa, pero no como consecuencia de una ley abstracta que se salta al individuo.

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Las humanidades tienen que ir de la mano de la ciencia y viceversa.

P: ¿Y qué papel juega el individuo en un mundo donde las redes sociales cobran cada vez más protagonismo?

R: Todo avance se enfrenta a nuevos retos. Así ha ocurrido siempre en la historia de la humanidad. En la cultura occidental, que ha sido especialmente dinámica y rica, hay unas sinergias enormes. Por eso las humanidades tienen que ir de la mano de la ciencia y viceversa. Debemos recordar siempre de dónde venimos y los esfuerzos inmensos que ha costado todo esto. No hay nada eterno. Lo que parece que no puede pasar, termina pasando. Nada está determinado en la historia, siempre hay caminos alternativos.

P: ¿Puede perder el individuo su identidad debido a los avances en inteligencia artificial?

R: La educación tiene que jugar un papel fundamental. La tecnología es un desarrollo más que puede ser aprovechado por las personas de una forma riquísima, puede ser una ayuda impresionante. En mi opinión, creo que estamos lejos de que las máquinas puedan emular la capacidad de decisión y de improvisación del ser humano.

Ana Ruiz

P: Las humanidades están dejándose de lado en los colegios...

R: Son absolutamente necesarias. Es imprescindible conocer nuestro pasado, nuestra historia en todos sus aspectos, en toda su dimensión, en todo su abanico de posibilidades porque mantener las cosas es dificultoso. La historia está llena de retrocesos continuos.

P: ¿Qué claves nos dan las humanidades para entender la sociedad de hoy?

R: Siempre ha habido crisis. Ya en la Antigüedad se decía que los jóvenes no seguían las normas de los mayores. La condición humana siempre ha sido de conflicto. Hay que saber vivir con las tensiones y con la incertidumbre. Eso es lo que enseñan las humanidades. La corrupción ha existido siempre. Basta pensar en Grecia, en los demagogos, en el final de su democracia o de la de Roma… Por eso es importante que el poder, que corrompe siempre, tenga limitaciones, porque se pierde el sentido de la realidad. Conocer la condición humana en todas sus facetas es absolutamente fundamental para poder seguir adelante. Las crisis siempre son posibles, las incertidumbres y los conflictos forman parte de nuestra vida. No existe la utopía del bien para siempre, sino todo lo contrario. Las cosas son complejas. A pesar de eso, como decían los griegos, el hombre, el ser humano, es más fuerte que el destino. Al final está la muerte, pero sin embargo actuamos “como si…” (como si no existiera) para poder seguir siempre adelante.

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Consensuar no es lo mismo que olvidar. No hay que confundir la amnistía con la amnesia

P: Los jóvenes no parecen muy interesados en la historia...

R: Ese es un defecto de la educación. Las historias, los cuentos, nos interesan desde que somos pequeños. Nos gustan los relatos de hadas, de aventuras. Se puede enseñar la historia a través de esas lecturas. No se trata de que un adolescente tenga que saber las fechas literalmente, pero sí que conozca la riqueza de vidas que han existido, de caminos que se han abierto. Y que puedan poseer un sentido temporal y espacial a través de la historia y la geografía.

P: ¿Es que no está bien contada historia?

R: Desde el punto de vista educativo, en general, no. Se han suprimido casi todos los estímulos para ello. Se ha permitido y fomentado la perdida de auctoritas de los profesores. Creo que se puede hacer mucho mejor.

Conocemos mal nuestra historia porque siempre hemos partido de un prisma negativo

P: ¿Cómo se abordan los nacionalismos desde el punto de vista histórico?

R: El nacionalismo siempre ha sido destructivo. Hemos hecho un gran esfuerzo de civilización para poder convivir con el otro no sólo en Occidente, sino también en otras culturas. Y para que esos logros permanezcan hay que rechazar el odio y resentimiento. Los nacionalismos, los grupos que parten de su pertenencia a una tribu y del lugar en el que se ha nacido son muy peligrosos y destructivos. Todo eso es lo que termina conduciendo al retroceso, a genocidios cómo los que ha habido en la Segunda Guerra Mundial.

P: Los nacionalistas basan sus reivindicaciones en hechos históricos.

R: Hay un sentimiento de pertenencia que es legítimo. El ser humano tiene una fuerte tendencia tribal porque nos hace sentir más arropados, pero eso no quiere decir que el grupo tenga que estar por encima de los demás, que se considere superior y que tenga justificación para lanzarse contra los otros con la intención de destruirlos. Y encima con mentiras o invención de los hechos. Históricamente los nacionalismos han sido nefastos. Siempre han reavivado guerras que creíamos que nunca volverían. El nacionalismo se inventa la historia, la cambia, la falsea. El que la guerra de sucesión la hayan transformado en una guerra de secesión es una falsedad. Se llega al esperpento. Ejemplos los tenemos en la teoría de que el Quijote se escribió originalmente en catalán y que luego fue traducido o en que Cristóbal Colón nació en Cataluña. ¡Es todo tal disparate! Hay historiadores orgánicos, pensadores temerarios a los que les gusta el poder.

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P: ¿Tiene sentido mirar atrás para justificar el futuro?

R: ¿Cuál es el momento cero para que una sociedad deje de mirar sus conflictos de forma resentida? ¿Cuándo las nuevas generaciones pueden seguir adelante? No hay fórmula. Depende de que la razón se imponga sobre la emoción, sobre esas pasiones que tenemos los seres humanos. Debemos hacer un esfuerzo para poder convivir. La razón debe imperar.

P: ¿Cuánto tiempo tarda en pasar el dolor en términos históricos?

R: No hay medida. El horror por los campos de concentración tanto los de los nazis como los del comunismo pervive. Hay que recordarlo siempre para que nunca vuelva a pasar algo así. Los conflictos no deben olvidarse. Consensuar no es lo mismo que olvidar. No hay que confundir la amnistía con la amnesia. Recordar todo eso es importante, pero marcando un punto en el que no se fomente el odio ni resentimiento. El discurso nacionalista, generalmente, es de odio y resentimiento.

P: ¿Tiene sentido retirar los vestigios franquistas?

R: En la mayoría de los casos lo único que se logra es avivar emociones que ya estaban periclitadas. A mí me impresiona que Franco esté ahora más vivo que en la época antifranquista. Bueno, a veces se hacen muchas injusticias. Tener una plaza con el nombre de un asesino es una cosa, pero quitar una calle a un señor porque ha sido de derechas o de izquierdas pero que ha cumplido con su profesión, con sus obligaciones, es otra cosa. Se cometen muchas injusticias. Todo esto es un vivero para oportunistas e ignorantes.

P: ¿Cree que las posturas están muy enrocadas?

R: El ser humano tiene tendencia a la simplificación y al fanatismo. Uno agarra un principio y de ahí no se mueve. Todo esto se combate con educación, con ciencia, con inteligencia emocional y con muchas cosas. Ejemplos de barbaridades tenemos muchos. El fanatismo existió en todas partes y en todas las épocas hubo minorías que por distintos motivos lo ejercieron y arrastraron a sus sociedades a la destrucción.

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P: ¿Tienen recorrido las monarquías?

R: Soy historiadora, no futuróloga. La cuestión no es si monarquía o república, sino democracia o dictadura. Hay repúblicas en este momento que son autoritarias, mientras que en Europa existen reinos con una tradición histórica muy potente y que han llegado a ser democráticos. Podemos asumirlos perfectamente. En nuestro país, además, la monarquía es clave, por eso la atacan los nacionalistas. Nos da estabilidad. Imagine lo que sería tener que elegir cada cuatro años un jefe de Estado. Sin embargo, las personas que tienen bien estructurada e interiorizada su responsabilidad y su vocación de servicio a la comunidad son siempre más seguras que cierto tipo de político, qué es capaz de anteponer sus intereses a corto plazo y carece de sentido de Estado y de convivencia social. Lo único que le interesa es acceder al poder.

P: ¿Por qué los españoles somos tan injustos con nosotros mismos?

R: España fue una potencia hegemónica importante. En realidad, significó el comienzo del Estado Moderno. En un momento dado, como ha ocurrido con otros países poderosos, se genera una leyenda negra, que en nuestro caso hemos terminado interiorizando. Con la gran Monarquía Hispánica y el descubrimiento de América se transforma la visión del mundo y empieza una hegemonía que duró más de trescientos años. Naturalmente surgieron quiebras y fisuras inevitables; en el siglo XVII, la derrota de la Gran Armada que los ingleses llamaron Invencible (siempre han sido muy buenos con el tema de propaganda) tuvo un gran impacto emocional, más que económico o estratégico, en la población. Simbólicamente supuso mucho. De hecho, hubo otra gran armada tres años después de la que se habla poco. En un ámbito como aquél, a finales del siglo XVI y principios del XVII de gran religiosidad, de un mundo con elementos muy mágicos y muy ortodoxos, empezó a filtrase la idea de que “Dios nos ha abandonado”. Se sabía por la historia que todas las cosas que suben, bajan. No hay nada que se mantenga en la cúspide para siempre. Y hay un grupo de buenos escritores, los arbitristas, que se recrean en ese victimismo, en que lo hemos hecho todo mal. También se desata una campaña, tanto francesa como anglosajona, en contra de España, que se reitera en el s XVIII y que tiene eco en los grandes escritores del 98. Son grandes patriotas, pero de economía y de política no podían saber mucho entonces. Y encima, en el s XX, están los cuarenta años de dictadura. Conocemos mal nuestra historia porque siempre hemos partido de un prisma negativo. Afortunadamente, siempre subsiste un principio de realidad para situarnos en nuestro lugar, porque como decía una obra de Calderón, no siempre lo peor es cierto.