Tiritas para la brecha digital

La Barrera tecnológica entre el mundo rico y el mundo pobre ya ha dejado de ser insalvable

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Una escuela a 2.500 m de altitud. Gracias a los 260.000 portátiles que el Gobierno peruano ha repartido por las poblaciones andinas, los niños como este chaval de la aldea de Arahuay pueden atender sus clases on line.

Hablar de tecnología en el Tercer Mundo no parece una prioridad. Sin embargo, gracias al correo electrónico e internet, decenas de comunidades rurales comparten consultas médicas, aprenden formas de cultivo y se enteran de subvenciones de las que pueden beneficiarse. Por internet, la radio y el móvil, conocen los problemas que afectan al país, previenen catástrofes naturales y se anticipan a las guerras. Así avanzamos para coser la brecha digital más profunda, la que separa países ricos de naciones pobres.

En Camboya, cinco motos equipadas con portátiles, módems y antenas WiFi recorren las rutas de un pequeño grupo de escuelas rurales para recoger los correos electrónicos de los alumnos. Cuando termina la jornada y las motos llegan a la capital, otro ordenador descarga la información de los portátiles y envía los archivos a internet desde una conexión vía satélite. El proyecto, llamado Cambodia Schools, ha sido objeto de elogios en todo el planeta desde que The New York Times se fijó en él. En Venezuela existe una iniciativa similar, las “bibliomulas”, que llevan la lectura por los pueblos aislados de la montaña. Ahora van a dotarlas de conexión WiFi. El coordinador de la Red de Escuelas asegura que van a instalar equipos inalámbricos debajo de las matas de plátano. “De esa forma”, dice, “la gente que habita los pueblos del valle podría enviar correos electrónicos en los que indicase cuánto producto necesitan, y los campesinos podrían responderles qué cantidad pueden producir”.

En Brasil ya se ha anunciado un importante plan para llevar internet a las tribus nativas. Su utilidad está demostrada para mantener un contacto no invasivo, y de hecho sirve para monitorear y proteger el bosque. Algunos dirigentes indígenas han utilizado internet, según la BBC, para alertar sobre las talas ilegales. Y el mensaje ha llegado incluso al presidente del país.

Pero no solo internet es una herramienta útil. En cierta forma, la radio ha sido el gran cohesionador de África. Hay cientos de emisoras distribuidas por el continente, y gracias a ellas hay muchas comunidades interconectadas. Un locutor es un perfecto intermediario entre los oyentes y la red. Gracias al teléfono, pueden hacerle llegar consultas, y el locutor se encarga de informar sobre previsiones meteorológicas y asuntos relacionados con los cultivos.

Las iniciativas llegan incluso desde el todopoderoso Google. El pasado año presentó un servicio para ayudar a las organizaciones no gubernamentales, a instituciones y profesores a luchar contra el analfabetismo. La herramienta incluye blogs, artículos, libros, vídeos, tesis e incluso mapas, desde Madrid a Bangladés, para saber localizar las organizaciones que luchan contra el analfabetismo.

Norias de energía
La Schoolnet de Namibia, por ejemplo, ha recibido varios premios. Reciclan ordenadores y componentes donados por el Primer Mundo. En Katatura, uno de los barrios más pobres de Windhoek, la capital, existe uno de estos talleres. Allí llegan las piezas que, tras ser analizadas, se utilizan para montar clónicos que envían a las escuelas. El proyecto tiene mucha aceptación porque organiza pequeños grupos que, además de aprender nuevas habilidades, pueden aspirar a conseguir un trabajo en centros de internet que montan ellos mismos.

Sin embargo, uno de los problemas a los que se tienen que enfrentar las comunidades más alejadas es el del abastecimiento de energía. En los campamentos de Tinduf, en Argelia, uno de los lugares más inhóspitos del planeta, lo han resuelto equipando al hospital y a algunas viviendas con placas solares –de fabricación española– y baterías de coche. A poca distancia de allí hay un cibercafé que cuenta con una decena de ordenadores.

En gran parte del mundo se han descubierto ya los beneficios de los hornos solares. Son parábolas re­cubiertas de espejos que concentran la luz del sol en un punto y se utilizan para cocinar en campamentos y lugares con poca energía. En el África subsahariana se emplean las bombas de agua accionadas por niños. Se llaman Playpump y bombean agua limpia y potable aprovechando la energía de una noria o rueda giratoria en la que los niños juegan. Ya se han instalado unas 1.000 en diferentes aldeas de Mozambique, Sudáfrica, Suazilandia y Zambia.

Incluso el MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, tiene un conjunto de cursos dedicados a crear ideas baratas para aplicar en el Tercer Mundo. Allí se han observado avances como el refrigerador que utiliza la evaporación de tejidos mojados para extraer calor y el generador de electricidad (suficiente para cargar un móvil o una linterna, durante todo un año) gracias al estiércol de vaca triturado. Para ello se empleó un cubo de 23 litros con “carbón” hecho con mazorcas de maíz como principal materia prima.

El sector de la telefonía móvil ha experimentado un bum en África. En Zimbabue, la Oposición hizo frente a las elecciones y a la crisis política con una fuerte campaña por SMS, con denuncias vía internet y YouTube, para evitar la censura. Al último Congreso Mundial de Móviles, celebrado en Barcelona, llegaron representantes de muchos de esos países africanos a comprar tecnología, desde teléfonos a microprocesadores, dijeron los expositores a la prensa.

De hecho, Microsoft anunció un importante proyecto de telefonía móvil que tiene importantes ventajas frente al ordenador: este sistema no requiere cablear el país, y eventualmente podría proporcionar acceso a internet.

Más allá de los beneficios económicos o culturales, hay avances importantísimos. El médico es uno de ellos. En el hospital Saint John of God, en Lunsar, Sierra Leona, hay una unidad de telemedicina. A los pocos días de su instalación se presentó un primer caso de una niña que tenía gran acumulación de líquido en el vientre. Los cardiólogos del Hospital de Sant Joan de Déu, en Esplugues de Llobregat, Barcelona, fueron quienes le diagnosticaron a la paciente una cardiopatía infecciosa. Todo se hizo a distancia.

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