Romper por Facebook

Y por SMS, por email y más medios

Estaba a punto de dormirse cuando recibió un sms de su compañero de trabajo: “Solo kería saber si stás bien. Lo siento”. Se incorporó en la cama de un salto. ¿Sentir? ¿Qué? El chat de la Blackberry la sacó de dudas: su colega acababa de recibir por Facebook la noticia de que ella, sí, ella, ya no estaba en una relación. Llamó a su novio y, tras un encontronazo con el buzón de voz, decidió recurrir a la fuente de la noticia. En cuanto abrió su perfil, él apareció en la ventanita del chat: “Hola, lo he pensado bien y no quiero seguir, lo siento. Tampoco quiero hablar”. Seguido del mensaje: desconectado.

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Se acabó el sueño. En menos de diez minutos se encontraba sumida en una incomprensible y desoladora pesadilla. Las nuevas tecnologías, esas que hasta ahora le habían abierto un paraíso de amistades, contactos profesionales, aventuras y amor en tiempo real, acababan de mostrarle una nueva forma de intervenir en las relaciones sentimentales.
Sobre esa otra acepción ha empezado a investigar Ilana Gershon, profesora de Comunicación y Cultura en la Universidad de Indiana (EEUU) con su libro The Breakup 2.0. Recurrió a las rupturas como excusa para analizar nuestra relación con los nuevos medios, y entrevistó a 70 estudiantes de su Universidad. Sus respuestas y el análisis de la profesora dejan claro que los criterios sobre cuándo utilizarlos, qué es admisible y cómo enfrentar la cantidad de información que proporcionan se hallan aún… en construcción.

Conocer su perfil

La aventura comienza cuando el flechazo se disipa y empezamos a vislumbrar la realidad de nuestra pareja. También online. Twitter nos mantendrá informados de sus ideas espontáneas, mientras que Facebook ofrece una perspectiva multiangular de los amantes: la suya y la de toda la corte de amigos (= desde los íntimos a los que compartieron con él/ella pupitre en segundo de primaria. La media es de 130 por usuario).
Nuestra pareja desvelará lo que más le interese. Probablemente, mucho. José Errasti, profesor de Psicología de la Universidad de Oviedo, explica por qué: “En la actualidad, la vida emocional del individuo es lo que confirma su personaje ante los demás; por eso se airea públicamente. Algunos autores han empezado a hablar de extimidad”. La idea va más allá de sacar el corazoncito al foro público. “El mundo íntimo no solamente se cuenta, sino que también se siente de una forma completamente diferente, ya que va a ser visto por los demás y va a servir para que nos juzguen”.

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Búscate otro novio

Lo malo es que “los demás” son muchos, y la pareja puede encontrar excesivas las manifestaciones destinadas a granjearse la aceptación de los amigos. Como ejemplo, el muchacho simpaticón empeñado en colgar fotos rodeado de hordas de amigas tan atractivas como cariñosas. Semejante visión ha quebrado la confianza de más de una novia.

“A veces le ves en una foto con otra en Tuenti y le mandas ahí mismo un mensaje de ‘¿ahora estás con esta? Pues se acabó’. Y le adjuntas esa misma foto”, explica Clara, una adolescente de 17 años que nos lo cuenta con total desparpajo, lo más normal del mundo. Otras veces, el lío viene por la intervención de terceros, algo facilísimo en el patio de vecinos que es el muro de Facebook.

Gershon cita el caso de una joven pareja con problemas. Un buen día, él vio que un amigo de ella había colgado en el muro de esta la canción de los Backstreet BoysGet anoter boyfriend (Búscate otro novio). Convencido de que el otro estaba al tanto de sus dificultades, puso fin a la relación. Igual que Ruth (nombre falso), periodista española de 26 años que se enteró de que su novio italiano se alegraba la vida con otra cuando sus amigas vieron fotos inequívocas en los muros de amigos de él. Y a la estadounidense Lynn France, casada y madre de dos hijos, el tour por las redes sociales le deparó una sorpresa aún más dura: las fotos de la boda y la luna de miel de su esposo con otra mujer en el muro de la propia recién casada.

Cosa de dos... y muchos más

No es de extrañar ese afán de espionaje. Las fotos y los mensajes cortos presentan una ambivalencia que produce adicción. Según Gershon, la mayoría de los usuarios los toman como verdades irrefutables. Pero se encuentran fuera de contexto, y el ansia de certeza impulsa a los interesados a continuar la búsqueda sin freno alguno. En las versiones más suaves, a través de las cuentas de amigos o de perfiles falsos creados expresamente para la ocasión. Pero también irrumpiendo secretamente en las cuentas de correo, las redes sociales y los sms de sus parejas. La abogada Susana Moya, especialista en derecho de familia, confirma que: “Cada vez nos encontramos con más procesos de divorcio desencadenados por correos electrónicos y sms leídos sin permiso”. Aunque no se admiten como pruebas, “pueden llevar a contratar a un detective, cuyo trabajo sí tiene validez legal”. Al igual que los datos encontrados en los perfiles abiertos de Facebook, “porque la persona ha renunciado a proteger su privacidad”, explica la letrada. Pero, si quiere protegerla, puede tener a la ley de su parte: a pesar de su orden de alejamiento, Harry Bruder, del condado de Pasco (EEUU), pidió dos veces amistad por Facebook a su ex esposa. La insistencia le costó 54.000 dólares de fianza.

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Esa doble posibilidad de sentirse vigilado y caer en la tentación de vigilar, tanto durante la relación como después, ha empezado a recordar a algunos aquello de que “quien evita la ocasión…”, y cada vez son más los que se “suicidan” digitalmente o se refugian en la calma. Ruth y su nuevo novio han decidido obviar su relación en Facebook, porque “nos parece mejor preguntarnos en persona todo lo que tengamos que saber”.

En persona. Esa era la única opción que Ilana Gershon aceptaba como digna para dejar a alguien (que no estuviera a miles de kilómetros). Sin embargo, la mayoría de sus alumnos la sustituían sin problemas por una llamada telefónica o un correo, incluso si vivían en la misma ciudad.

Cuándo y cómo

La opción más controvertida para esta generación era limitarse a cambiar el estado de Facebook de “en una relación” a “soltero/a”, y esperar a que la pareja lo viese. A pesar de que muchos están dispuestos a hacerlo, tanto por cobardía como por evitarse la tentación de un nuevo encuentro con piel de por medio, es frecuente criticar a otros por ello. Sobre todo, porque existe la posibilidad de que el cibervecindario (incluido el del pupitre de primaria) reciba la noticia antes que el interesado. Y eso no mola.

Aunque también se les puede ofrecer un balcón al proceso pasando un tiempo en la opción de Facebook que atribuye a una relación el estatus “es complicado”. Alguno de los estudiantes consultados en Breakup 2.0 comparó esta posibilidad con las riñas de pareja en público de la vida real. De hecho, se espera que en rupturas amistosas ambos cambien el perfil a la vez.

Pero eso no les evitará el dilema de si borrar o no las fotos y comentarios de la vida en común, y cómo reorganizar su red de amigos.

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Si bien los propios ya-no-amantes suelen desagregarse mutuamente, conservan muchas amistades comunes. Que se convierten en mirillas virtuales por las que seguir observando al ex (y demostrándole lo estupendamente que nos va sin él/ella). Aunque los medios cambien a toda velocidad, los comportamientos no les siguen el paso.

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