A pesar de que estudios anteriores calculaban que aproximadamente una de cada 100 personas tenía cáncer en la Edad Media, es posible que sea mucho más

Los cementerios medievales alrededor de Cambridge (Reino Unido), con restos entre los siglos VI y XVI de nuestra era, son un pozo sin fondo (sin querer hacer un chiste) de revelaciones sobre cómo vivían (y morían) las personas en esa época.

Precisamente, los investigadores dirigidos por el arqueólogo Piers Mitchell, de la Universidad de Cambridge han llegado a la conclusión de que el cáncer era mucho más común de lo que se pensaba, según su estudio publicado en la revista Cancer.

Los científicos examinaron esqueletos de estos cementerios medievales en busca de signos de tumores. Un diagnóstico de cáncer es difícil si el paciente lleva varios siglos muerto. Esto se debe a que los tumores suelen proliferar en los tejidos blandos del cuerpo, que se descomponen rápidamente después de la muerte.

Sólo si el esqueleto está afectado puede detectarse la enfermedad después de tanto tiempo. Para que esto ocurra, el cáncer suele tener que haberse extendido a los huesos, es decir, formar metástasis óseas que dejen señales visibles en los huesos.

Los científicos llevan mucho tiempo intentando estimar la frecuencia con la que se producían los tumores en el pasado examinando los esqueletos antiguos en busca de los defectos correspondientes. Por regla general, inspeccionan los huesos desde el exterior. Según estos análisis anteriores, el cáncer se daba en aproximadamente el 1% de la población medieval.

Un diagnóstico de cáncer es difícil si el paciente lleva varios siglos muerto

Mitchell y su equipo han vuelto a abordar esta cuestión y no sólo han examinado externamente los esqueletos medievales, sino que también han utilizado la tecnología de rayos X bidimensionales y la tomografía computarizada (TAC). Esto les permitió detectar daños óseos que no son visibles en la superficie.

En total, analizaron los restos de 143 adultos que habían vivido entre los siglos VI y XVI: 96 hombres, 46 mujeres y una persona de sexo desconocido, que habían sido enterrados en seis cementerios diferentes alrededor de la ciudad inglesa de Cambridge.

Huesos con metástasis

Huesos con metástasis en los restos encontrados en Cambridge. Fuente: Universidad de Cambridge

Cinco individuos, el 3,5% de los examinados, mostraban daños en el esqueleto típicos de los tumores, por ejemplo, agujeros en los huesos que indican que hubo metástasis. Sin embargo, dado que las tomografías computarizadas sólo revelan tres de cada cuatro lesiones de este tipo y, además, sólo uno de cada dos o tres cánceres mortales se extiende a los huesos, el número real de pacientes debe haber sido mucho mayor.

Mitchell y su equipo calculan que es entre el 9 y el 14 por ciento de los estudiados, con una estimación conservadora, porque los investigadores sólo tuvieron en cuenta los daños óseos en los que no había dudas sobre el diagnóstico de cáncer, y no examinaron todas las partes del esqueleto, sino que se limitaron al fémur, la pelvis y la columna vertebral.

Si la proporción de personas que tenía cáncer en la Edad Media fuera realmente entre 10 y 15 veces superior a lo que se pensaba, sería algo muy notable. Al fin y al cabo, la gente de entonces no consumía tabaco (no llegó a Europa desde América hasta el siglo XVI), no estaba expuesta a los productos y contaminantes de la sociedad industrial, en general no llevaba una vida tan sedentaria como la nuestra, y la mayoría no vivía hasta la edad de la gente de hoy porque morían de enfermedades infecciosas como el cólera o la peste.

En comparación, en los países desarrollados actuales, solo una de cada dos o tres personas desarrollará un cáncer a lo largo de su vida. Los factores de riesgo más importantes son el consumo de tabaco y alcohol, una dieta poco saludable, la obesidad, la falta de ejercicio, la contaminación atmosférica y las infecciones crónicas. Además, la probabilidad de padecer cáncer aumenta a medida que se envejece.

REFERENCIA

The prevalence of cancer in Britain before industrialization