¿Qué tiene que ver la ciencia con el amor?

¿Qué nos influye realmente a la hora de elegir pareja, al enamorarnos? La nueva película de Mateo Gil, ‘Las leyes de la termodinámica’, busca en la ciencia respuesta a esta y otras preguntas del protagonista, que está loco de amor.

image

Es posible culpar de nuestro historial sentimental a la física? Manel (Vito Sanz), el protagonista de Las leyes de la termodinámica, la última película de Mateo Gil, trata de demostrar durante una hora y media que “las leyes de la naturaleza son ineludibles”. ¿De qué otro modo, si no es con la atracción de los polos opuestos, se explicaría él que la escultural modelo Elena (Berta Vázquez) caiga rendida ante un físico neurótico? Pero ¿puede realmente la ciencia explicar hoy el amor?

Ley número 1: la fórmula de la gravitación universal enunciada por Newton, que habla de la fuerza de la atracción de dos cuerpos. Todos los objetos están sujetos a ella.

La manzana que cae al suelo, las estrellas y su vínculo con los planetas o dos jóvenes que enloquecen de amor después de un choque fortuito en plena calle. ¿No amamos entonces a quien realmente queremos? ¿Existe el libre albedrío o nuestras relaciones nacen marcadas por el determinismo biológico? Para responder, acudimos a Antonio Mampaso, astrofísico y director del Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife, que ha participado en el documental de ficción que aparece dentro de la película. Su veredicto parece claro:“La voluntad, esa capacidad de decidir con libertad lo que uno desea y lo que no, flaquea frente a las leyes de la naturaleza. Aún nos sabemos hasta dónde puede llegar la física, pero, de momento, la química ya está dando muchas respuestas. Es fascinante ver los descubrimientos de la biología o de la neurociencia anunciando que nuestro comportamiento está sometido a un manojo de neurotransmisores”.

Nuestro fondo químico

El impulso sexual sería el efecto inmediato de un combinado de sustancias químicas que libera el cerebro en forma de testosterona, estrógenos y otras hormonas.

La ciencia, según Mampaso, avanza cada vez más en esa base científica y biológica del amor romántico y el deseo, despejando muchas dudas sobre el inicio de una relación. “Pero además de la biología, entran en juego otras fuerzas, y esto es lo que empieza ahora a descubrir la física”, añade.

Tariq Shahbaz, investigador en el Instituto de Astrofísica de Canarias, habla de los campos gravitatorios como explicación a la fascinación que sentimos por una persona u otra, ese espacio dentro del cual un cuerpo atrae a otro. Mampaso pone límites: “a día de hoy no existe ninguna ecuación que pueda describir nuestro modo de enamorarnos o de sentir atracción por una persona”. Pero la metáfora matemática es posible: a partir de Einstein y su conocida E=mc2. “Donde el científico dijo partículas, pongámosle humanos. Y a lo que llamó energía, sustituyámoslo por amor”, explica Mateo Gil.

"Puede que nuestra vida amorosa esté determinada a partir de unas leyes básicas y que el libre albedrío no sea más que una ilusión"

Es un agujero negro

Para Manel, Elena es en su mente un agujero negro supermasivo. “No solo está superbuena y es superchunga, sino que además se considera el centro de la galaxia. Todo gira en torno a ella”. Y así, ¿es libre enamorarse si hay personas que ejercen una fuerza de atracción tan masiva como la de un agujero negro cósmico?

Entrevistamos a Mateo Gil con motivo del estreno de esta película que rompe la estructura habitual de comedia para hablar de amor con un lenguaje diferente. Lo hace intercalando los principios de la física traducidos de forma muy elemental y de la mano de reconocidos astrofísicos, con el cortejo y otras situaciones de amor cotidianas. “El fin es puro entretenimiento. Hacer reír y, de paso, aliviar ese peso misterioso y místico que mucha gente atribuye al sentimiento amoroso y a cualquier ideal romántico”.

Su idea es que no hace falta ninguna condición especial para que se origine el enamoramiento.Aparece, igual que la vida, cuando se amontona una cantidad suficiente de átomos. “Una vez que esos átomos alcanzan cierto nivel de complejidad, acaba surgiendo de manera natural. Es la llamada propiedad emergente. Hay científicos trabajando en demostrar que la vida es una propiedad emergente. Será una gran revolución a nivel filosófico y está a la vuelta de la esquina”. De esta idea nació su filme, Las leyes de la termodinámica. Una de esas leyes habla de incertidumbre, probablemente una de las emociones más habituales en los inicios de una pareja.

La carga de la sospecha

La segunda ley de la termodinámica introduce el principio de incertidumbre, formulado por el físico Werner Heisenberg: significa la imposibilidad de conocer al mismo tiempo, en una misma observación, variables pares en el comportamiento de una partícula. Aclaramos: imposible determinar al mismo tiempo la cantidad de movimiento de un objeto y su posición. Cuanto más se busca la posición de una partícula, menos se conocen su masa y su velocidad. Y esto, ¿cómo se aplica a las experiencias sentimentales?

Las ecuaciones de la matemática Clio Creswell predicen con un 95 % de exactitud si una pareja seguirá unida después de seis años

“Hay un principio de incertidumbre que rige nuestras vidas y nuestras relaciones, sobre todo las de amor”, indica Mampaso. Imposible saberlo todo al mismo tiempo, tener todas las certezas. Manel las exige. Elena se guía solo por sus sentimientos. La incertidumbre es una constante en cualquier relación de pareja.

Pero el suceso más despiadado es la entropía y deriva de esta segunda ley de la termodinámica. Licia Verde, profesora de Física y Astronomía de la Universidad de Barcelona, irrumpe en un momento del filme para presentar este principio según el cual, en un proceso espontáneo, es imposible convertir completamente el calor en trabajo, pues se pierde en buena parte. Esa energía desaparecida es aún un misterio. El físico alemán Rudolf Clausius condenó con él al universo a un final caótico e irreversible. En adelante se relacionó la entropía con el grado de desorden de un sistema. ¿Cómo pretender ordenar nuestros desvelos amorosos si la vida en la Tierra lleva unos cuatro mil millones en el intento? La fórmula de la entropía de
los agujeros negros deslumbró tanto a Stephen Hawking que pidió inscribirla en su lápida.

“Es la medida del caos y de cuánta información puede guardar un sistema. La entropía provoca que la relación de Manel y Elena empiece a saltar por los aires”, explica Gil. La cantidad permanece igual, pero la calidad se va deteriorando con el tiempo y la energía utilizable se convierte en energía inutilizable. Se pierde.

Fiel a la termodinámica

Esa es la entropía, según Mampaso. “A medida que la energía se vuelve inútil, aumentan el desorden, la aleatoriedad y el caos”, indica el astrofísico. Las parejas pierden energía del mismo modo en que paulatinamente la pierde el universo en su proceso de expansión. Y así es como un gran amor puede pasar de ser una supernova a una enana marrón (metáfora que robamos a la peli de Mateo Gil cuando el psiquiatra de Manel cae en la cuenta de que, efectivamente, estamos sometidos a las leyes que gobiernan el universo).

Para la estadística, es más probable que te toque la lotería que encontrar al amor de tu vida

Es la fuerza que llevó a Tolstoi a plantear, en La novela del matrimonio, el casamiento como la mejor fórmula para destruir el amor; o a Flaubert a sentenciar que también la pasión del adulterio está condenada a extinguirse.
“Quizás sea una locura refugiarse en esas teorías –dice Manel en algún momento– pero las coincidencias son impresionantes”. El propio Einstein recurrió también al amor para explicar la paradoja del punto de vista contenida en su teoría de la relatividad: “Cuando un hombre está con una mujer a la que ama, una hora parece un minuto. Pero si lo sientan sobre un horno caliente, entonces un minuto parece una hora. Eso es relatividad”.

Todo se hace desorden

Y entonces, exhaustos de expandirse, por fin, el final. José Manuel Rey Simó, profesor de Análisis Económico de la Universidad Complutense de Madrid, tradujo hace tiempo el fenómeno del desamor a un sistema de ecuaciones diferenciales basado en la segunda ley de la termodinámica. Su punto de partida es que las parejas han intentado replicar en sus relaciones el patrón de Adán y Eva, como modelo canónico de unión a largo plazo. Sin embargo, las estadísticas actuales apuntan a un fracaso masivo de este arquetipo.

“La segunda ley de la termodinámica de las relaciones sentimentales afirma que la sensación amorosa o feeling decae con el tiempo espontáneamente y que ese deterioro debe contrarrestarse con esfuerzo”, afirma en su investigación, publicada en la revista Plos One en 2010. La dinámica de las cosas y la inercia hacen que uno tienda a relajarse y a esforzarse cada vez menos.“Si un cuerpo deja de recibir calor, se enfría. Cualquier sistema evoluciona hacia el desorden, hacia el fracaso. Hace falta un aporte externo de energía. La sensación amorosa sería la energía interna del sistema y el esfuerzo por mantener esa sensación a lo largo del tiempo sería la transferencia externa de calor”, continúa en su artículo.

Rey Simó describe esta ley como una ecuación diferencial con un término independiente de refuerzo, que corresponde al nivel de esfuerzo inyectado en la relación. En este patrón operarían otras leyes de desgaste presentes en la naturaleza, desde el enfriamiento de los cuerpos a la descomposición radiactiva. Su modelo matemático indica que el nivel de trabajo requerido para mantener la chispa y la satisfacción en una relación duradera es siempre superior al que nos gustaría.

Como conclusión, “mantener la relación en equilibrio supone un esfuerzo insoportable. Y esta podría ser la causa de ruptura en escenarios reales. El amor a largo plazo es muy costoso y, con excepciones, casi imposible”.

Guiño al amor eterno

Frente a una sentencia tan poco favorable, el autor añade que, de algún modo, consciente o intuitivo, muchas personas consiguen resolver correctamente sus ecuaciones sentimentales al modo en que algunos jugadores de billar parecen dominar las leyes de la mecánica para conseguir sus carambolas, sin necesidad de haber abierto un libro de Física.

Clio Cresswell, matemática australiana, ha descrito con ecuaciones el patrón emocional que lleva a un enamorado a pasar de la euforia al decaimiento. “Se trata del mismo patrón que describe las olas en el océano y funciona en general para cualquier fenómeno en el universo”. Asegura que sus ecuaciones predicen con un 95 % de exactitud si una pareja se mantendrá junta después de seis años gracias a las variables que ha incorporado en ellas: los parientes políticos, el dinero, el lenguaje corporal o la expresión de los sentimientos. Por ejemplo, quienes reprimen su malestar tienen muchas más posibilidades de divorciarse.

Cresswell cuestiona la idea de la media naranja o del alma gemela. Una de sus teorías más populares es la regla del 12 en la búsqueda de pareja: cada persona debería pasar por, al menos, 12 relaciones románticas hasta dar con el amor perfecto. “Lo cierto es que las matemáticas y el sexo están profundamente entrelazados”, concluye explicando de paso el éxito de su best seller Mathematics and Sex.

Mariló López, profesora de Matemáticas de la Universidad Politécnica de Madrid, emplea también la estadística en la búsqueda de pareja y sus resultados son demoledores: “Si nos planteamos la probabilidad de encontrar a nuestra media naranja a lo largo de la vida, la estadística mostraría que es muchísimo menor que la de que nos toque la Primitiva.

La ley de la soltería

El economista Peter Backus, un soltero recalcitrante incapaz de sentar la cabeza y formalizar una relación, decidió probar suerte tomando como base la ecuación de Drake, una fórmula que ideó Frank Drake para estimar la cantidad de civilizaciones extraterrestres. Backus sustituyó estrellas y planetas por candidatas atractivas que se ajustasen a sus parámetros. Su conclusión, desarrollada en su estudio Why I don’t have a girlfriend: An application of the Drake Equation to love in the Uk, es la siguiente: de los 30 millones de mujeres británicas, solo 26 son las adecuadas. Es decir, en una noche cualquiera, en una ciudad como Londres, sus posibilidades de dar con una de ellas es del 0,0000034 %. Y aun así, el amor se produce una masiva cantidad de veces, a lo largo de la vida de todo humano, y en cualquier lugar del planeta.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
El principio de incertidumbre

Imposible que dos enamorados se conozcan con precisión, igual que en física cuántica no se pueden medir simultáneamente la posición y el momento lineal de una partícula, que es lo que explica el gráfico.

La ley de la gravitación universal

Newton dedujo que la fuerza con que se atraen dos cuerpos de diferente masa únicamente depende del valor de sus masas y del cuadrado de la distancia que los separa.

Fuerza nuclear fuerte

El astrónomo Romano Corradi sugiere que esta fuerza explica las interacciones entre partículas y también entre dos corazones. Es muy intensa, pero actúa solo en las distancias cortas.

¿Es amor o dependencia?

Esta misma fuerza que permite la fusión de neutrones (negativos) y protones (positivos), cargas opuestas pero del mismo tamaño, explica la intensidad del deseo humano.

La ecuación más difícil

La matemática Clio Creswell ha descrito con ecuaciones el patrón emocional que lleva a los enamorados a pasar de la euforia al decaimiento.

Es el mismo modelo que describe las olas en el océano. Según sus cálculos, cada persona debería disfrutar de al menos doce parejas románticas hasta dar con el amor perfecto.

Entropía, un destino casi ineludible

Un sistema ordenado tiende a volverse caótico a medida que la energía se disipa. Sucede siempre, también en el amor.

¿Atracción o repulsión?

Estos son los dos impulsos que actúan sobre todas las partículas con carga eléctrica, debido a la fuerza electromagnética, responsable de cualquier fenómeno biológico, incluido el deseo sexual.

Mareas y marejadas

Tal es la fuerza de atracción de la Luna sobre los mares que origina la mareas. Tal es la fuerza de dos cuerpos que al chocar se prende la llama.

Paradoja del punto de vista

Como observó Einstein, no existe un patrón absoluto para percibir la realidad. El observador A, que viaja en tren, percibe la velocidad de un objeto de modo diferente a B, que contempla la situación en reposo.

La ciencia en torno al beso

El proceso químico de este gesto es tan complejo que ya cuenta con nombre propio: filemamanía.

Mateo Gil

El director proyecta en su nueva comedia algunos principios de la física que podrían cambiar nuestra forma de entender las relaciones amorosas.

La órbita de los planetas

En la centenaria sala de fiestas La Paloma, en Barcelona, una multitud de jóvenes figurantes se contonean al ritmo de la música, iluminados por docenas de luces y focos en movimiento, orbitando en elipse alrededor de Elena, una de las protagonistas de la película de Mateo Gil. Es la metáfora de los hallazgos sobre el universo de Copérnico, Galileo y Kepler.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Más de Curiosidades