La ley del desnudo

Aunque el nudismo no es delito, aún hay gente que va a la cárcel por mostrar su cuerpo. ¿Qué se esconde detrás de nuestras reacciones ante la piel desnuda?

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Alguien se figura una sociedad al desnudo? La idea es sugerente. Al historiador Thomas Carlyle se le quedó en delirio filosófico su proposición de que los honorables representantes de la Cámara de los Lores se quedasen tal y como vinieron al mundo después de que los imaginase en su libro Sartor Resartus desvestidos, desenmascarados y con su poder mermado por la ausencia de vestimenta.

El rechazo de ‘los textiles’
De esta guisa se pasean hoy por nuestras calles diferentes grupos de ciudadanos. Sus voces resuenan como si se tratase de una contienda donde los puñales se llaman pechos, testículos, vulvas y penes. Y con esta artillería humana, los nudistas calientan el clima de agitación callejera en  todo el mundo. El movimiento nudista Femen, en Ucrania,  habla de guerra pacífica: en su caso, en defensa de la mujer.
Pero este derecho tácito a mostrarnos ante los demás como nos plazca encuentra su contrapunto en el resto de la sociedad (los textiles, como dicen los nudistas). Y se organizan tertulias acerca de si hay algún derecho que asista a unos y otros, y sobre si el nudismo tiene más de perversión sexual o de inocencia.

“Por naturaleza, el hombre es un animal desnudo, y esta es una verdad inapelable”, espeta Ismael Rodrigo, presidente de ADN, una de las asociaciones nudistas y naturistas que hay en España. “Pero el prejuicio y la suspicacia moral pesan  tanto como para considerar el cuerpo más pecaminoso que la vestimenta”. 

El desnudo humano es antiquísimo, y una constante fuente de inspiración para el arte. Los griegos retrataron la anatomía masculina en todo su esplendor. En la Edad Media, el artista tuvo que templar su apetito y no se le consintió más desnudo que el de Cristo, siempre que se le despojara de cualquier atisbo erótico. Ya en los siglos XV y XVI, en pleno Renacimiento, hay una vuelta al ser humano, y el arte se torna expresión de la perfección, el vigor y la belleza. Prueba de ello, el David de Miguel Ángel. Desde entonces, el desnudo ha estado vinculado con el sistema de creencias religiosas y las acepciones del cuerpo humano de cada cultura: placer o dolor, amor u odio. Y aunque a veces haya habido que pintar o esculpir figuras, como santos o mártires para esquivar la censura, pocos artistas han perdido ripio a la hora de canalizar su interés por el cuerpo, varonil o femenino, y el impulso erótico que despierta.

¿Cómo nace, entonces, este rechazo? Para entenderlo, el arquitecto Óscar Tusquets diferencia en su libro Contra la desnudez el desnudo de la desnudez. La segunda sería, por ejemplo, la cola de nudistas en un autoservicio de comida. “Es el ataque al erotismo desde las nuevas tendencias naturalistas de la salud y el bienestar”, explica. Mientras el desnudo está regido por reglas, la desnudez, según Tusquets, no deja de ser una grosería, más estética que moral.

Los naturistas, por su parte, justifican el ataque que reciben en la vergüenza. “Un concepto”, dice Ismael Rodrigo, “que nace con la idea del pecado original y convierte el cuerpo desnudo en objeto sexual”.
Quizá por eso, la psicoterapeuta estadounidense Sarah White usa el nudismo como modalidad terapéutica y considera que el desnudo, tanto del terapeuta como de los pacientes, ayuda a estos a explorar sus problemas, con un efecto positivo en la aceptación de la sexualidad masculina y femenina.

Medio millón de nudistas en España
Estas diatribas envuelven últimamente la censura de los 180 carteles de la exposición Naked Men, en Viena, en los que se exhiben tres hombres desnudos. Lo curioso, y esto puede validar la tesis de Tusquets, es que meses antes el mismo Museo Leopold  había presentado una retrospectiva sobre el desnudo femenino y la crítica fue muy favorable. Mucho escándalo han provocado también las detenciones del nudista-caminante escocés Stephen Gough. Este hombre de 53 años ha pasado más de seis en prisiones de Escocia por negarse a usar ropa.  Las Autoridades han dejado claro que no quieren mantenerle entre rejas, pero él no renuncia a sus principios. Por eso ha protagonizado una de las disputas más largas y absurdas entre un ciudadano y las instituciones británicas. Las Autoridades consideran que perturba la paz, y Gough se muestra cada vez más vehemente. “Para este activista, caminar desnudo es una libertad fundamental más. Y ni siquiera el 1% de la población lo ve como algo recriminable”, explica Ismael Rodrigo.

En España se calcula que existen unas 500.000 personas que han decidido desnudarse para tomar el sol, bañarse o pasear por su casa y jardín. Según las encuestas que maneja la FEN (Federación Española de Nudismo), el 14,5% de los españoles ha practicado nudismo alguna vez, y casi la mitad ve bien esta costumbre. Solo el 12% se declara en contra, y el 39,1%, indiferente.
Aun así, y a pesar de que se abolió el delito de escándalo público hace más de dos décadas, actualmente está en curso un puñado de demandas contra algunos ayuntamientos que, mediante ordenanzas, han intentado controlar el nudismo, como los de Cádiz, Barcelona y Valladolid. Y eso a pesar de que el desnudo, siempre que no esté vinculado a delitos sexuales, no está penalizado. “Si una persona desnuda delinque, deberá ser castigada por el delito; pero no puede considerarse un agravante la desnudez”, indica Rodrigo.

Para los nudistas, el problema es que somos muy transigentes con la desnudez comercial, que presenta modelos con medidas irreales que provocan trastornos alimenticios y obsesión por las cirugías estéticas. “Sin embargo, nos mostramos intolerantes con el tipo de desnudez de la calle, que valora el cuerpo por su naturalidad”. Asociaciones como Addan defienden su derecho a quitarse la ropa porque sí, y proponen sustituir el término nudismo por nudactividad, y nudista por nudactivo.

The Naturist Society reúne en su página web 205 argumentos a favor del nudismo. Sus autores destacan, que el nudismo promueve una autoestima en lo corporal, sin rechazar ninguna parte del cuerpo como indeseable o vergonzosa. Dicen también que fomenta la igualdad social y que el erotismo queda relegado a un segundo plano. “Quitarse la ropa”, afirmaba el novelista británico Paul Ableman, “simboliza una liberación, el desprenderse de la civilización y su custodia”.

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¿Nacemos con vergüenza o la aprendemos?

El pudor es un fenómeno social, no es biológicamente instintivo. Así lo creen los antropólogos. Evidencia de esto es el hecho de que la desnudez es venerada en el arte. Y todavía hoy, algunos pueblos primitivos se avergüenzan más de un diente roto que de ir sin ropa.

¿Por qué es más erótico un vestido que el desnudo?

La moda femenina evoluciona buscando captar la mirada sexual del hombre. Cada época erotiza una parte de la anatomía. En el Renacimiento fueron el vientre y los muslos. A finales del siglo XIX, la cintura, las nalgas y los senos. Los  bañadores actuales llaman la atención sobre el pecho y la región púbica.

¿Como separar la desnudez del erotismo?

La sexualidad es una cuestión más de acción. La vestimenta, sin embargo, realza el misterio y, en muchas ocasiones, acentúa la sexualidad. Y según estudios de The Naturist Society, aquellos países menos preocupados por la desnudez tienen un índice menor de embarazos indeseados, y tasas de aborto más bajas.

¿En qué se diferencia el nudismo de la pornografía?

La industria pornográfica ha explotado la desnudez, pero esta es la antítesis de la actitud que preconizan movimientos como el naturismo. Estos consideran la pornografía como un abuso del hombre sobre la mujer. El naturismo no tiene fin comercial y es espontáneo, aunque a menudo reprimido.

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