Las 13 mejores persecuciones de coches de la historia del cine

Bullit, Mad Max, Frech connection, Blues Brothers... Por favor, no intenten repetir estas escenas

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Esta semana se estrena Baby driver, la que dicen que es la película de acción del año. Un filme en el que las persecuciones automovilísticas cobran especial protagonismo. Por ese motivo, hemos recopilado aquí las mejores escenas de persecuciones sobre ruedas de toda la historia del cine. Secuencias protagonizadas por unos personajes a los que el carnet por puntos no les duraría ni diez minutos. Abróchense los cinturones y agárrense, que vienen curvas.

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El salario del miedo (1953)

El de camionero siempre ha sido un oficio duro. Más aún si la carga a transportar es nitroglicerina. En esta obra maestra digirida por el francés H. G. Cluzot, un grupo de desheredados de todas las naciones que malviven en algún lugar de centroamérica, reciben la oportunidad dem ganarse una buena pasta, conduciendo dos camiones cargados de nitro para volar unos pozos petrolíferos en los que se ha desatado un pavoroso incendio. Los cuatro conductores elegidos (interpretados por un cuarteto del atura: Yves Montand, Charles vanel, Folco Lulli y Peter Van Eyck), tendrán que transportar la letal carga en desvencijados camiones por carreteras sin asfaltar. Mención especial merece la escena en la que tienen que cruzar un lugar llamado "la chapa ondulada". Solo pueden hacerlo a menos de 5 km/h o por encima de cien. Ya que en el intervalo que hay entre ambas velocidades, el camión vibraría y... ¡ Boom!

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Bullit (1968)

La moda de las persecuciones automovilísticas comenzó aquí. Nadie que haya visto esta película de Peter Yates olvidará la magnífica escena con Steve McQueen pilotando un mustang y brincando por las empinadas calles de San Francisco. La secuencia es ya un icono y lo mejor de una película que, en otros aspectos, tal vez haya quedado algo envenjecida. Su reparto (completado por Jacqueline Bisset, Robert Duvall, Robert Vaughn....) era magnífico y lo mismo la banda sonora del argentino Lalo Schiffrin. Pero si alguien fue capaz de entender su enrevesada trama de corrupción y traiciones, por favor, que me la explique.

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Un trabajo en Italia (1969)

The itlaian job, para los amigos. Una joya del humor británico. Un grupo de delincuentes planean un robo en pleno centro de Turín. Para garantizar su fuga organizan un monumental atasco el mismo día en que los tifosi toman la ciudad para asistir a una importante final de fútbol. Con las principales vías atascadas, los ladrones se escabullen por las más reconditas calejuelas conduciendo varios minis, sin que los coches de policía tengan posibilidad de perseguirles. Una de las escenas de persecución automovilística más divertidas de todos los tiempos, al ritmo de la música del gran Quincy Jones. La secuencia fue utilizada además como spot publicitario de la marca mini. Por cierto... Ni se les ocurra perder el tiempo con el remake. Es una auténtica basura.

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The french connection (1971)

Siete oscars ni más ni menos le cayeron a este soberbio thriller de estética casi documental, sobre las andanzas de dos polis de Nueva York persiguiendo a una banda de traficantes de droga, comandada por nuestro Fernando Rey. La escena cumbre dle filme es aquella en la que el poli encarnado por Gene Hackman persigue al mafioso marsellés que interpreta Marcel Bozuffi por media ciudad. Si había algún radar de tráfico camuflado, estalló al detectar la velocidad a la que circulaban estos tipos.

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Punto límite cero (1971)

La peli alternativa que no podía faltar en toda galería. Con un guión escrito ni más ni menos que por Guillermo Cabrera Infante. Su trama no difiere mucho de la de otras road-movies. Kowalski, un ex policía expulsado injustamente del cuerpo, acepta una apuesta para conducir un coche entre Nueva Orleans y Los Ángeles en solo 48 horas. A partir de ahí, carreras a tutiplen con el prota perseguido por la policía de todos los condados. Pero claro, esta no es solo una simple película de acción. Bajo sus trepidantes escenas se esconde una reflexión existencial sobre la miserable condición humana. Todo ello aderezado con estética hippy, escenas alucinógenas, encuentros en el desierto con bellas moteras desnudas. Y un desesperanzado mensaje final que le deja a uno hecho polvo. Si no quieren saber como acaba la peli, no pinchen el enlace, porque ahí está el desenlace del filme. Una de esas escenas que nos los ponían de corbata de niños y nos hacían pensar que la vida era una "puta mierda". Claro... corrían los años 70, y corrían muy deprisa.

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La huída (1972)

Tras Bullit, Steve McQueen ya estaba curtido en esto de las persecuciones automovilísticas cuando Sam Peckinpah le llamó para protagonizar esta obra maestra. Basada en una obra de Jim Thompson, es uno de los mejores thrillers de la historia del cine. La epopeya de un matrimonio formado por un ladrón de bancos y su esposa y cómplice que inician una huída crepusuclar hacia ninguna parte. En el amino tienen tiempo de pelearse, separarse, reconciliarse y liarse a tiros con todo el que trata de frenarles el paso. Para la posteridad queda una escena de antología, cuando McQueen desmonta a tiros un coche de policía.

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La indecente Mary y Larry el loco (1974)

No me negarán que el título no resulta delicioso. Y la película también lo es y eso que practicamente no tiene argumento. Todo gira en torno a un mecánico que roba una tienda de repuestos para construir el coche de sus sueños, con el que competir en los mejores circuitos ilegales. A partir de ahí el tal Larry y su chica huyen perseguidos por la policía en una sucesión constante de choques a cada cual más espectacular. Parece una bobada, y tal vez lo sea. Pero sorprendentemente funciona. Porque el tono festivo del filme se va ennegreciendo de una manera extraña hasta llegar a un final casi (solo casi) tan "acojonante" como el de Punto límite, cero. Por cierto, el Larry del título es Peter Fonda (no podría ser otro), el actor inconformista por excelencia de los 70, y la indecente es Susan George, más apetitosa aún que en Perros de paja. No lo duden, pillen esta película y disfruten con las peripecias de estos rebeldes descerebrados y sin causa.

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El jinete eléctrico (1979)

Los críticos tienen la costumbre de poner "a caldo" a esta simpática película de Sydney Pollack, pero yo siento desde hace muchos años una curiosa atracción por ella. Su pareja protagonista, Robert Redford y la maravillosa Jane Fonda, no son ajenos a ello. Pero también su historia. Redford encarna a una vieja gloria del rodeo que se gana la Vegas. Un día descubre que su caballo, un pura sangre, está siendo drogado para que no se asuste ante los focos, y recupera su último resto de dignidad robando al animal y huyendo con él a las montañas. Aquí la persecución autmovilística se sale de las normas habituales del género, porque ver a Redford y su caballo huyendo a galope tendido de los coches de la poli, no me negarán que es cuando menos original.

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Mad Max (1978)

Sin que nadie se lo esperara y nada menos que desde las antípodas llegó a finales de los 70 otro de los clásicos del género. Un todavía desconocido Mel Gibson era el poli más duro de las carreteras australes. Para la posteridad queda la brutal escena inicial del filme, con la caza de un conductor loco llamado el Jinete Nocturno. Un payaso que acaba lloriquedando antes de recibir su merecido.

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Driver (1978)

Y ahora vamos con algo más intelectual. Una de tiros y persecuciones sobre ruedas que casi parece de arte y ensayo. No en vano, la dirigía Walter Hill. La trama gira en torno a un conductor profesional (Ryan O´Neal) que presta sus servicios a los delincuentes para escapar de la policía tras los atracos, y un poli (Bruce Dern) que tiene metida entre ceja y ceja la idea de enchironarle. En medio, un millón de dólares y una jugadora de cartas profesional que tiene la última palabra en esta partida (Isabelle Adjani). El filme es estilizado hasta llegar a la abstracción y ninguno de los personajes tiene nombre. Casi parece un estudio en imágenes sobre el subgénero. Pero, ojo, que nadie se engañe: es trepidante y entretenida hasta decir basta.

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Granujas a todo ritmo (1980)

Hay películas que son un festival. Y esta es una de ellas. Un festival de buena música soul y ryth and blues a cargo de los Blues Brothers y su banda. Y un festival  de "hostias sobre ruedas" que pondría los pelos de punta a los directores de la DGT. John Belushi y Dan Aykroyd son un par de golfos de la peor calaña embarcados en lo que llaman una "misión divina". Para consumarla tendrán que cruzar medio estado de Illinois perseguidos por centenares de coches de policía, en la escena de catástrofes automovilísticas más cafre y aparatosa jamás rodada.

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Vivir y morir en Los Ángeles (1985)

Tras dos éxitos descomunales como French connection y El exorcista, la carrera de William Friedkin se deslizó por las laderas del fracaso. A mediados de los 80 trató de reverdecer sus laureles haciendo lo que mejor sabía: un thriller. El resultado fue esta película que, si bien pasó desapercibida entre el público, si conquistó el beneplácito de la crítica. Willen Dafoe interpreta a un falsificador de dinero tras cuya pista van dos polis de baja estofa interpretados por Wlliam Petersen (el Grissom de CSI) y John  Pankow. Su plan para acercarse al delincuente consiste en hacerse pasar por traficantes de moneda. Para ello, deciden robarle el dinero que quieren usar como cebo a otro delincuente, pero sin darse cuenta de que en realidad se lo están quitando a un agente encubierto del FBI. Convertidos sin saberlo en malhechores, los dos polis se ven perseguidos por sus propios colegas a través de la principal autopista de Los Ángeles, por la que huyen... ¡circulando en sentido contrario! Estos chicos.... van como locos.

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Ronin (1998)

Finiquitada la década de los 80 las persecuciones automovilísticas se pasaron de moda y practicamente desaparecieron de las pantallas. Hubo que esperar a que un veterano como John Frankenheimer decidiera filmar una en esta película. Y que persecución... Robert DeNiro y Jean Reno son dos mercenarios persiguiendo a un rival por las autovías de circunvalación de Paris. El caos que montan es de antología. ¡Qué estropicio!

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