¿Qué pene me pongo hoy?

Una nueva operación de trasplante de falo marca un hito en la medicina genital masculina

Después de perder parte del pene a causa de un cáncer, Thomas Manning solo tenía un deseo: volver a ser quien era. Quería un pene nuevo y así se lo expresó al equipo de Curtis L. Cetrulo, cirujano plástico y reconstructivo del Hospital General de Massachusetts de Boston. El doctor le propuso una cirugía experimental que forma parte de un programa de investigación pensado inicialmente para veteranos de guerra con lesiones genitales graves.

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El hombre que se sometió al primer trasplante de pene en EE.UU. se recupera bien y sin signos de rechazo.

A Manning no le importó que fuese aún un terreno desconocido. Quería dejar de orinar sentado y también volver a sentir sexualmente. El 8 de mayo se llevó a cabo la operación. Se le trasplantó un pene procedente de un donante fallecido con el tipo de sangre compatible y un tono de piel similar. Después de 15 horas de operación, su muñón de 2,5 cm pasó a ser un pene de apariencia y tamaño normales. La primera fase de su postoperatorio transcurre bien. “Sin infección, sangrado o rechazo, que son los riesgos mayores. Ahora queda un tiempo para que recupere sus funciones: urinaria y sexual”, explicó Cetrulo cuando presentó a los medios esta operación, pionera en Estados Unidos.

Detrás de este hito hay una preparación intensiva en el laboratorio por parte del equipo de Massachusetts, que pasó tres años trazando la anatomía masculina y ensayando el trasplante con cadáveres. A nivel mundial, este es el tercer trasplante de pene. El primero se hizo en China en 2006, pero hubo rechazo tanto físico como psicológico del receptor. El segundo, se practicó en Sudáfrica en 2014 a un hombre de 21 años que había perdido parte de su pene por una mala circuncisión. En tres meses recuperó la función sexual y un año después cumplió su sueño de ser padre. El equipo de cirujanos de la Universidad de Stellenbosch utilizó, igual que en el caso estadounidense, técnicas de microcirugía para conectar los diminutos vasos sanguíneos.

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Aunque no es un órgano vital, devuelve al paciente la estabilidad psíquica

En España, Mariano Rosselló Barbará explica que es una cirugía muy laboriosa que implica mucha coordinación. “La dificultad de trabajar con este órgano estriba sobre todo en el trabajo de anastomosar (unir) arterias, venas, nervios y en este caso, la uretra. Habitualmente es una cirugía microscópica. El riesgo de infección, como en la mayoría de cirugías, es el enemigo número uno, pero además, en un trasplante se corre el riesgo de que se presente un rechazo inmunológico porque el cuerpo receptor no asimila el nuevo órgano a pesar de que sobre el papel este sea compatible, por lo que estos pacientes deben tomar inmunosupresores”.
Medicación de por vida
Thomas Manning necesitará de por vida tratamiento con tacrolimus, un fármaco inmunosupresor que acelera la regeneración del nervio y ayuda a restaurar la función del órgano. Y, según el urólogo Javier Azparren, aquí asoma la primera pega a este tipo de cirugía: algunos estudios vinculan esta medicación con un mayor riesgo de cáncer. Aunque estos cirujanos ya piensan en futuros pacientes con lesiones y patologías como disfunción eréctil, Azparren pide cautela y separar esta operación de la parte folclórica y sensacionalista. “En España, igual que en otros países europeos, es improbable que se lleve a cabo. Hay que manejar bien los recursos y, dado el elevado coste que suponen, en general en cualquier país europeo se da prioridad a los trasplantes vitales”.
El doctor Rosselló Barbará opina, sin embargo, que aunque el pene no es un órgano vital, un hombre sin él se sentirá en cierto modo desvitalizado. Sus funciones urinaria, sexual y reproductiva se verán comprometidas y, en definitiva, podrá seguir con vida, pero indudablemente las secuelas serán profundas. “Es muy positivo que la medicina atienda necesidades de este tipo. Es de agradecer que los especialistas que le han atendido no se contentaran con curar el cáncer, sino que hayan luchado por restablecer la función sexual y miccional. A través del trasplante, el paciente tiene muchas posibilidades de recuperar gran parte de su estabilidad psíquica, emocional y social”.

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El paso más dificultoso fue reconstruir y unir el complejo sistema vascular del pene.

Así opina la investigadora Sherrie Wilcox, autora de una investigación sobre la salud mental de militares que regresan con lesiones en sus miembros: “La imagen genital, igual que la imagen corporal, es causante de muchos casos de ansiedad y de reducción del funcionamiento sexual”.
En general, existe una demanda social para mejorar la estética y el desempeño de los genitales masculinos y la ciencia está aportando grandes avances. Por ejemplo, el equipo de Rosselló ha empezado a aplicar células madre para el aumento volumétrico, con el fin de engrosar el diámetro y la circunferencia del falo. “Se recurre a la grasa autóloga de otra parte del cuerpo para insertarla en el pene tras un complejo proceso de filtrado, centrifugación y emulsión”.

También hay novedades en la corrección de la curvatura de miembro. “Cuando el paciente presenta un pene muy curvo en erección, trabajamos con parches de material biocompatible para que, una vez hemos eliminado las placas de tejido, podamos reconstruir el contorno del pene de la forma más estética posible, devolviéndole un grosor y un contorno homogéneos”. Y, cómo no, en los casos de disfunción eréctil, uno de los primeros motivos que llevan al hombre a la consulta del urólogo. “No todos los problemas se solucionan con pastillas y/o cambios a un estilo de vida más cardiosaludable. Existe un porcentaje de hombres que sufren una disfunción eréctil grave y deben recurrir a la solución quirúrgica de prótesis de pene para recuperar o restaurar su función eréctil. El dispositivo de prótesis se ha sofisticado mucho en los últimos años y actualmente existe un modelo hidráulico de tres componentes que permite activar y desactivar la erección mediante un solo toque a la válvula que acciona el mecanismo”, indica Rosselló. “El nivel de satisfacción del paciente y de la pareja es muy alto, incuso superior que el que manifiestan aquellos que toman fármacos”.

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En algunos casos de disfunción eréctil, la prótesis es la única solución

La preocupación estética empieza, sin embargo, por el tamaño del pene, que lleva de nuevo a la importancia que uno asigna a su miembro viril y a esos complejos que nacen por las comparaciones que se dan entre varones. “Puede afectar a otras esferas sociales del individuo e impedirle alcanzar intimidad con potenciales parejas por miedo a no cumplir expectativas. En realidad, no tiene nada que ver con el tamaño real, por eso con una terapia psicosexólogica adecuada puede que el paciente acepte su anatomía”, explica Rosselló. Si esta falla, a la medicina le queda el recurso de la operación estética, para alargar o rejuvenecer a capricho.

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