Pecado capital

La avaricia es capaz de mover o arruinar el mundo. Para entenderla, repasamos su base neurológica y sus consecuencias económicas.

Explicaciones para la actual crisis puede haber muchas. Nosotros sólo vamos a dar datos objetivos de lo que parece que puede ser una evoluxión lógica:

El cerebro debería tomar decisiones económicas racionales...
La teoría económica clásica (Adam Smith en el siglo XVIII, Keynes en el XX...) presuponía que nos administramos con criterios racionales y de búsqueda del máximo beneficio (o ahorro). La irrupción de las neurociencias y la psicología del consumo comienza a desmentirlo.
... pero está demostrado que no siempre es así...
En 2006, en la Universidad de Stanford (EEUU) descubrieron que, ante una inversión arriesgada, sus brokers “cobayas” se regían más por el sistema límbico (emocional, inmediato) que por el córtex prefrontal (racional, planificador). Es decir, ganar dinero nos da tanta euforia como el sexo y la droga.
... y el afán de ganar aún más es un buen ejemplo de esa desviación
No hay más que medir el ritmo cardíaco, la respiración, la transpiración, la temperatura y la presión arterial de varios inversores para saber si, antes de realizar movimientos millonarios, atienden más a la razón (todos estos parámetros se descompensan menos) o a la emoción (el cuerpo se desequilibra). Es lo que hizo el Massachusetts Institute of Techonology en 2002, y dedujo que en nuestro cerebro se desata una “lucha” interna entre la avaricia/riesgo y la sensatez/precaución.

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