Sex machine

Hombre y máquina ya se desean. Todo apunta a un idilio que dará mucho que hablar en los próximos años

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Su realismo incita al placer. Sonríe y responde a un estímulo.

La controversia ha nacido prematura. El calendario tenía señalado el año 2050 como la fecha que marcaría un punto de inflexión en el mundo de las relaciones eróticas con robots, pero Japón acaba de dar un paso adelante con el anuncio de Pepper, un humanoide doméstico, ya a la venta, capaz de leer las emociones humanas. Su fabricante, SoftBank, obliga a firmar a sus usuarios una cláusula que les compromete a “no realizar ningún acto sexual o conducta indecente con el robot”.

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En general, los sexólogos dan por bueno el uso de robots para satisfacer el impulso sexual sin mayores reflexiones o ataduras, y también para aliviar la soledad. Y esa es también la intención que pregona Douglas Hines, el creativo de True Companion, para su criatura Roxxxy: “No existe intención de suplantar a la mujer de carne y hueso, pero será muy útil para personas que tienen complicada la búsqueda de pareja o en momentos puntuales, como la pérdida de un cónyuge”.

Ahora que los robots se presentan lubricados y voluntariosos sexualmente, crece la inquietud

La idea de sexo con robots eriza la piel de la antropóloga Katleen Richardson, de la Universidad de Montfort, en Leicester, quien, junto al investigador especializado en Robótica Erik Billing, lidera una verdadera contienda contra los robots sexuales. Con el hashtag en Twitter #CampaignAgainstSexRobots, se han propuesto frenar un fenómeno que, según ellos, no haría más que contribuir a una actitud poco saludable en el sexo y en las relaciones sentimentales entre hombre y mujer. Esta nueva costilla de Adán se está creando, según los científicos más críticos, muy a la medida de las necesidades masculinas. Roxxxy, igual que cualquier otra máquina que venga detrás, no se va a quejar si la erección se queda raquítica, el miembro es enclenque o su amante humano tiene un mal día. “Sexualmente es incansable, y ofrece algo que la hace aún más deseada: sexo sin compromiso y disponibilidad absoluta”, indica la psicóloga Concha Etiens Cruzado.

Asistimos a la evolución lógica del mercado sexual. Lo dice Antonio López, catedrático de Trabajo Social en la UNED y autor de La brecha robótica: “Puede que esta campaña tenga como fondo el último tabú en la sexualidad humana, pero es resultado de un proceso natural que empezó con vibradores e inocentes muñecas inflables. Ahora, el juego ha terminado y avanzamos hacia un híbrido entre humanos y robots. A medida que vaya mejorando el comportamiento mecánico, su apariencia y sus posibilidades, acabaremos con una conexión emocional indiscutible entre hombre y máquina. Los prejuicios se tendrán que ir desvaneciendo o crearemos una nueva brecha tecnológica en la sociedad que dejará en clara desventaja a quienes no tengan acceso o no quieran disfrutar de esta tecnología”.

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López entiende que quizá la sociedad aún no está preparada para asumir esta realidad y comprende el embate de Richardson, Billing y otros profesionales que se van sumando. Su campaña es similar a la de científicos y filósofos (Stephen Hawking, Steve Wozniak, Noam Chomsky) en contra de la aplicación de la inteligencia artificial en el desarrollo de armas autónomas.

Los prototipos eran muy básicos, aunque sembraron inquietud.

El 2% de mujeres, seducidas por robots
Si, como señala Etiens Cruzado, no deja de ser sexualidad mecánica y compulsiva, y un amasijo de hojalata en manos de un ser humano con demasiadas aspiraciones, ¿dónde está el miedo? Para Billing, el placer que puede brindar un robot no es una relación sana. También preocupa a los críticos la falta de reciprocidad: “Falta empatía y falta la complejidad del ser humano”, añade la psicóloga.
Recientemente, John Murray, investigador de la Universidad Lincoln, Reino Unido, presentaba los resultados de un estudio en el que se veía que para los humanos sería más fácil ese acercamiento al robot si estaba dotado de sus mismos defectos y contradicciones.

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En 2007, David Levy advirtió en su libro Amor y sexo con robots: “El amor a los robots será tan normal como el amor a otros seres humanos”. La idea sonó descabellada, pero Hooman Samani, profesor de la Universidad Nacional de Taipéi, en Taiwán, enseguida habló de cómo podría modelar una versión artificial de las hormonas humanas del amor: diseñar en un laboratorio las sustancias que genera el cuerpo (oxitocina, dopamina, serotonina, endorfinas…) y encapsularlas bajo la piel de un humanoide.

Pero, ¿quién se dejaría seducir por un robot? Según un estudio de la Universidad de Middlesex, Londres, una de cada cinco personas tendría sexo con uno de ellos. Y en 2013, The Huffington Post colaboró en una encuesta en la que el 9% de los estadounidenses confesó que se iría a la cama con un robot. Como vaticina el matemático Ian Pearson, fundador de la firma Futurizon, el mercado es imparable e impredecible, y queda pendiente un diálogo. Nos guste o no, el mestizaje entre hombre y robot ha llegado al ámbito sexual y de las emociones. El robot será algo así como nuestro álter ego. Si lo amaremos o nos amará, eso ya es harina de otro costal.

La mujer de carne y hueso es exclusiva, pero el hombre empieza a considerar al robot una opción más

EXPLOSIVA Douglas Hines presenta en sociedad a Roxxxy, una amante de hojalata con emociones casi humanas y sexualmente infatigable.

ELLAS

  • Los robots con forma masculina pensados para la satisfacción femenina son minoría, aunque la industria espera un desarrollo mucho mayor.
  • Los sexólogos piensan en ellos como una buena opción para potenciar el deseo sexual femenino.
  • La crítica más repetida es que los robots cosifican a la mujer y refuerzan los estereotipos femeninos y el mito de la mujer perfecta.
  • La mayoría de los prototipos recrean la idea de una mujer sumisa.
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    ELLOS

    • Los robots sexuales con forma humanoide femenina forman ya legión.
    • De acuerdo con la campaña antisexo, la sociedad se organiza de nuevo en torno a una sexualidad masculina y el modo de satisfacer sus necesidades.
    • No están solo diseñados para que el hombre tenga un rato de placer sexual, sino también para compartir sus gustos y aficiones.
    • Los sexólogos lo ven como un entrenamiento sexual antes de pasar a la pareja real.

      Aspirantes a amantes
      Roxxxy. Mide 1,74 m. Las medidas de sus curvas llevarían a la locura si fuesen humanas: 96-76-94. Tiene sensores repartidos por la piel que causan su lubricación. Responde a la voz humana, aunque su conversación es elemental. Su exclusivo propósito es seducir al hombre. Y, por qué no, convertirse en su pareja.
      Rocky. Es la versión masculina de Roxxxy y una de las pocas excepciones masculinas en medio del gineceo robótico. Este androide sexual ha nacido para conquistar tanto a mujeres como a hombres gais.
      Harmony. Fabricada en EEUU. Su esqueleto es un programa informático similar a un videojuego, con el que se van superando niveles. Usando esa misma lógica, sus creadores pretenden conseguir una simulación del sexo muy próxima a la realidad.
      Real Dolls. Son las sustitutas de las muñecas hinchables tradicionales. Su creador, el empresario Matt McMullen, quiso lograr con ellas una aproximación lo más cercana posible al coito real colocando circuitos electrónicos en todo su cuerpo y sensores en sus diferentes puntos erógenos. Se pueden personalizar y escoger el tamaño de sus pechos, la forma del pezón y el género de sus genitales.

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      ¿Quién no se ha preguntado alguna vez...
      … Acabarán con la prostitución?
      El académico irlandés John Danaher cree que, o bien arruinarán el negocio, o lo aumentarán por la cantidad de ciudadanos que se verán en el paro suplantados por un robot.

      La presencia del humanoide Pepper ha despertado desconfianza.

      … Evitarían las enfermedades de transmisión sexual?
      Investigadores de Victoria University, en Australia, han tratado de imaginar cómo sería el Barrio Rojo de Ámsterdam atestado de robots y, aparte de que estéticamente el lugar saldría ganando, las nuevas trabajadoras sexuales no transmitirían enfermedades venéreas.
      … Quién podría preferir un robot?
      Los profesionales médicos hablan de sus posibilidades terapéuticas y didácticas cuando existen miedos y disfunciones sexuales, pero les inquieta el riesgo de rebasar los límites y las implicaciones psicológicas que pueden derivar del placer con un robot.
      … Llegarán a tener sentimientos propios?
      De momento, reproducen la sensación de placer. El resto solo ha sucedido en la ficción, pero a Antonio López no le cabe duda de que la relación entre seres humanos y robots irá mejorando y llenándose de matices aún impensables. Douglas Hines prefiere dejarlo en sentimiento de apego.

      ¿Y los próximos años?

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      Autores como Davy Levy, desde su libro Amor y sexo con robots, Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google, y Ian Pearson, por medio de su firma Futurizon, auguran una auténtica revolución en la sociedad desde la robótica:
      2025: Tendremos robots mucho más sofisticados
      2029: Los androides harán bromas y coquetearán con los humanos
      2030: Habrá sexo virtual en 3-D
      2035: El uso de juguetes sexuales para interactuar con la realidad virtual será cotidiano. Solo una minoría podrá permitirse el lujo de un robot sexual en casa
      2050: El mercado de la robótica sexual se habrá multiplicado por siete. Puede incluso que el sexo con robots sea más frecuente que entre humanos
      2055: Puede que haya más de una pareja de humano y robot profesándose amor

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