Mirar y ser mirado

¿Quién no se ha preguntado alguna vez?

¿Es narcisista el que se exhibe?
Este rasgo se describe como el amor a la imagen de uno mismo, algo íntimamente relacionado con este tipo de práctica. Por eso, tener sexo a sabiendas de poder ser vistos alimenta generalmente el ego de quien lo hace, aunque también suele haber un deseo de excitar a las personas que le descubren. A menudo esconde una necesidad de ser admirado y deseado por otros.

¿Tiene esto que ver con el fenómeno de los swingers?
En el intercambio de parejas aparece de nuevo el binomio de mirar y ser mirado. Hombres y mujeres gozamos mirando los cuerpos desnudos e incluso sus posiciones durante el sexo. Esta curiosidad por la sexualidad ajena es ancestral, y responde a un impulso primario del ser humano.

¿Cómo distinguirla de una conducta patológica?
La patología radica en la exclusividad, en la incapacidad de excitarse en situaciones en las que no existe riesgo de ser pillado. Cuando el único modo de disfrute es este, y el hecho de ser descubierto se convierte en un fin y no solo en un riesgo. La patología incluye, además, una conducta impulsiva y antisocial, rasgos de inferioridad que intenta compensar con el miedo y sorpresa que su actitud provoca en otros.

¿Es cierto que a ellas les gusta más exhibirse y a ellos mirar?
Aunque la mujer no está exenta de esta pulsión de la mirada, la realidad demuestra que posee una mayor necesidad de sentirse deseada y admirada. Si bien el trastorno mental del exhibicionismo afecta mayoritariamente a varones, en las redes sociales y en los locales de swingers las grandes exhibicionistas resultan ser las mujeres.

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