Cuando el velocista jamaicano Usain Bolt estableció el récord mundial de los 100 metros lisos en los Juegos Olímpicos de Pekín, se movió a unos increíbles 37 km/h. Pero el hombre más rápido del mundo se tendría que mover a velocidades de autopista para pasar del tartán a la ola.

Según John Bush, profesor de matemáticas aplicadas en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, un adulto humano tendría que correr a casi 112 km/h para evitar sumergirse. Pero no solo se trata de moverse rápido. Cuando los basiliscos corren sobre el agua, en realidad lo están haciendo sobre bolsas de aire creadas cuando sus patas golpean la superficie. Para hacer esto se requiere suficiente longitud en las piernas como para mantener los pies sobre ellas antes de que las bolsas se disipen. Un ser humano necesitaría músculos 15 veces más fuertes de lo normal para conseguirlo.

Redacción QUO