Dieta tecnológica

Tan importante como ir al gimnasio es tener tiempo para la vida ‘online’. Los expertos nos enseñan la dieta tecnológica IDEAL, y nosotros te mostramos la de algunos famosos

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El sobrino televisivo de Buenafuente está permanentemente conectado a la red desde que ha adquirido un “dispositivo móvil”.

A los despertadores tradicionales les llega la jubilación. Cada día más personas se despiertan con la alarma de su móvil. ¿Y luego? Hoy, tan importante como tener tiempo para ir al gimnasio es encontrarlo para el mundo virtual. Cumplir con esas tareas obliga a ser tan madrugadores en la red como en el mundo físico.

¿Internet o ducha?

En EEUU, el fenómeno ya es evidente. The New York Times publicó este verano la historia de una familia, los Gude, cuyos cuatro miembros habían visto cómo sus vidas cambiaban drásticamente por la irrupción de las nuevas tecnologías en su ámbito cotidiano. Desde entonces, los hijos, en vez de sentarse a desayunar, se llevan el bol de cereales a sus cuartos, para dedicarse a comprobar sus cuentas en las redes sociales, mientras el padre bebe el café a la vez que responde a sus emails desde el ordenador del salón. La madre también sucumbió a la tentación y adquirió un portátil.

No es un caso extremo. Cada vez son más las personas que tras las horas de sueño nocturno tienen la necesidad de ponerse en contacto con el resto del mundo. De hecho, quienes se quitan las legañas de los ojos al ritmo de la alarma de su Blackberry realizan su primera conexión sin salir de la cama.

Hasta la fecha, la ducha y el café matutino eran los dos tótems inamovibles sobre los que se construía la rutina matinal de millones de personas, pero las nuevas costumbres introducidas por la tecnología los están corroyendo igual que una plaga de termitas.

Esta realidad hizo que en EEUU, el analista de internet Pete Cashmore preguntara a los lectores de su web, Mashable, qué preferían antes: si beber el café o conectarse a internet. El reto fue recogido en nuestro país por el especialista en nuevas tendencias Enrique Dans. Ambos comprobaron que los lectores de sus bitácoras preferían la segunda opción.

El propio Dans nos confesó: “Lo primero que hago nada más levantarme es mirar la página de mi blog para editar los últimos comentarios. Luego, me ducho y desayuno. Es entonces cuando ya me pongo a revisar los emails, las cuentas de las redes sociales…” En España, según una encuesta de la cadena CNN, el 22% de los tecnófilos nacionales se conecta a la red a primera hora, antes de pasar siquiera por el baño. Lo que no hay son estadísticas que indiquen cuántos mojan el móvil en el tazón de Cola-Cao.

¿Pero están bien nutridos tecnológicamente? “La dieta tecnológica de los ciudadanos dice mucho del desarrollo de una sociedad”, afirma Bernardo Díaz-Nosty, catedrático de Periodismo de la Universidad de Málaga. El periodista experto en tendencias tecnológicas Steven Leckhart ha elaborado la que considera la dieta mediática ideal, y propone nueve horas diarias de consumo tecnológico. ¿Suficiente?

Aspirantes a tecnófilos

Depende de cómo se mire. Enrique Dans considera que: “En mi caso, nueve horas son muy pocas para atender a todas las obligaciones de un día. Pero las personas que leen mi blog son, igual que yo, gente con trabajos que las obligan a estar más inmersas en el mundo de la tecnología que a la mayoría”. De una opinión similar es el profesor Díaz-Nosty, quien afirma que: “Nueve horas diarias me parecen demasiadas para la mayoría. En cambio, se quedan cortas si hablamos de un geek”.

¿Cómo será la dieta tecnológica de los españoles? Vamos a ver… Es cierto que las nuevas tecnologías van calando cada vez más en nuestra sociedad, pero los especialistas coinciden en que aún estamos muy lejos del nivel de la Unión Europea como para considerarnos un país tecnófilo. Según datos del informe anual de la Comisión Europea de Competitividad Digital, solo el 34% de los españoles utiliza internet a diario.

Una cifra que está muy lejos de la del resto de vecinos europeos, cuyas medias se sitúan en el 43%.

Esa brecha se aprecia incluso en las costumbres de los VIPS. En Hollywood, las estrellas no salen sin su MP4 o su Blackberry, y además de ser celebridades en el mundo físico, lo son también en la red. Incluso más. Y ahí está el caso de Ashton Kuchner.

Es el personaje con más followers de Twitter, pero que levante la mano quien haya visto sus películas. El de Lindsay Lohan es otro caso parecido, ya que la actriz hasta rompe con sus parejas a través de Twitter. En cambio, en España la mayoría de nuestros artistas muestran un perfil digital más discreto.

Nosotros le hemos pedido a un grupo de celebridades nacionales que nos relaten sus gustos y preferencias tecnológicas, y nos encontramos con casos como que Iñaki Gabilondo, uno de nuestros más prestigiosos periodistas, ni siquiera tiene perfil en Facebook.

Aun así, el número de españoles que se conecta a la red va en aumento, y quienes prueban sus “delicias” ya no están dispuestos a sustraerse a ellas. Así, el 51% de nuestros internautas asegura que en caso de elección forzosa renunciaría al coche antes que a su conexión a la red. De hecho, solo un electrodoméstico resiste al avance de internet: la lavadora. El 71% de las mujeres afirma que no la cambiaría ni por la mejor conexión que exista.

Pasión por los vídeos en la red

¿Pero cómo distribuimos ese consumo habitual para confeccionar nuestra dieta mediática? Según el modelo elaborado por Eckhart, los carbohidratos de toda buena dieta tecnológica deberían ser el binomio formado por televisión/vídeos online. Lo cierto es que los españoles la cumplimos bastante bien, pues ver vídeos online es la actividad preferida de los internautas patrios. El 80% de ellos lo hace diariamente. Y somos casi líderes mundiales (solo nos superan los chinos) en descargar películas de la red; bajamos 360 millones de títulos al año. ¿La más solicitada? District 9, vista por un millón de usuarios en solo 24 horas.

¿Y la televisión? Sigue siendo el medio de comunicación más masivo en España, con un consumo diario de 3 horas y 47 minutos por persona. Pero la televisión deja de ser el medio principal entre el sector tecnófilo de la población. Nuestros internautas emplean una media de 12,1 horas semanales a navegar por la red frente a las 11,7 que dedican a ver la tele. Es más, el 13% de ellos directamente considera que podría vivir perfectamente sin televisor. “Y pronto serán muchos más”, explica Enrique Dans. “No dejarán de ver la televisión, sino que la consumirán a la carta y en sus ordenadores”.

Nuestro menú mediático tampoco es deficiente en consumo de proteínas tecnológicas (que serían el estrato dedicado a la información). Según un informe de Universal McCann, el 60,9% de quienes navegan por la red consultan diariamente periódicos digitales o agregadores de noticias.

Amistades ‘online’

Pero un campo en el que nuestra “ingesta de calorías mediáticas” supera a la de casi todo el planeta es en el uso de las redes sociales (que ya podríamos englobar en el apartado de “grasas tecnológicas”). Tras el visionado de vídeos online, son nuestra segunda ocupación preferida en la red. Según un estudio de ComScore, el 74% de nuestros internautas ya las usa. En nuestro país se sube, además, un millón y medio de documentos cada semana a estas páginas. A nivel mundial, solo los brasileños nos superan en esta afición a relacionarnos por la red.

Aun así, según las mismas fuentes casi la mitad de esos usuarios no presenta un perfil muy tecnófilo. “El 43% no sabe cómo tiene que hacer para proteger sus datos de forma que solo puedan ser vistos por personas de confianza”, afirma Fernando Santiago, uno de los autores de este estudio. Para Enrique Dans, esta situación se debe a la falta de aprendizaje en el manejo de las nuevas tecnologías. “Se está repitiendo un fenómeno muy similar a lo que ocurrió a finales de los 90 con el bum de los chats”, explica el experto.

“Mucha gente se acercó a internet por primera vez atraída por aquella forma de comunicación, y ahora está sucediendo lo mismo. Tenemos, así, a un montón de usuarios que se están familiarizando por primera vez con la informática a través del uso de páginas como Facebook”.

¿Pero cuál es el tiempo mínimo al día que debemos dedicar a la tecnología? ¿Las nueve horas que propone Steve Leckhart? ¿O bastaría con solo cuatro? “Personalmente, me parece muy arriesgado establecer una media que sirva de referente para toda la población”, afirma Díaz-Nosty. “Cada cual debe elaborar su propio menú en función de sus necesidades personales y profesionales.”

Con todo, cada vez son más las personas que se quejan de lo difícil que es atender a todos sus compromisos en la sociedad 2.0. Responder a los emails de los amigos, negocios por la red… Las obligaciones que impone la vida online van en aumento, hasta el punto de que muchos usuarios recurren a la multitarea (tener varias ventanas abiertas a la vez en el servidor) para atender simultáneamente a varios asuntos.

Esto ha hecho que, para un tecnófilo que pase gran parte de su jornada ante la pantalla del ordenador, el día dure más de lo que es natural. “Un estudio de la empresa tecnológica Cisco muestra que para realizar con éxito las labores que muchos geeks llevan a cabo en un solo día, se necesitarían jornadas de 36 horas sin la multitarea”, revela Enrique Dans.
Dicho informe apunta también que el ritmo de penetración del mundo online en nuestras vidas va a provocar que en 2013 se necesiten nada menos que cuarenta y ocho horas para cumplir con todas las obligaciones mediáticas.

“La multitarea será la clave del éxito o del fracaso”, explica Dans. “Pero no hay que asustarse, ya que todo consiste en un aprendizaje para saber buscar lo esencial. No hace falta leer treinta blogs cada mañana ni consultar diez diarios digitales para estar suficientemente informado. Además, existen otros muchos trucos como procurar que cada email no tenga más de cinco o seis líneas, para no perder media vida enviando correos”.





NUEVE HORAS DE CONSUMO VIRTUAL

Steve Leckhart elaboró para Wired la que él considera la dieta digital ideal. En ella, el entretenimiento equivaldría a los hidratos y la información a las proteínas.



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