Uno de los bulos más extendidos durante la pandemia, el que las mascarillas hacen que se acumule el CO2 y dañan los pulmones, no tiene sentido en términos fisiológicos y ha sido desmentido por un reciente estudio

Seguramente habrás oido hablar de los supuestos peligros de llevar mascarilla, e incluso de que pueden producir daños en los pulmones. La explicación que se proporciona para propagar esta falacia es que se restringe el flujo de oxígeno que entra en los pulmones, y además el CO2 que exaltamos se queda “atrapado” en la mascarilla y lo volvemos a inhalar. Ninguno de estos miedos tiene el menor sentido.

Los investigadores del Hospital Universitario de Miami publicaron un estudio en la revista revista Annals of the American Thoracic Society sobre el uso de máscaras quirúrgicas de tela para la cara. Los resultados mostraron que no restringen la cantidad de oxígeno que una persona respira, ni causan una peligrosa acumulación de dióxido de carbono.

Todos los participantes en el estudio usaron máscaras quirúrgicas durante unos 30 minutos y luego caminaron durante 6 minutos. Utilizando un análisis de sangre estándar, los investigadores no encontraron diferencias en los niveles de oxígeno o dióxido de carbono que circulaban en ninguno de los sistemas de los participantes.

Lo interesante es que estos voluntarios padecían de EPOC, enfermedad pulmonar obstructiva crónica grave, y su función pulmonar estaba por debajo del 50%. Ni siquiera así las mascarillas les afectaron. De hecho, los expertos dicen que las personas con problemas respiratorios subyacentes, como la EPOC, podrían beneficiarse del uso de máscaras, ya que son más susceptibles a contraer una infección pulmonar.

Una explicación sencilla

Los miedos sobre la peligrosidad de las mascarillas son fáciles de desmontar con fisiología básica. Para una persona media, en cada inspiración entra a sus pulmones medio litro de aire, que es oxígeno en un 21% y CO2 en un 0,04%.

En los pulmones se produce un intercambio de gases, se absorbe parte del oxígeno para los procesos metabólicos del cuerpo, y se expulsa CO2, un producto de desecho de esos mismos procesos. El aire exhalado contiene todavía un 16% de oxígeno, y solo un 4% de CO2.

Ahora bien, entre la mascarilla y la cara se pueden acumular como mucho unos 50ml de aire, es decir, solo un 10% de todo el aire que inhalamos. El 90% restante del aire proviene del exterior, se filtra a través de la máscara y sobre todo, entra por los lados.

Es decir, en el peor de los casos, la cantidad de oxígeno que inhalamos con mascarilla es del 20,5% en lugar del 21%, algo que se soluciona fácilmente llenando un poco más los pulmones. La cantidad de CO2 que inhalamos con la mascarilla no es del 4%, sino del 0,4%, ya que el aire exhalado es solo un 10% del que volvemos a inhalar. Teniendo en cuenta que la concentración de CO2 necesaria para empezar a notar molestias leves es del 5%.

Hay pruebas cada vez más contundentes de que la gente puede propagar el coronavirus incluso si no tienen síntomas. Según los autores del estudio «el uso universal de la máscara debe ser vigorosamente impuesto en los entornos comunitarios, sobre todo ahora que nos enfrentamos a una pandemia con mínimas intervenciones terapéuticas probadas».

REFERENCIA

Effect of Face Masks on Gas Exchange in Healthy Persons and Patients with COPD