El niño “decapitado” que volvió a caminar

Un accidente había roto dos vertebras cervicales y su cráneo estaba separado de la columna

Aunque la RAE señala que decapitar es cortar la cabeza, internamente, eso es lo que sucedió con Jaxon Taylor, un niño de menos de dos años de Australia sufrió un accidente de coche y las vértebras cervicales C1 y C2 se fracturaron desgarrando los ligamentos que las estabilizan y separando el cráneo del resto de la columna. La médula espinal se inclinó en un ángulo de 45 grados y quedó peligrosamente vulnerable a nuevos movimientos que podrían dañar nervios críticos.
Sin embargo, sólo tres semanas más tarde, Jaxon, de 16 meses de edad, estaba caminando cogido de la mano de su madre.
¿Cómo es posible? El pronóstico de este tipo de lesiones es muy grave según un estudio: el 68 % de las víctimas mueren antes de que la dislocación sea diagnosticada, a menudo en el lugar del accidente y otro 22 % fallece en el hospital. Incluso los pacientes que son llevados al hospital a tiempo, sufre lesiones permanentes en general. Este tipo de daño es habitual en los más pequeños cuyas cabezas resultan relativamente pesadas para la flexibilidad de los ligamentos. Pero Jaxon tuvo no solo la suerte de sobrevivir, sino de caer en las manos de Geoffrey Askin, cirujano espinal experto del Hospital Pediátrico Lady Cilento, en Brisbane y conocido como el padre de la cirugía vertebral de Australia. La lesión sufrida por Jaxon es conocida popularmente como decapitación interna e impide, por ejemplo, que las señales enviadas por el cerebro que le indican a los pulmones que deben respirar, lleguen a su destino. En estos casos la solución futura sería un trasplante de cabeza o ponerse en manos de Askin.
Mucho antes que comience cualquier tipo de intervención, empieza la parte más compleja: evaluar los daños. Las radiografías regulares tienen dificultades para revelar toda la extensión de la lesión, ya que es el paciente el que debe moverse y eso en estos casos es imposible.
Para superar las limitaciones de las radiografías tradicionales, los médicos recurren a la tomografía computarizada (TC). En el Hospital de Distrito de Moree, cerca del lugar del accidente, se colocó a Jaxon en una plataforma dentro de un escáner TC que giraba a su alrededor. Las imágenes 3-D resultantes revelaron el alcance de la lesión. "Eran bastante alarmante – señala Askin, que recibió las imágenes mientras Jaxon estaba siendo trasladado por aire a Lady Cilento –Pensé que no era posible que respirara por sí mismo, debía contar con algún sistema artificial de respiración”. Pero el pequeño sí respiraba por sí mismo, lo que significaba que, de algún modo, los nervios de la médula espinal estaban intactos.
Askin, que realiza habitualmente operaciones que duran más de seis horas, compara los preparativos con una operación militar: "Tienes que tener un plan B en el preoperatorio para evitar cualquier imprevisto y que no queden cabos sueltos”, porque, a pesar de tener imágenes cada vez más detalladas, no se sabe la verdadera magnitud de los daños hasta que se interviene.
La cirugía de Jaxon comenzó atornillando un “halo” cervical en el hueso de su cráneo con ocho tornillos. Aunque el halo es la férula más rígida disponible, es lo suficientemente ligera para que un niño pequeño pueda tolerarla. La férula evita que el cuello no pueda girar o doblarse en cualquier dirección. Pero primero el cuello roto debe alinearse correctamente.
Guiado por imágenes de rayos X en vivo, Askin maniobró la cabeza de Jaxon hasta que las vértebras lesionadas y la médula espinal estén en la posición correcta. Es una maniobra repleta de riesgos: la zona es extremadamente inestable y con frecuencia contiene fragmentos afilados de hueso roto. Basta un movimiento en falso para que los nervios sufran daño permanente.
Una vez que la columna vertebral se alineó correctamente y Askin había realizado una incisión de 10 centímetros de largo incisión para exponer las fracturas, el equipo encontró que hasta los tornillos más pequeños eran demasiado grandes para usar en las minúsculas vértebras de Jaxon. Mediante el uso de un microscopio, Askin recurrió a un método primitivo pero eficaz: utilizó alambre para unir los huesos fracturados.
Pero el peso de la cabeza de Jaxon, era demasiado para mantener la vértebra C1 correctamente alineada. Para resolver esto, Askin injertó un fragmento de 7,6 centímetros de una de las costillas de Jaxon en la articulación.
Apenas tres semanas después del accidente Jaxon pudo abandonar no sólo el hospital, incluso regresar a su hogar. A partir de ahora excepto por no poder jugar al rugby o participar en otras actividades que podrían causar lesiones de cervical, el pequeño debería poder vivir una vida normal.

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