Un estudio revela que a veces el dolor puede ser una profecía autocumplida

Cuanto más dolor esperamos sentir, más dolor experimentamos

Niña sintiendo dolor
Getty ImagesBettmann

“No hay dolor... No hay dolor”.Seguro que todos hemos escuchado ese mantra montones de veces en las películas de artes marciales, cuando el protagonista se somete al entrenamiento para convertirse en un gran luchador. Pues bien, parece que algo de verdad hay en esa frase. O eso, al menos es lo que se desprende de los resultados de un estudio realizado pro un equipo de la Universidad de Colorado.

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Y es que los autores del mismo han comprobado que, en ocasiones el dolor puede ser una especie de profecía autocumplida. O, lo que es lo mismo, que si esperas sentir dolor, seguramente lo sientas. Aunque en ocasiones no haya ningún estímulo real que lo produzca.

Los investigadores realizaron un experimento en el que entrenaron a varios voluntarios para que asociaran diversos símbolos con sensaciones de calor suaves, y otras con sensaciones de calor muy intensas, similares a las causadas por una quemadura.

Luego, se les mostraron dichos síntomas mientras se les aplicaba diversas sensaciones de calor en brazos y piernas. Aunque la más intensa de todas era similar a coger con la mano una taza de café caliente. Es decir, que no resultaba realmente dolorosa.

Pese a ello, al monitorizar su cerebro, los investigadores observaron que cuando los voluntarios esperaban sentir un dolor más intenso, se activaban las regiones cerebrales involucradas en procesar el miedo. A la vez que reportaban sentir más dolor del que realmente podía producir el estímulo provocado.

El experimento también reveló que si las personas esperaban sentir dolor, y realmente lo experimentaban, en la siguiente ocasión esperarían sentir aún más dolor. Pero, curiosamente no sucedía lo contrario. Si esperaban sentir dolor, y no lo sentían, la siguiente vez no esperaban sentir menos.

Por supuesto, hay muchas ocasiones en las que los estímulos dolorosos son completamente reales y es imposible ignorarlos. Pero el experimento pone de manifiesto que existe un componente subjetivo que, tal vez, podría aprovecharse para mejorar la forma en la que procesamos las sensaciones dolorosas más leves.

Fuente: ScienceDaily.

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