Un miedo de cine

Cómo nos asusta el 'neurocine'

Justo cuando la mano afilada de Freddy Krueger se asoma tras la cabeza de su primera víctima, la zona de tu cerebro relacionada con las emociones, la amígdala, recibe una avalancha de sangre. Se trata del “punto G” neuronal, el que se activa también cuando sentimos placer.

Ya en 2009, un equipo de investigadores de las universidades de California y de Florida (EEUU) afirmaban que, según sus pesquisas, cuando alguien ve una película de terror, lo que siente realmente es excitación. Y es que la estimulación de la amígdala, después del miedo inicial, produce una sensación de gratificación real. “Por eso, tras una escena de terror intensa, los espectadores se sienten felices. La gente disfruta al tener miedo”, aseguran los autores de esta investigación. Además, durante este tipo de películas también se activa la corteza prefrontal, la zona en la que se procesan los pensamientos más sofisticados y donde se evalúa el peligro.

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Así es como llegamos a la conclusión de que no estamos ante una situación real de peligro, que solo es una película y que no tenemos que salir corriendo del patio de butacas. Y este sentimiento de alivio también nos hace sentir bien.

El cine al microscopio

Pues todo esto es lo que comprueba, en el mismo momento en que está sucediendo, el neurocine, una nueva disciplina que utiliza imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para observar qué zonas del cerebro estimula cada escena de una película. De este modo, cada director puede comprobar sin lugar a dudas cómo captar la atención de su espectador, e incluso, si así lo quisiera, mantener su cerebro continuamente estimulado hasta llegar a la extenuación.

El artículo científico que dio pie a la creación de esta nueva disciplina fue el resultado de varias investigaciones llevadas a cabo por un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Nueva York liderados por David Hegeer. Él y sus colabores escanearon el cerebro de 45 voluntarios mientras veían escenas de varias películas y programas de televisión, con el fin de encontrar respuestas comunes de activación en todos los sujetos; es decir, patrones de respuesta. En todos los casos, se activaron numerosas regiones del córtex cerebral, área visual, lóbulos occipitales y los centros del lenguaje y del oído. Y el área de Brodman, donde reside la memoria.

Y es que, según Yadin Dudai, un neurocientífico del departamento de Neurobiología del Instituto Weizman de Israel: “El cine, como producto cultural de expresión narrativa, depende de un componente de nuestra memoria episódica, la llamada memoria del trabajo, que a su vez pertenece a la memoria a corto plazo. La del trabajo es una estructura neurocognitiva de las funciones ejecutivas y atencionales encargada de mantener y recuperar información para su utilización”.

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Es la que empleamos para recordar un número de teléfono, que retenemos para anotarlo enseguida en una agenda, pero que acto seguido olvidamos.

En el caso de las películas, este tipo de memoria manipula y organiza los estímulos sensoriales (visuales y auditivos), dándoles una forma narrativa para luego pasarlos a nuestra memoria a largo plazo. Y precisamente es en este proceso en el que a menudo perdemos la información sobre qué nos ha emocionado más o en qué momento concreto de una película pasamos más miedo. Por eso, el neurocine se ha convertido en la alternativa infalible a los grupos de consulta que los directores de cine utilizaban para sondear las impresiones que causaba su producto.

El cerebro siempre tiene la razón

La primera empresa que ha realizado este tipo de “estudio de mercado” de manera comercial es MindSign Neuromarketing, una firma de San Diego, California, dirigida por Philip Carlsen, quien confiesa: “La neurociencia aporta mucho al proceso creativo. Puede ayudar a decidir desde los decorados, el vestuario, los actores y la música, hasta el guión o la narración visual de una escena. Hasta ahora, al igual que en otros mercados, las películas se sometían a grupos de análisis que aportaban sus opiniones a un investigador tras el visionado de la película. Pero estás opiniones estaban a menudo sujetas a demasiada subjetividad. El neurocine ha conseguido convertir lo subjetivo en algo muy objetivo”.

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La primera película analizada por MindSign de la que tenemos un resultado público es PopSkull, un filme de terror dirigido por Peter Krantz. Según el propio director: “En el caso de Pop-Skull, el uso de esta tecnología nos permitió saber a posteriori qué imágenes habían impactado más al espectador, y qué efectos visuales y sonoros habían sido más eficaces”.

Con respecto a PopSkull, la investigación fue posterior al estreno de la película, por lo que Kantz no hizo modificaciones sobre el original. Sin embargo, está decidido a utilizar este método de análisis desde el principio en su futuro proyecto. “La próxima vez, además, haré hincapié en dónde tiene su atención puesta exactamente cada espectador durante cada escena”, apunta Kantz. Philip Carlsen, además, me confirma que ya han realizado estudios sobre películas de otros géneros, aunque no está autorizado a desvelar el contenido de dichos estudios y los títulos de las películas a analizar.

“Sin embargo, sí le puedo decir que, aunque el neurocine es una práctica nueva en Hollywood, en los dos últimos años han sido muchos los estudios y las compañías de producción que han comenzado a utilizarlo como parte de sus protocolos de estudios de mercado”, confiesa Carlsen.

Últimamente, de hecho, sí ha trascendido que M. Night Shyamalan, el director de El sexto sentido, ha requerido los servicios de MindSign para rodar Devil, su última producción.

Maestro del control mental

A Hitchcock, maestro del suspense, le gustaba alardear de su conocimiento de las reacciones del público. Una de sus frases más célebres es: “La creación es la ciencia exacta sobre las reacciones del público”. Y ahora la ciencia ha demostrado que tenía razón. Con la llegada del neurocine, se han incluido dos de sus películas en investigaciones recientes, donde han resultado ser las más eficaces en desatar todo tipo de emociones. Recientemente, además de ¡Bang! Estás muerto (véase el recuadro de la izquierda), también se ha analizado Encadenados ( Notorious).

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El fin del arte

El gran dilema que se plantea ahora es si el abuso de este tipo de técnicas para hacer productos ad hoc puede acabar con el arte. ¡A partir de ahora, las películas de Hollywood serán más una fórmula que nunca!.

“Todo lo contrario: la fórmula implica narrativa, es decir, que haya picos y valles. Lo que MindSign ofrece es un nuevo modelo donde no haya altibajos, sino que cada escena sea un pico y cada secuencia tan intensa como un tráiler”, afirmaba la prestigiosa revista Wired en una columna reciente que versaba sobre el tema.

Incluso hay quien ha comparado el resultado del posible uso generalizado de esta tecnología con los feelies, unos cines a los que acudían los habitantes de la novela de Aldous Huxley Un mundo feliz, en los que se estimulaba su amígdala para sustituir la falta de sentimientos humanos que tenían en su vida diaria. No será para tanto.

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