El descubrimiento del compuesto etanolamina en el centro de nuestra galaxia suma puntos a la teoría de la Panspermia, según la cual la vida surgió en el espacio

Un equipo liderado por el Centro de Astrobiología (CAB, INTA- CSIC) ha detectado etanolamina en una nube molecular cerca del centro de nuestra galaxia denominada G+0.693–0.027.

Se trata de una molécula que está presente en la membrana de las células de todo organismo vivo, es clave para que la vida que conocemos sea posible.

La etanolamina ya se había detectado en meteoritos, pero encontrarla en el espacio significa que puede sintetizarse en las nubes de moléculas y de polvo.

Estas moléculas son fundamentales para las células, permiten encapsular el material genético y la maquinaria metabólica y mantenerlo aislado del exterior.

El estudio va más allá del hallazgo de etanolamina. Según sus cálculos, la mayoría de la etanolamina que hay en la Tierra pudo llegar desde el espacio.

El agua y la etanolamina que llegaron del espacio

Hay estimaciones de cuánta agua pudo llegar a nuestro planeta debida a los meteoritos. Una investigación publicada en Science demostró que los meteoritos contienen suficiente hidrógeno para haber traído a la Tierra al menos tres veces la masa de agua que hoy forman nuestros océanos. Sabiendo la relación entre agua y etanolamina en estos, el estudio ha calculado que pudo llegar una cantidad enorme de etanolamina, el equivalente a la capacidad del lago Victoria.

Como estas semillas se encuentran disponibles en distintos lugares de la galaxia, el hallazgo suma argumentos a la teoría de la Panspermia, según la cual  las piezas fundamentales de la vida se originaron en el cosmos y llegaron a la Tierra en una lluvia de meteoritos.

Que las piezas básicas para la vida estén en el espacio interestelar da argumento a la posibilidad de que haya otras formas de vida distintas a las que conocemos y que aún se estén desarrollando en otros lugares del cosmos.

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