La Internet que no ves

Las páginas web por las que navegamos representan solo el 5% de información disponible. ¿Qué podemos encontrar en la red profunda?

Si bajas a la derecha por Google, tuerces a la izquierda en Yahoo y continúas por la avenida de Bing, encontrarás una puerta misteriosa que, si sabes como abrirla, te llevará a las profundidades más oscuras de internet. La deepweb es un submundo formado por toda la información que los buscadores no pueden indexar. Se calcula que los datos alojados en este auténtico universo paralelo equivalen, según las estimaciones, al 95% de datos disponibles en internet.

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La mayoría de estas páginas son sites cuyo contenido no ha sido indexado; como ocurre con material de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, es contenido que nadie quiere que sea fácil de encontrar, formado por intranets, bases de datos, revistas científicas y webs con contraseña. Pero solo la mayoría. Otra parte de ellas es un lugar oscuro, confuso y en cierta medida peligroso, donde el bien y el mal comparten oficina.

Las transacciones realizadas en la ‘deepweb’ son pagadas con bitcoins, la criptodivisa de la red

Cómo abrir la puerta

La deepweb se representar habitualmente como un iceberg. Es muy ilustrativo. La parte superior, la que vemos en la superficie, sería la zona donde normalmente nos movemos los internautas. Pero como todos sabemos, el iceberg es más extenso en su parte sumergida.

Para bucear a esas profundidades y hacer ese aventurado viaje no podemos usar como medio de transporte Google ni ningún otro buscador. Sumergirse en la red oculta requiere de algo de maña y conocimientos de seguridad para mantener tu identidad a salvo. Ya lo decía Nietzsche: “Cuando miras al abismo, el abismo también te mira a ti”. Aunque conozcas la dirección de la web invisible a la que quieres acceder, no es recomendable que la escribas en tu navegador y pulses enter.

En el nivel 2 todavía se respira un poco de inocencia. Pueden encontrarse servidores FTP, 4Chan, Anonymous, algunos foros y mucho porno. Respecto a este último, destaca el jailbait (menores que por su apariencia parecen mayores de edad).

Cada búsqueda realizada en la deepweb puede ser monitorizada, o lo que es peor: usada para comerciar con los datos de los usuarios. Lo mejor es recurrir a las redes de encriptación disponibles que garantizan una navegación casi cien por cien anónima. Una de las más famosas es TOR, creada en un principio no para almacenar contenidos ocultos, sino para ayudar a personas perseguidas por regímenes dictatoriales a mantener su privacidad y poder enviar con seguridad información a través de los nodos. Actualmente la usan 2,5 millones de personas en todo el mundo, malos incluidos. Las conexiones se realizan a través de una red cifrada que permite ocultar la identidad de los usuarios. La descarga de su navegador es sencilla, gratuita y accesible con solo buscar en Google.

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¿Cuánto cuesta un sicario?

La idea de “nada humano me es ajeno” cambia cuando uno tiene la oportunidad de navegar por la deepweb. El primer contacto con los contenidos de estos suburbios de la red resulta agridulce. No hay buscadores que colaboren en nuestra investigación personal, por lo que hay que moverse en listados creados por usuarios que pueden encontrarse en sitios abiertos como Reddit y páginas web solo visibles con TOR, como Hidden Wiki o DuckDuckGo. Son una mínima ventana.

Aunque existen usos legítimos de la deepweb, esta parte de internet se ha convertido en un paraíso innegable para comercio ilegal, como venta de drogas y armas, cibercrimen, pederastia e incluso películas snuff y suicidios en directo. También disponen aquí de su oficina el terrorismo islamista, las conspiraciones más extrañas que hayas podido imaginar y los fanáticos del fenómeno ovni.

Escarbando un poco en este lado del mal puedes encontrar un gramo de cocaína pura por menos de 100 €, un subfusil de asalto por menos de 5.000 €, DNI falsos por menos de 50 euros y un asesino a sueldo que funciona como en las pelis: cobrando 20.000 € al comienzo y el 50% restante al terminar el “trabajo”.

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Este claro abuso de la libertad que ofrece internet es perseguido, con cierta dificultad, por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. En el año 2013 la web Silk Road veía cómo el FBI cerraba su chiringuito ilegal que, hasta entonces, era el mayor site de mercado negro de la red. A su administrador, un chico de 29 años, se le confiscaron casi tres millones de bitcoins, la criptodivisa con la que se paga en estos comercios. Apodado como Dread Pirate Roberts, Ross Ulbricht fue acusado por narcotráfico, blanqueo de dinero, conspiración y piratería. En 2014, la Guardia Civil asestó otro duro golpe a uno de los objetivos de la operación internacional Onymous. Gracias a la intervención se cerraron 414 dominios ocultos dedicados a actividades ilegales, como pederastia, tráfico de drogas y falsificación. Según declaró a un diario nacional la Guardia Civil tras la operación: “Este individuo disponía de una compleja infraestructura informática, entre la que se encontraba una granja de servidores para generar bitcoins, así como un dispositivo para clonar tarjetas de crédito y 30 tarjetas vírgenes preparadas para alojar los datos de usuarios a quienes habían robado la numeración de sus tarjetas”.

Requiere de herramientas especiales para navegar (como TOR). Hay de todo: drogas, sicarios, venta de órganos, trata de personas, falsificación de pasaportes... No todo es malo; si buscas, puedes encontrar buena información nada ilegal.

Pero no todos son malos

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Viendo lo terrible que puede resultar la parte oscura de internet, cuesta fijarse en lo bueno, pero sin duda es la mejor parte. La deepweb y redes como TOR, recomendadas por el propio Snowden, son un claro triunfo del movimiento hacktivista y de su lucha por la privacidad y la neutralidad en la red. Han sido una herramienta vital para luchar contra la corrupción e indispensable para habitantes de países en conflicto, como Siria. También un arma poderosa para los disidentes y ciudadanos que viven siendo espiados o coartados en su libertad de expresión, como pueden ser habitantes de Turquía, Irán y China.

Este territorio es la esencia de los motivos que hicieron nacer internet. Un lugar donde grupos de profesionales, desde distintos puntos del mundo, comparten información relacionada con el trabajo que desempeñan. Guarda una enorme cantidad de datos atractivos y provechosos. A través de esta ventana oculta se puede acceder a un gran repositorio de información poco explorada, foros de debate peculiares, hemerotecas, recopilaciones de datos históricos, estudios científicos en marcha... Lectura tan diversa, interesante y poco esperada que, seguramente, te encantaría que llenase las estanterías de tu casa.

Consejos básicos para bucear

Aunque TOR no es toda la internet oculta, sí es el mecanismo más accesible para los principiantes. Su descarga puede hacerse gratuitamente buscando en Google: Tor Browser, que viene a ser básicamente un navegador más, muy similar a Firefox y Chrome. Su aspecto, muy noventero y decorado con una cebolla, hace referencia a las miles de capas de profundidad que posee. Existe una Wikipedia oculta, disponible en 7jguhsfwruviatqe.onion y más que recomendable para los novatos.

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La Charter Web puede considerarse lo más grotesco que hay en la deepweb. Armas, pederastia, hackers malvados y yihadistas comparten esta zona para operar.

Una vez lo tengas a mano y estés preparado para sumergirte a grandes profundidades, hay varias cuestiones de seguridad básica que debes tener en cuenta.

La primera de ellas es jamás dar información personal de ningún tipo. TOR oculta de forma sistemática tu IP, algo que no garantiza de modo absoluto la privacidad, pero sí se lo pone más difícil a espías y malhechores.

En segundo lugar: jamás descargues nada, ni tampoco entres en páginas normales desde este navegador. Y mucho menos en tu Facebook o Twitter personal.

A pesar de la curiosidad que siempre provoca el morbo de lo prohibido, evita entrar en páginas ilegales, ya que podrías ser monitorizado por cuerpos de seguridad del Estado y tu nombre quizá sea añadido a una lista de “villanos”.

Por último, a pesar de las medidas tomadas nunca pienses que tu seguridad está cien por cien protegida, pues jamás será así. No serías el primero que visita la deepweb en pijama y zapatillas, y una hora después se levanta para abrirle la puerta a la policía.

El mantra popular asegura que todo está en Google, pero no puede estar más equivocado. Según un estudio realizado por la Consultora Bright Planet en 2001, la internet oculta es quinientas veces mayor que la parte de la red que se nos ofrece a través de los buscadores. Teniendo en cuenta que ese dato es de hace una década y sumando los cambios tecnológicos que hemos vivido en estos años, se estima que hoy esa cantidad ingente de información oculta podría ser muchísimo mayor. Evitando la darknet y su parte tétrica, lo interesante de la información alojada en estas profundidades, según asegura Isidro Aguillo, investigador del CSIC: “Es la calidad y fiabilidad de su contenido”. No en vano, se refiere a estas zonas profundas como “archipiélagos de gran calidad”, debido a que la mayor parte de la información que conforma la red profunda reside en bases de datos tratadas manualmente.

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Los datos no son escogidos al azar o siguiendo un proceso automático, como ocurre con los motores de búsqueda acostumbrados, sino que son seleccionados por profesionales y se mantienen bajo control documental. Solo hay que saber dónde buscar.

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