Seguramente te admiraría el vuelo del helicóptero de 20 centímetros y 16 gramos que ha diseñado la empresa noruega Prox Dynamics si entrara en tu salón, revoloteara a tu lado y se detuviese a observarte detenidamente. Pero no deberías confiar en el asombroso aparato, puesto que el hombre que lo maneja puede estar a hasta 1 kilómetro de distancia y sus intenciones tienen más que ver con el espionaje y las maniobras militares que con los vuelos de demostración. El soldado que lo pilota a distancia tiene entre sus manos el mando de control del primer nanosistema operativo de vehículos aéreos no tripulados (UAV-Unmanned Aerial Vehicle, en inglés), el PD-100 Black Hornet. Este ‘nanocóptero’ no es un juguete, aunque lo parezca.

El sistema está compuesto por dos vehículos y un dispositivo terrestre de control. La autonomía de cada ‘nanocóptero’ puede alcanzar los 25 minutos si el viento es favorable y la distancia a la que está su operador es adecuada. Su alta maniobrabilidad le permite volar ágilmente en espacios cerrados mientras retransmite las imágenes de terroristas, delincuentes o soldados enemigos que capta a través de tres cámaras.

Siempre que el viento no supere los 15 nudos, este pequeño espía está preparado para llevar a cabo por sí mismo las más arriesgados vuelos de reconocimiento. Un eficaz piloto automático y un avanzado sistema GPS se encargan de ello de una manera eficiente y económica: toda la electrónica del aparato pesa solo 3 gramos, según las especificaciones de la compañía. Y no se trata de ningún prototipo, sino de un modelo cuya producción alcanzó el centenar de unidades en junio.

El PD-100 Black Hornet es un importante paso adelante en el campo de los aviones no tripulados. Su reducido tamaño ha llamado la atención del Ministerio de Defensa de Reino Unido, que ya ha asegurado contratos con el fabricante de los pequeños soldados voladores a través de la compañía Marlborough Communications Limited. Desde el punto de vista tecnológico se trata de un desarrollo muy importante. Desde un enfoque estratégico, es un paso más hacia un tipo de guerra a distancia en la que se están especializando los ejércitos más avanzados.

Aunque no hace falta viajar a Afganistán para ver cómo otros modelos de aviones no tripulados surcan el cielo en busca de objetivos militares, aunque su tamaño sea sensiblemente superior y algunos de ellos estén equipados con misiles además de con cámaras. Yemen, Somalia o Pakistán también quedan muy lejos del espacio aéreo londinense, donde aviones no tripulados de vigilancia reforzaron el sistema de seguridad de los Juegos Olímpicos que acaban de finalizar. También parece lejana la frontera de la Unión Europea, donde los aviones no tripulados podrían unirse al programa de vigilancia de la Comisión Europea ‘EUROSUR’.

Si la tecnología lo permite, y todo apunta a que sí, puede que llegue el día en que un aparato parecido a este invento pionero se detenga a observar los movimientos de los ciudadanos. La decisión de permitirlo o no es un dilema social que deberá surgir al rebufo de los adelantos técnicos.

Andrés Masa Negreira