El lado mafioso de Edison

Un inventor muy 'avispado'

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Poco después de que los Lumière inventaran el cinematógrafo, el avispado inventor se hizo con todas las patentes. Eso provocó que las pequeñas productoras se marchasen de la Costa Este y se afincasen en Hollywood.

Hay un lado que muy poca gente conoce sobre el célebre inventor Thomas Alva Edison: su lado más mafiosillo y como su actitud provocó la creación de Hollywood contra su voluntad.

Los Hermanos Lumière registraron el cinematógrafo el 13 de febrero de 1894. El invento de las imágenes en movimiento, como no podía ser de otra forma, causó un gran revuelo y el inicio de una industria que el avispado Thomas Alva Edison, quien controlaba el negocio en la Costa Este, vio venir. Por ello, compró la patente de los Hermanos Lumière.

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Edison explotó en su zona el invento de los Lumiére, y comenzó a vender los derechos a pequeñas productoras que a su vez hicieron lo mismo.

¿Qué hacía Edison si le surgía algún competidor que quería explotar el invento sin su permiso?

Una oferta que pocos podían rechazar: el inventor enviaba matones e incluso pistoleros para que acabarán con sus intenciones... o con ellos.

Viendo el panorama sangriento y macabro con el que Edison 'marcaba' y 'tachaba' a su competencia del mapa, las pequeñas productoras afincadas en la Costa Este como las de Chicago y Nueva York, decidieron trasladarse a la Costa Oeste, donde Edison no poseía derechos de explotación. Lo hicieron en un pueblecito cercano a Los Ángeles y así fue como Edison contribuyó, sin quererlo, a la construcción del imperio del Cine: Hollywood.

Uno de los primeros en dar el paso de salir por patas de la Costa Este fue Carl Laemmle, quién abandonó su negocio de telas por fundar la Yankee Film Company en el año 1909. También fundó la Universal City de 430 km cuadrados, ubicada en el Valle de San Fernando (L.A.), dónde vivían los empleados de la industria del cine y que tenía su propio alcalde y servicios públicos.

No es todo oro lo que reluce sobre este famoso inventor. Los rumores sobre sus malas artes para hacerse con inventos de otros o evitar la competencia, vienen de antaño, y si no... que se lo digan a Nikola Tesla y su personal 'guerra de las corrientes'.

*Este artículo lo podrás encontrar en la Quo de papel Nº198 en la sección #Quonectados.

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