Una ‘bisonta’ dibujando en la arena se ha convertido en icono de la mujer en la prehistoria.

La ‘bisonta’ modelada en cerámica y policromada siguiendo los volúmenes, hace referencia a las líneas de colores tierra que perfilan las pinturas de bisontes de la cueva de Altamira.

Antes de que Homo sapiens supiera escribir, ya sabía pintar. Esta es una de las razones por las que la artista Marina Roca Díe dio forma a una ‘bisonta’ pintando en la arena, un figura híbrida, como icono de la prehistoria a la luz del siglo XXI.

Marina Roca Díe es una artista plástica contemporánea. Su obra fascina e incomoda por partes iguales. Roca Díe maneja las negruras de Goya, también los brillos de Picasso. Cuando eligió “musas”, se quedó con Egon Schiele, Francis Bacon, Georg Baselitz, Lucian Freud; todos retorcidos y deconstructores del cuerpo humano. “El arte debe afirmar la naturaleza primitiva del ser humano”, señala Marina Roca Díe refiriéndose a la sexualidad.

Y con esos mimbres, que parecen forjados en la tripa más que en elevado espíritu, modeló una ‘bisonta’ pintando en la arena como icono de la Mujer en la Prehistoria.

La figura ha protagonizado las jornadas sobre Mujer en la Prehistoria, el origen de la Humanidad, celebradas en el Instituto de las Mujeres.

Jornada online: El origen de la Humanidad contado desde la mujer

Entrevistamos a Marina Roca Díe

¿Por qué no dos mujeres encendiendo una hoguera con dos palos; por qué no una mujer cazando con una lanza, por qué no la figura de una venus en piedra…? ¿Qué te hizo elegir una ‘bisonta’ para representar a la mujer en la prehistoria?

La mujer en la prehistoria es todo el mundo, y a lo largo de 40.000 años. Había que reducir el ámbito, porque es inmenso. ¿Qué mujer, de qué prehistoria, de dónde…? Decidí decantarme por Altamira, porque es un referente nacional e internacional, que todo el mundo conoce. Es súper icónico. Además, las obras de Altamira tienen una mezcla entre escultura y pintura que me gusta.

¿Por qué escultura?

Una de las particularidades de las imágenes de las cuevas de Altamira es que el dibujo se adapta al volumen. Consiguen un punto a medias entre aplanar la realidad en dos dimensiones, que es lo que hace un dibujo, y adaptarlo al volumen, que es lo que hace la escultura.

Por eso me decidí por el icono del bisonte, e hice una ‘bisonta’ (que no se me echen encima las lingüistas. Se que es una palara que no existe) policromada, para seguir las línea de la prehistoria.

¿Por qué una figura híbrida, mitad mujer mitad animal?

Para mí era importante que fuera un híbrido, entre mujer y animal, porque se cuenta más poesía en los márgenes del lenguaje.

Le puse cabeza de bisonte, pero era importante que tuviera pechos femeninos y manos de ser humano.

La cara de un bisonte hembra y un macho se parecen muchísimo, así que no se habría diferenciado. El bisonte es una imagen que se ha utilizado tanto en la historia del arte, que si pongo un rostro de bisonte, todo el mundo habría dicho que era un macho. Así que le puse pechos femeninos. Y luego le puse manos absolutamente humanas, con el pulgar oponible, usando una herramienta. Pintando.

¿Por qué pintando?

Yo quería que estuviera realizando una acción. Cuando eres artista figurativo, lo primero que te preguntas es quién es esa figura, y qué hace. En las representaciones de la mujer, a lo largo de la historia del arte, la mujer no hace nada. Es musa, está estática, a ser posible desnuda, para que la miremos todos, y no realiza una acción particular. Ocurre así a lo largo de la historia del arte. Por eso quería ponerla a hacer algo, y ese algo, para mí, es dibujo.

Solo los humanos dibujamos

El dibujo es un rasgo distintivo del ser humano. En la realidad hay volumen. Se puede considerar que la escultura son las tres dimensiones, y surge en la realidad. Un  árbol es una escultura, una piedra es una escultura. Pero la pintura es un aplanamiento de esas tres dimensiones a dos, y eso es impepinablemente humano. Quería hacer ver ese rasgo tan humano que es el aplanamiento de la realidad, el dibujo.

¿Por qué en la arena y no en una cueva?

Está pintando en a arena  porque es posiblemente el primer lugar del dibujo. Cuando uno camina en la arena y se da cuenta de que sus huellas se están marcando, surge algo, surge la impronta. Imagino que los primeros dibujos del mundo fueron líneas en la arena, marcas, que después empiezan a simbolizar algo, comunicar algo. Por eso quería hacer alguien pintando en la arena.

Yo dibujo en la arena del parque y juego a preguntar a las niñas y niños qué ven en lo que hago.  Se quedan fascinados porque con unas sencillas marcas ven un significado, saben lo que es.

¿Las pinturas de Altamira pudieron ser un juego?

No dudo  que la cueva de Altamira fuera un lugar especial para aquellas comunidades, pero las personas que han hecho esos dibujos, han tenido que practicar antes. No son dibujos amateur, son dibujos que requieren un entrenamiento previo, observar la naturaleza, y plasmarlo en dos dimensiones.

Debieron pintar en la arena con el palo, en corcho con un carboncillo, en el cuerpo, fuera de la caverna, y me imagino que de ahí pasaban a la cueva y hacían esas pinturas especiales, con más significado que solo el entrenamiento.

A veces cuentas más cuando estás diciendo menos. Quería cerrar con una pequeña reflexión, un juego de imaginación que surgió a raíz de conversaciones sobre las mujeres en la prehistoria. ¿Si yo fuera una mujer de Altamira, qué estaría haciendo? Unas dirán: cazadora, otras dirán cuidadora, yo estaría dibujando y, probablemente, cuidando.