Ella, neandertal. La mujer de una especie humana que habitó Europa, del Mediterráneo a Siberia, durante 200.000 años, un periodo de tiempo inmenso. Perteneció a la última especie homo con la que compartimos un mundo virgen.

 “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”, Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad.

Ella, neandertal. Los suyos se extinguieron hace 40.000 años, coincidiendo con la llegada de nuestra especie a lo que hasta entonces eran sus tierras. Y nos quedamos solos. No sin antes tomar de ellas los jugos del sexo, como quiera que fuera el sexo en la era de las cavernas.

Hace apenas 10 años se reconstruyó meticulosamente el genoma neandertal  a partir de tres hembras encontradas en Vindija, Croacia. Se reveló que nos habíamos cruzado con ellos en distintos momentos de nuestra historia común. Y las mujeres neandertales dieron a luz hijos de hombres sapiens.

En estos bebés híbridos vive la herencia femenina de los neandertales. Estos bebés mixtos persistieron a lo largo de miles de generaciones. Sus miles de millones de descendientes todavía estamos aquí, caminando sobre una tierra mucho menos virgen.

El flujo genético entre los primeros humanos modernos y los neandertales se produjo en diversas ocasiones a lo largo de 200.000 años. En la imagen superior, una pareja de mujer neandertal y hombre Homo sapiens. / José Antonio Peñas para SINC

Los análisis de ADN realizados hasta hoy muestran que esa hibridación se produjo por uniones entre hombres sapiens y mujeres neandertales.

¿Quiénes eran ellas?

“Sabemos que tenían una fisiología distinta, pero también una psicobiología distinta a la nuestra: un modo distinto de ver el mundo”, relata Antonio Rosas, antropólogo, profesor de investigación del CSIC y uno de los mayores expertos del mundo en neandertales.

La mujer de Altai, que vivió en el oeste de Siberia hace unos 90.000 años; la mujer que habitó la cueva de Chagyrskaya; las mujeres de El Sidrón. Neandertales. Hablaban como hablamos nosotras, eran conocedoras de hierbas medicinales, cuidaban de débiles y enfermos. Tenían la piel blanca y el cabello entre rubio y pelirrojo. Eran robustas y vivían en grupos muy pequeños y aislados: sus redes sociales eran mucho menos complejas que las de las sociedades sapiens.

Aunque algunos neandertales sobrevivieron al frío de las eras glaciales del Pleistoceno, muchos vivían en climas más templados. En su día a día, estaban  familiarizadas con el chasquido de las pezuñas de los renos y el bramido de los mamuts entre el chirriar de las cigarras.

“Se han encontrado muchos menos restos de mujeres neandertales que de hombres”

Lo primero que desvela Antonio Rosas es que hay muy pocas: “Se han encontrado muchos menos restos de mujeres neandertales que de hombres”. Nunca hubo más de 15000 neandertales viviendo en un mismo tiempo. Se conocen alrededor de 465 individuos (casi la mitad inmaduros). Y de ellos, entre 90 y 100 podrían ser mujeres neandertales. “Aunque sospecho que pueden ser menos”, puntualiza Antonio Rosas. Apenas se ha hallado un puñado de fósiles rescatados de la piedra y el polvo del tiempo. Muy pocos son esqueletos completos. Molares, una mandíbula, con suerte una pelvis.

Nacer

Uno de los pocos esqueletos completos de una mujer neandertal se encontró en el Monte Carmelo, en la entonces Palestina, en 1932. Ella es conocida como Tabūn 1.

Sus huesos de la cadera están parcialmente conservados y con ellos realizaron una reconstrucción en 3D para investigar cómo daban a luz las mujeres neandertales.

“El canal de parto reconstruido indica que el parto fue tan difícil en las mujeres neandertales como en los humanos actuales, pero la forma del canal indica que tenían un mecanismo de nacimiento más primitivo” describe el artículo publicado en PNAS.

El esquema del canal del parte una una mujer sapiens comparado con el de Tabun, la mujer neandertal. 

Sus bebés no realizarían la compleja operación de rotación y giro para nacer que tiene lugar en nuestra especie. Aun con dificultades, debido a la pequeña diferencia entre el tamaño de la cabeza del feto y el canal del parto, nacerían de un modo más sencillo al nuestro.

Las adolescentes neandertales dejaban la tribu en busca de nuevas parejas

«Los individuos masculinos permanecen en el territorio de la descendencia y las mujeres son las que cambian de grupo”

Un estudio realizado en los trece neandertales de El Sidrón (Asturias) mostró que eran ellas las que abandonaban la tribu en busca de nuevas parejas.

En las sociedades neandertales se practicaba la exogamia femenina, es decir, las mujeres adolescentes eran las que cambiaban de grupo, las que se iban de “casa”. En las sociedades de primates y las humanas en general suele ser más frecuente que sean las hembras las que cambian de grupo.

“En el Sidrón hemos visto que hay patrilocalidad, que es otro nombre del mismo fenómeno –explica Antonio Rosas-  Los individuos masculinos permanecen en el territorio de la descendencia y las mujeres son las que cambian de grupo”.

Que fueran ellas, las mujeres neandertales, las que salían en busca de nuevos horizontes, explicaría que nosotros, los híbridos, seamos el resultado del encuentro de varón sapiens – mujer neandertal. Una mujer neandertal entraría en un grupo sapiens, que sabemos más numeroso y sofisticado, y no hace falta mucha ciencia para imaginar el resto de la historia.

“Hay indicios genéticos, pero en este caso no estamos seguros de que sea un patrón o una norma. Puede ser que haya sido una anécdota, pero en los pocos casos que conocemos, la hibridación es fruto de mujer neandertal y hombre sapiens”, puntualiza Antonio Rosas.

Recreación de un grupo de los trece neandertales que habitaron la cueva de El Sidrón, en el territorio que hoy conocemos como Piloña, Asturias, hace 49.000 años.

Según relata Rosas había otros modos de encontrar pareja y evitar la endogamia. “Es posible que cada cierto tiempo, grupos que vivían aislados, en territorios más o menos inconexos, esporádicamente se juntaran, por ejemplo para cazar renos o bisontes. Después procesaban juntos toda esa carne, y es muy posible que en esas ocasiones las mujeres jóvenes se emparejaran con individuos de otras tribus”.

Las mujeres neandertales eran mucho menos diferentes a nosotras

¿Hay alguna razón por la que son tan pocos los restos de mujeres neandertales que se conservan en comparación con los de hombre?

“Los huesos de los hombres son más robustos, y esto ha podido favorecer la conservación. Pero también hay que destacar que los restos masculinos descubiertos están en fosas, fueron enterrados. Aunque hay fosas femeninas, son muchas menos. Cabe plantearse que se enterraban más o de manera más llamativa a los individuos masculinos que a los femeninos” explica el antropólogo.

El menor número de mujeres neandertales encontrado ha hecho que la descripción de la especie esté basada en el arquetipo que define al hombre.

Antonio Rosas destaca que el menor número de mujeres neandertales encontrado ha hecho que la descripción de la especie esté basada en el arquetipo que define al hombre. Digamos que es un modo de “invisibilización” de la mujer neandertal.

«La neandertalidad se manifiesta de un modo más llamativo en los hombres  y por eso parecen muy distintos a nosotros»

“La imagen que se ha configurado de los neandertales se basa en esqueletos y restos masculinos. Los esqueletos más completos, los que permiten mejor caracterización son de hombres. Hasta tal punto que han sesgado nuestra manera de describirles como especie, con un cráneo más voluminoso, con una mandíbula más grande y arcos superciliares muy robustos. Esos rasgos que llamamos neandertales están mucho más expresados en los hombres que en las mujeres. La neandertalidad se manifiesta de un modo más llamativo en los hombres  y por eso parecen muy distintos a nosotros”.

Las mujeres neandertales serían “menos distintas a las mujeres sapiens que los hombres”, dice Rosas. Sería más difícil encontrar diferencias entre ellas y nosotras.

Sabemos que heredamos de ellas los genes del pelo rojo, y que su piel debía ser clara. Tenían  un cuerpo rechoncho, ancho, muy musculado. En las descripciones de las mujeres preneandertales de Atapuerca estiman que podían llegar a pesar 100 kg.

El antropólogo australiano Peter McAllister calculó la fuerza de los brazos de una mujer neandertal (La Ferrassie 2) cuyos restos fueron encontrados en Francia en 1909, y asegura que habría batido a Schwarzenegger si le hubiera echado un pulso.

Su fortaleza es un indicador de que participaban en  trabajos en los que en las sociedades modernas nos cuesta encajar a la mujer, como la caza mayor, y más aún tal y como cazaban las mujeres neandertales.

Las mujeres neandertales participarían en la caza mayor del mismo modo que los hombres. Era una caza muy peligrosa, al encuentro, al acecho

“Se ha propuesto que las mujeres neandertales participarían en la caza mayor del mismo modo que los hombres. Era una caza muy peligrosa, al encuentro, al acecho. Los neandertales no tenían proyectiles, es decir, no fabricaron lanzas que se proyectaran. Tenían lanzas que sujetaban con su cuerpo, con ese cuerpo fuerte y robusto. Cazaban un rinoceronte o un mamut al encuentro. Y eso solo se consigue con una caza en grupo”.

Es muy probable que las mujeres empuñaran herramientas de carnicería después de la sangrienta caza y prepararan la piel de los animales que les servían de abrigo. La sangre de los animales y las fibras de las pieles frescas dejan un brillo particular en las herramientas de piedra, por eso sabemos que las usaban hace más de 50.000 años.

Y tenían división de tareas. “Al analizar los dientes de los  neandertales de El Sidrón hemos observado que las marcas de hombres y mujeres son ligeramente distintas. Usaban los dientes como una tercera mano, para sujetar, rasgar, pelar, curtir la piel, las fibras vegetales etc. Sabemos por la diferencia en las marcas de dentición que hacían trabajos diferentes, pero no podemos decir cuáles”.

¿Se adornaban? Lo hacían. “Se ha encontrado en fosas con enterramiento lápices de ocre, material ferruginoso, con un desgaste propio de habérselo pasado por la piel de un modo recurrente. Eso quiere decir que se pintaban el cuerpo. Hay neandertales (sin poder precisar si son hombres o mujeres) asociados con adornos, cuentas de collar, con raquis de plumas de grandes rapaces, de buitres, trabajadas para dar forma a lo que debían ser penachos que les sirvieron de adorno”.

Se pintaban el cuerpo. Hay neandertales asociados con adornos y cuentas de collar

¿Y pintaban? El arte rupestre asociado (aunque discutido) a neandertales puede ser una mano, unas manchas, unas rayas… Rosas explica que “en cualquier caso, no es figurativo y es mucho más simple que el que logró nuestra especie. “Los sapiens, hace 40.000 años pintaron las leonas de la cueva de Chauvet,  algo que para mí tiene una delicadeza artística extraordinaria. Como dijo Picasso sobre Altamira, desde entonces el arte lo único que ha hecho ha sido degradarse”.

Es verdad que no desarrollaron un arte rupestre como el nuestro, pero el instrumental lítico, sus herramientas, son indistinguibles de las que usaban los sapiens en el Próximo Oriente hace 100.000 años.

Hay cerebros que funcionan de forma distinta, que perciben el mundo de un modo diferente, y las mujeres neandertales percibían el mundo de un modo distinto al nuestro

¿Y cómo veía el mundo aquella mujer neandertal? “Sabemos que el universo cognitivo de los neandertales era distinto al nuestro. Hay marcadores genéticos distintos en ellos y sabemos que cuando están alterados hay diferencias en la cognición. Hay cerebros que funcionan de forma distinta, que perciben el mundo de un modo diferente, y los neandertales percibían el mundo de un modo distinto al nuestro.  No podemos saber en qué”.

Un día de hace 40.000 años, un tiempo inmenso, los neandertales se extinguieron. Podemos imaginar a la última mujer neandertal al abrigo del fuego, curtiendo  la piel del último animal cazado al encuentro. La última hoguera encendida en aquel mundo virgen. Y con su fin, se hizo la noche por última vez para los neandertales.