Instrucciones para morir

En la aridez del desierto egipcio, un jardín de flores y frutales garantiza frescor y paz. No es de extrañar que los habitantes de la época faraónica desearan llevarse ese solaz a la otra vida. Así nos lo habían contado diversas representaciones en las paredes de las tumbas descubiertas hasta ahora, como la que muestra la ilustración.

En ellas se recogían las instrucciones que el propietario había dejado para su funeral y la disposición de su enterramiento. Pero nunca se habían hallado restos de esos vergeles.


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El primer jardín desenterrado

Hasta ahora, según acaba de anunciar el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El equipo dirigido por su investigador José Manuel Galán ha desenterrado un jardín de unos 4.000 años de antigüedad a la entrada de una tumba en Luxor (Egipto).

La estructura, de tres por dos metros, se eleva medio metro sobre el suelo y está dividida en filas de cuatro o siete cuadrados de 30 cm de lado cada uno. Los dos del centro sobresalen en altura y probablemente albergaron un árbol, no se sabe si de la misma especie que el tamarisco que sí se ha conservado en una esquina de la cuadrícula. Se pueden apreciar claramente la raíz y unos 30 cm del tronco del también llamado pino salado, típicamente mediterráneo.

 

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¿Plantas sagradas?

Aún no se han determinado los cultivos del jardín o huerto, pero Galán, miembro de nuestra Selección Española de Ciencia, cree que se elegían en función de su valor simbólico: “Sabemos que a la palmera, al sicomoro o a la persea se les asociaba con la esperada capacidad de resurrección del difunto. Por otro lado, plantas como la lechuga tenían connotaciones de fertilidad y por tanto, de vuelta a la vida. Ahora habrá que esperar a ver qué plantas logramos identificar mediante el estudio de las semillas recogidas. Es un hallazgo único, espectacular, que abre múltiples vías de investigación”.

El proyecto Djehuty, impulsado por el arqueólogo, seguirá esas líneas para desvelar más detalles tanto de la vida cotidiana como del entorno natural sobre el año 2.000 a.C. En esa época se excavó la tumba a la que se ha asociado de momento el jardín. Justo entonces, Tebas (como se denominaba entonces Luxor) acababa de convertirse en la capital conjunta de reino unificado del Alto y Bajo Egipto, bajo la dinastía XII. 

 

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Dátiles para los dioses

En uno de los bordes, había además restos de un cuenco con dátiles y otros frutos aún sin identificar, que podrían corresponer a una ofrenda.

 

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Lápidas con nombre propio

A unos 200 años después corresponde otra parte del descubrimiento: una pequeña capilla de adobe de 46 cm de alto, 70 de ancho y  55 de profundidad, con tres lápidas de piedra en su interior. En sus inscripciones se distinguen los nombres de Renef-seneb, el soldado (“ciudadano”) Khememi y Satidenu, de quien se especifica que era el hijo de la señora de la casa. También se menciona al dios local de la antigua Tebas, Montu, y a los dioses de carácter funerario Ptah, Sokar y Osiris.

“Estos descubrimientos subrayan la importancia de esta zona de la colina de Dra Abu el-Naga como lugar sagrado para el desarrollo de una gran variedad de actividades de culto durante el Reino Medio, lo que ayuda a entender la alta densidad de tumbas de épocas posteriores y el simbolismo religioso que alcanza esta zona de la necrópolis”, ha manifestado José Manuel Galán.
 
Para la 16ª campaña de excavaciones arqueológicas, en la que se incluyen estos trabajos, los investigadores han contando con el patrocinio de Técnicas Reunidas y de Indra.

 

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