Esto está pasando en tu cuerpo

“La vida empieza en lágrimas y caca... Luego síguense baba y moco.” El soneto de Francisco de Quevedo abre paso a nuestro perfil más escatológico. Pero todo ese conjunto de desechos cumple una función saludable

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Toca hablar de lo cotidiano: heces, eructos, pis, sudor y mocos. Es decir, el lado más ignominioso de nuestro organismo, pero esencial para nuestra supervivencia. Equilibra el cuerpo con lo que pueda llegar de fuera. ¿Por qué, entonces, tanto recato? Los psicólogos Óscar Argumosa e Itziar Fernández, de la Universidad del País Vasco, han estudiado la relación entre nuestras emociones y su respuesta fisiológica, y dicen que estamos demasiado condicionados social y culturalmente: “Cualquier expresión fisiológica, como el llanto, casi nunca es recibida y se queda ahí latente a la espera de ser desahogada cuando encuentre ocasión. Por más que se quiera reprimir esa necesidad, en algún momento hará acto de presencia”.

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Babeo que no cesa

Durante los dos primeros años de vida, el bebé no ha aprendido aún a tragar la cantidad de saliva que genera, y la expulsa en forma de baba. Segregamos entre uno y dos litros cada día. Si el 99% es agua, ¿cómo se explica ese aliento nauseabundo al despertar? Ese 1% restante guarda sustancias que durante la noche libran una despiadada batalla contra los microbios de la boca. A pesar de tan execrable detalle, la saliva es vital para la digestión y muy potente en la detección precoz de tumores y enfermedades.

Ventosidades

Generamos hasta un litro y medio de gas cada día. Así que son recomendables hasta 10 o 20 diarias. ¡Salud! Es lo que deberíamos decir cuando alguien en nuestra presencia decide aliviar tan etérea carga. De acuerdo con una polémica investigación en la Universidad de Exeter, el inmundo olor que desprenden es síntoma de buena salud. Su contenido en sulfuro de hidrógeno protege las mitocondrias, orgánulos necesarios para nuestro organismo. El momento más soez, cinco horas después de cada comida.

Semen

Reconstituyente
Como multivitamínico, el semen no tiene precio. Unos pocos mililitros contienen las mismas proteínas que un huevo hervido, y más de 30 componentes saludables. Anda últimamente alicaído, con una calidad que lo coloca en mínimos históricos debido a nuestro estilo de vida y mala alimentación. Por eso, se ha convertido en el fluido humano más cotizado y buscado para inseminarse. Internet ha creado un supermercado virtual para la adquisición de semen con precios que pueden llegar a los mil euros con tal de hacerse con alguno de esos 80 millones (400 en el mejor de los casos) de espermatozoides que se expulsan en cada eyaculación. Con similares cifras, se entiende que algunas tribus aún lo tomen como portador de poder y sabiduría.

Bacterias

Boca a boca
En un beso de 10 segundos, unos 80 millones de bacterias intercambian su residencia y alegran así un ecosistema de cien billones de microorganismos.s Más de 720 especies de bacterias han tomado nuestra boca. La idea provoca escalofrío, pero nadie podrá disputarle a nuestra garganta el título de la mejor anfitriona, dejando campar a sus anchas a millones de microorganismos y células muertas que aprovechan cualquier recoveco. ¿Altruismo? No tanto. A cambio de hospedaje, tan fascinante microbioma colabora eficazmente en la digestión de los alimentos, la síntesis de nutrientes y la prevención de enfermedades. Solo algunas desalmadas rompen el equilibrio y son causantes de infecciones y tumores.

Heces

Después del soneto de Quevedo, la ciencia vuelve a dignificarlas hablando de ellas como un segundo cerebro humano, con sus propias reglas y disputas internas. La doctora Irina Matveikova explica en su libro Inteligencia digestiva  que el intestino piensa, siente y establece una interacción entre el fenómeno cotidiano de evacuar y nuestro estado de ánimo. Así, el último bocado avanza decidido por un camino de metro o metro y medio, y topará con microbios pertenecientes a 40 o más cepas, somatizando nuestros miedos y enfermedades, y decidiendo qué forma y consistencia tomarán cuando, pasadas entre 6 y 20 horas, sean definitivamente expulsadas.

Legañas

Quién no ha salido a la calle con el pelo revuelto y su mejor legaña? Esas chinguiñas –como dicen en México– que complican nuestro primer abrir de ojos son una secreción similar al moco. Se deposita en la comisura de los párpados durante la noche y forma un almacén mugriento, amarillento y graso, pero muy eficaz para la salud ocular. Como si fuesen vigías, las legañas se colocan de manera que cierran el paso a las células epiteliales muertas de las pestañas, al polvo y a otras partículas que han ido a parar ahí. Aunque no resulten demasiado estéticas, sabemos al menos que el ojo está bien lubricado.

Orina

Repulsivo
No importa que contenga zumo y esté sin estrenar. El asco es el mismo. Desde su punto de partida, los riñones, inicia un periplo por los bajos fondos hasta llegar a la vejiga, donde se almacena a la espera de ser expulsada por la uretra. Eliminamos alrededor de 1,4 litros cada día.
El 95% es agua. El resto, sales minerales, urea y ácido úrico. Genera mucha aversión, pero contiene menos bacterias que la saliva o las heces. Los antiguos monjes tibetanos bebían su propia orina. ¡Y vivían más de 100 años!

Mocos

¡Aaaa... chís!
¡Cuidado con la onda expansiva! En la tos y los estornudos se disparan más del 98% de las partículas. Están presentes en los episodios más repugnantes. Hasta el individuo más pulcro se ha hurgado alguna vez la nariz arrojando al  vacío las pelotitas que forma con sus dedos. Esta sustancia de fea apariencia es una magnífica defensa para nuestro organismo. Lubrica nuestras vías respiratorias y actúa como pegamento para retener las partículas y sustancias extrañas. Si no fuese por el efecto barrido, el moco nos ahogaría.

Sudor

Por los pies
Con una media de 500.000 glándulas sudoríparas, pueden generar medio litro de sudor en un día de calor. Amás de uno ya le habrá ganado el sudor, y en lugar de repelús le despertará cierta simpatía si le ha llegado la noticia de que científicos de la Universidad de Utrecht, en Países Bajos, han detectado que el fluido, cuando se transpira en estado de felicidad, contagia esta emoción. Antes tendrá que superar el trance de olerlo. Por más que nos digan que es inodoro, las
partículas con las que entra en contacto en nuestros poros hacen que desprenda un inevitable hedor. Además de felicidad, delata emociones negativas, como el nerviosismo.
Al menos, los labios y los pezones son ajenos al sudor.

Ácaros

Parásitos
Todos los tenemos en cantidades abundantes, pero solo en el 14% de los humanos los ácaros son visibles si la piel está raspada. Los jóvenes no tienen. Mejor llevarse las manos a la cabeza que a la cara, después de saber que miles de criaturas microscópicas de ocho patas y unos 400 micrones pululan sin vergüenza por el rostro de cualquier ser humano, incluso con la piel recién lavada. Su lugar predilecto para anidar, aparearse y morir son las pestañas. Para sus descubridores, un equipo de biólogos de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, sigue siendo un misterio saber cómo llegaron hasta aquí  estos parásitos llamados Demodex, aunque creen que, por su diversidad genética,  su vida guarda muchos secretos acerca de cómo se propagaron los pueblos humanos por el mundo a lo largo de la historia.

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