¿Pagar o no pagar?

Cuántas veces se puede arruinar un país y otras curiosidades sobre la larga historia de la deuda pública

 

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Afán recaudatorio

Las colonias de las grandes potencias fueron en muchas ocasiones las encargadas de soportar el peso de las deudas de la metrópoli. La ilustración superior es una sátira de 1780 titulada Un nuevo método de pagar la deuda nacional. En ella se ve al rey Jorge III de Inglaterra frente al Tesoro Nacional, recibiendo bolsas de monedas recaudadas en una carretilla por William Pitt, su ministro de Finanzas. Pitt redujo el débito estatal aumentando sin precedentes los impuestos que pagaban los territorios americanos, lo que sería una de las causas de la rebelión de las colonias.

La deuda Odiosa

Un concepto que está de plena actualidad, pero que viene de lejos. Durante siglos, los estados han recurrido a él (de forma legítima o no) para no hacer frente a sus obligaciones. Pero en 1923 adquirió por primera vez respaldo jurídico internacional cuando el Gobierno de Costa Rica se negó a pagar las deudas que el ex dictador Federico Tinoco había contraído con el Royal Bank de Canadá. El proceso contó con el arbitraje de William H. Taft, magistrado de la Corte Suprema de EEUU, quien sentenció que el Gobierno costarricense estaba exento de pagar, ya que el banco “debió comprobar que el dinero iba a ser empleado para usos legítimos, y no lo hizo”.

El monarca que condonó a sus súbditos lo que debían

Hammurabi, rey de Babilonia, fue el primer soberano que decretó la condonación de todas las deudas de su pueblo. Alrededor del año 1750 a. C., proclamó que en tiempos de sequía o escasez las cuentas de los ciudadanos quedaban saldadas. De esta forma buscaba evitar el malestar que pudiera conducir a un estallido social.

Un obligación para los ciudadanos

El concepto de deuda pública se modernizó en Flandes, en el siglo XVII. Anteriormente, los préstamos se concedían a los reyes, pero cuando estos morían, las deudas desaparecían con ellos, lo que provocó que los banqueros fueran más precavidos. Para garantizarles que no dejarían de cobrar, las ciudades holandesas acordaron que la deuda se repartiera entre toda la comunidad, y que a cada ciudadano le correspondiera abonar una parte.

Banqueros que buscaban garantías
Desde el año 1500, la banca de los Países Bajos destacó como una de las más potentes de Europa. Aquí vemos a unos prestamistas holandeses pintados por Marinus van Reymeswaele.

El primer default fue en Grecia

Sucedió en el año 377 a. C. La llamada Liga de Delos era la alianza entre unas 150 ciudades-estado griegas, que acordaron usar el templo de Apolo, en Delfos, como un primitivo banco común al que proveer de fondos para financiar las necesidades de sus miembros. El problema surgió cuando muchas polis no pudieron devolver los préstamos, lo que supuso la perdida del 80% de los fondos de la Liga.

A devaluar

Para afrontar los compromisos adquiridos con el fin de sufragar sus campañas militares y sus fastuosas obras, los emperadores romanos recurrieron a un truco: sustraer parte de la plata con la que se fabricaban los denarios y sustituirla por otras aleaciones. El récord lo alcanzó Caracalla, en el siglo III, que la redujo a un exiguo 25%.

¿Debe aún Alemania dinero a Grecia?

El actual Gobierno griego estima en 279.000 millones de euros la cifra que (dicen) Alemania les adeuda en concepto de reparación por la ocupación nazi. El tema se remonta a 1953, cuando en el Tratado de Londres EEUU y veintidós naciones europeas acordaron realizar una quita de la deuda alemana anterior a la II Guerra Mundial, que ascendía a 22.600 millones de marcos, y la de la posguerra, estimada en otros 16.200. El total quedó reducido a 14.000 millones, una cifra que se acabó de pagar en 2010.

La guerra de los acreedores

Antaño no era raro que las naciones trataran de cobrarse por la fuerza de las armas lo que les debían otros países. El caso más célebre es el de la invasión de México. En 1861, el presidente Benito Juárez anunció que el Gobierno del país americano dejaría de pagar la deuda que mantenía con varias naciones europeas. En respuesta, Francia, Gran Bretaña y España formaron una alianza que envió un ejército conjunto para ocupar territorio mexicano. Las tropas expedicionarias desembarcaron en Veracruz en 1862. Tras una dura negociación en la que Juárez manifestó su deseo de cumplir con sus compromisos financieros, pero que la situación de bancarrota del país se lo impedía, los ejércitos británico y español se retiraron. No así los franceses, que ocuparon el país hasta 1867.

Banqueros al borde de la ruina por la morosidad

El primer caso conocido de impago de la deuda externa de una nación moderna tuvo lugar en 1340, cuando el rey Eduardo III de Inglaterra se negó a hacer frente a los compromisos que tenía con los dos grandes bancos de Florencia, el de la familia Peruzzi (en el grabado) y el de los Bardi. Los banqueros italianos le prestaron un millón de florines, con los que el soberano financió el inicio de la que sería la Guerra de los Cien Años. La negativa a saldar dicha cuenta casi arruinó a ambas familias.

La austeridad nació en Roma

El debate entre partidarios y detractores de la austeridad de los estados como medio para superar la actual crisis polariza el panorama europeo. Uno de los primeros defensores de la tesis de que los gobiernos debían recortar sus gastos fue el político, filósofo y orador romano Marco Tulio Cicerón. Ya en el año 55 a. C. defendió que: “El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, y la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada”.

Sucursales de cobro

Tras la Guerra del Opio, en 1849, China quedó obligada al pago de una deuda de veintiún millones de dólares a los británicos. Para controlar el cobro, Gran Bretaña abrió varias sedes, los Councils, en todo el país. En la foto, el de Shanghái.

Las primeras quiebras de España

Tal y como se explica en el gráfico superior, España es la nación que más veces ha incurrido en impagos. Catorce. La deuda se elevó de forma alarmante con Carlos V, debido a las guerras y a los pagos (859.000 florines de oro) para obtener el título de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Las cuentas cuadraban a duras penas, pero fue su hijo Felipe II quien se encontró con una deuda inasumible de veinte millones de ducados, por lo que tuvo que suspender pagos tres veces durante su reinado.

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