Selfie total

Esto es todo lo que la ciencia sabe de ti con sólo mirarte a la cara

Seguro que, si no a diario, al menos una vez durante el último mes te has hecho un autorretrato para compartirlo en Instagram o Twitter. De hecho, según un estudio del Pew Internet & American Life Project, el 54% de los usuarios de internet suben fotos a menudo, y alojadas solamente en Instagram –la red social que popularizó los archiconocidos selfies– hay unos 79 millones de imágenes que contienen la etiqueta #selfie. Pues aunque parezcan intrascendentes, estas imágenes nuestras, así como las que ilustran nuestros perfiles en Facebook y LinkedIn, son más relevantes y dicen de nosotros más de lo que piensas.

A primera vista

Según una investigación reciente realizada por un equipo de la Universidad de York, en Inglaterra, en solo 100 milisegundos ciertos rasgos de la cara de una persona, como su mandíbula, su boca, sus ojos y sus pómulos, marcan la primera impresión que se llevan otras personas sobre su honradez, atractivo o personalidad. Y según el caso, esta imagen puede provocar que consigamos un trabajo o que alguien decida contactar con nosotros para entablar una relación. El equipo de la Universidad de York, liderado por el psicólogo Tom Hartley, estudió las características físicas de 1.000 fotos de rostros variados en los que analizó cómo influyen uno por uno los 65 principales atributos faciales de cada persona en el primer juicio social. Para comprobarlo, también lo hicieron al revés, es decir, generaron caricaturas que producían una impresión predecible en los observadores y comprobaron que así era. Pero ¿eso significa que podríamos saber cuál es la forma de la mandíbula que nos da un aspecto más amable o la forma de las cejas que nos hace más distantes? “En realidad, se trata de un conjunto y no de rasgos aislados”, asegura Harley, cuyo sueño es darle una salida comercial a su algoritmo.

Una aplicación para móviles seleccionará tu mejor foto para cada tipo de red social

“Una de las posibilidades de futuro es desarrollar una aplicación para móviles que seleccione la mejor foto para subirla a LinkedIn y a Twitter, e incluso cabría la posibilidad de incorporar el algoritmo a la cámara del dispositivo para que tomara la foto adecuada en cada momento”, termina Harley .

En esta misma línea, un equipo del Laboratorio de Ciencias Computacionales e Inteligencia Artificial del MIT ha creado otro algoritmo capaz de estudiar cada foto y “retocarla” para hacerla inolvidable. Sin cambiar los rasgos sustanciales del rostro, este programa sabe qué recordaremos con más facilidad y lo modifica en consecuencia. Algo que podría resultar muy interesante, por ejemplo, para imágenes que usemos en procesos de selección de personal.

También, según otra investigación de la Universidad de Charles, en Praga, y publicada recientemente en la revista PLOS One, algunos rasgos faciales también son relacionados, a primera vista, con una mayor o menor inteligencia. Los rostros más alargados, con mayor distancia entre los ojos, una nariz más grande, un ligero repunte en las comisuras de la boca y un mentón más puntiagudo son considerados indicios de inteligencia alta. Por el contrario, cuanto más redondeada sea la cara y los ojos estén más juntos, menor será la inteligencia percibida, aunque evidentemente esto no siempre se corresponde con el coeficiente intelectual real de su portador. Entonces, ¿realmente la cara es el espejo del alma?

David Perrett, profesor de Psicología y Neurociencia de la Universidad de St. Andrews, lleva años estudiando qué dice nuestra cara de nosotros, un trabajo que ha recopilado en forma de libro en In your face: The new science of human attraction (Ed. Palgrave McMillan). Al hacerle esta pregunta, Perret apunta: “En la cara de una persona se pueden ver muchas cosas: si es introvertido o extravertido, si es más o menos meticuloso, cómo es de cálido o generoso, e incluso si es o no de fiar. Aunque no se trata de una ciencia exacta y no siempre es infalible, pero evidentemente nuestros rasgos y gestos faciales reflejan nuestra salud y, por supuesto, nuestro estado de ánimo”. Sin embargo, para profundizar en esto es importante saber cómo interpretamos los rostros de los demás.

Miramos el lado izquierdo

Según indica un estudio realizado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, ambos hemisferios cerebrales tienen que ver en el proceso de reconocimiento facial, pero cada uno cumple una función diferente. Mientras que el giro fusiforme izquierdo informa de lo parecida que es la imagen a una cara, sin embargo, es el derecho quien afina. Según un estudio de la Universidad de Barcelona, nuestro cerebro “se fija” sobre todo en los ojos, y después en la nariz y la boca. Y parece que lo primero que procesamos es lo que vemos a nuestra izquierda. Lo constató un experimento realizado por Perrett en 2001. El investigador mostró a varios sujetos mezclas de caras con la mitad izquierda de un hombre y la derecha de una mujer. Muy pocas personas se dieron cuenta de que las dos partes eran diferentes, y de hecho, la mayoría concluyó que se trataba de rostros de hombres. “Estamos tan ocupados en analizar el lado izquierdo que no llegamos a ver las diferencias con el otro lado. Damos por hecho que son iguales”, asegura Perrett. Así que, en teoría, a la hora de juzgar un rostro, la parte izquierda, y después el triángulo entre los ojos y la boca, son nuestros objetivos principales. Pero en la capacidad para reconocer caras también hay grados.

Ceguera facial y súper reconocedores

El famoso neurólogo Oliver Sacks sale todos los días a pasear a su perro y durante el trayecto se cruza a diario con una mujer que también va acompañada de su can. La saluda porque sabe que es la chica del golden retriever, pero si la viera en cualquier otro sitio sin su mascota, ni siquiera la reconocería. La razón es que Sacks sufre prosopagnosia, una enfermedad rara que afecta solo al 2% de la población y que consiste en una disfunción cerebral que produce una incapacidad total para el reconocimiento de rostros, incluido el propio. Quienes la padecen desarrollan desde niños la capacidad de relacionar otros rasgos, como la voz y la forma de caminar, para distinguir a sus semejantes y así suplir los problemas sociales que les acarrea esta dolencia.

A lo largo de nuestra vida somos capaces de reconocer 10.000 caras

En el lado opuesto, un equipo de la Universidad de Harvard publicó una investigación en 2009 en el Psychonomic Bulletin & Review sobre un grupo de personas, a las que denominó “súper reconocedores”. Se trata de personas que tienen una habilidad especial para reconocer, incluso años después, a alguién que solo vieron unos segundos comprando en la misma tienda y con quienes ni siquiera cruzaron una palabra. Lo normal, según los expertos, es recordar hasta 10.000 caras diferentes a lo largo de nuestra vida y algunos estudios han demostrado que somos capaces de reconocer a personas que conocimos hace 10 años.

Pero, una vez reconocido el rostro, ¿qué hace que nos parezca más o menos bello?

Por tu cara bonita

En este punto, la teoría más extendida es la de la simetría. Algo que tiene, en principio, una explicación evolutiva. No en balde, según la ciencia, las asimetrías no son más que el resultado de una mala alimentación, enfermedades o problemas durante la gestación que nos han pasado factura. E incluso, según una investigación realizada en 2011 por científicos de la Universidad de Edimburgo, el análisis del rostro de cualquiera podría indicar cómo fue su infancia. Según estos expertos, al analizar 15 rasgos faciales diferentes, llegaron a la conclusión de que las personas con rostros más asimétricos tendían a tener una infancia más pobre y una crianza más difícil que quienes tenían rostros simétricos. Su estudio sugiere que las experiencias que vivimos en los primeros años de nuestra vida, la nutrición, enfermedad y exposición a contaminantes (el humo del tabaco, por ejemplo), dejan su marca en nuestros rasgos faciales de adultos.

Así, uno de los autores de este estudio, el profesor Ian Deary, aseguraba: “Creemos que la simetría de la cara es un indicador de lo que se denomina la estabilidad de desarrollo, es decir, la capacidad que tiene el cuerpo para soportar los factores de estrés ambiental y no ser derribado en su camino hacia la madurez”.

De bebés grabamos a fuego el rostro de nuestros padres. Sus rasgos influyen en la posterior elección de pareja

En resumen: cuanto más simétricos, mejor salud. De hecho David Perrett hizo experimentos en los que retocaba una parte del rostro para hacerla más simétrica con la otra y, aunque quienes la miraban no sabían decir por qué, lo cierto es que les resultaba más atractiva. Hay estudios que aseguran incluso que los hombres más simétricos tienen mejor calidad espermática. Y eso que, sin embargo, parece que la asimetría no siempre es ventajosa.

Claus-Christian Carbon, profesor de Psicología de la Universidad de Bamberg, en Alemania, ha investigado qué hace atractivos los rostros de los famosos. Según sus hallazgos, el propio mecanismo cerebral de reconocimiento facial hace que percibamos mucho más las asimetrías cercanas al eje central y de la primera mitad del rostro; es decir, nariz y ojos. Así que en algunas profesiones, como las de actor y cantante, en las que es importante que los demás “se queden con tu cara”, acentuar las asimetrías en esa parte del rostro podría ser de gran ayuda. Algo así como lo que le sucede a Cindy Crawford con su lunar en la comisura del labio.

Pero, aparte de este pequeño detalle, nadie diría que el rostro de esta súper modelo no es simétrico ¿verdad? Y es que, según Carbon, estas asimetrías forzadas son eficaces siempre y cuando no se salgan demasiado de la media. Pues la normalidad también es un rasgo universal de la belleza y rostros con una nariz demasiado grande o desequilibrios demasiado evidentes dejarían de ser considerados agradables.

Sea como fuere, según una investigación reciente de las Universidades de California y Toronto, parece que el rostro de una mujer es más atractivo cuanto más cercana sea la distancia entre sus ojos y su boca al 36% de la longitud de su cara, y la distancia horizontal entre sus ojos suponga más o menos el 46% de la anchura de su rostro

Y por último, según Gillian Rhodes, de la Escuela de Psicología de la Universidad del Este de Australia, otro rasgo universal de la belleza es el dimorfismo sexual.

Diferencias sexuales

Los hombres y las mujeres divergimos en la pubertad. En los hombres, la testosterona estimula el crecimiento de la mandíbula, los pómulos, el entrecejo y el pelo facial. Mientras que en las mujeres, los estrógenos incrementan el grosor de los labios y propician una mandíbula más pequeña. Todos estos cambios son síntomas de madurez sexual y reproducción potencial, por lo que no es de extrañar que sean considerados atractivos para el sexo opuesto”, afirma Rhodes.

También, según una investigación realizada por Perrett, valoramos como más atractivos en los demás los rasgos de nuestros progenitores. ¿La razón? La fijación de las características de los padres en la mente de los niños cuando estos son bebés. Para sobrevivir, los niños tienen que reconocer claramente las características de sus principales protectores, por lo que sus rasgos físicos más relevantes, como el color de los ojos y el cabello, se graban a fuego en nuestra memoria.

Para probarlo, el investigador reclutó a 300 hombres y 400 mujeres que habían crecido con ambos padres y que mantenían algún tipo de relación sentimental en el momento del estudio. De lo primero que los investigadores se dieron cuenta fue de que las parejas tendían, entre ellas, a tener similares colores de ojos y de pelo. Esto podría obedecer a una razón cultural, ya que frecuentemente, según estudios del equipo de Perrett, elegimos a personas similares a nosotros, pues nos resultan familiares. Sin embargo, les llamó mucho la atención que la mayoría de las personas estudiadas habían elegido el color de ojos y cabello de su pareja dependiendo de los atributos del padre del sexo opuesto. Así, si la madre de una mujer tenía los ojos azules y el padre marrones, ella era más proclive a elegir a hombres de ojos castaños. Lo mismo ocurre con los hombres y sus madres. También, aquellos cuyos progenitores les habían tenido después de los 29 años tenían cierta preferencia por los rasgos maduros, mientras que aquellos con padres más jóvenes tenían preferencia por parejas incluso más jóvenes que ellos mismos.

Aunque según Perrett solo hay una excepción en esta teoría: “Hemos llegado a la conclusión de que esta regla se cumple siempre que no haya un hermano/a más pequeño que se parezca físicamente al progenitor que debíamos copiar. Si es así, huimos de esos cánones y buscamos lo contrario”.

Entonces ¿tan importante es para nuestra vida el rostro? “Totalmente vital. En nuestra infancia para darnos seguridad y reconocernos a nosotros mismos ante un espejo, y durante toda nuestra vida como tarjeta de presentación y método para interactuar con los demás”, termina Perrett.

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Mira al pajarito

Una mandíbula redondeada, amplia sonrisa, ojos separados y las aletas de la nariz amplias les dirán a los demás que se pueden fiar de ti. Mientras que el gesto serio y un rostro afilado les harán salir corriendo. Una investigación reciente de la Universidad de York ha estudiado los rasgos faciales de hombres y mujeres en 1.000 fotografías digitales y ha determinado cómo influyen hasta 65 atributos físicos del rostro en la imagen que los demás tienen de nosotros.

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El primer rostro

Cuando miras al romundia es como si te miraras al espejo, pero con una imagen de hace 415 millones de años”, asegura Per Ahlberg, de la Universidad de Uppsala y autor de un estudio publicado en febrero en la revista Nature. El romundia, o Entelognathus primordialis (en la foto) es un pez que vivió en los mares de la actual China y del que ahora se ha descubierto que desarrolló la primera mandíbula compleja de aspecto moderno conocida hasta el momento. Este hallazgo supone un duro golpe a las viejas creencias que aseguraban que el último ancestro común de todos los seres con mandíbula era un antecesor del tiburón moderno.

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A puñetazos

Aunque se pensaba que el rostro humano evolucionó por la necesidad de masticar alimentos duros, una investigación reciente asegura que el del hombre lo hizo para minimizar los daños internos derivados de luchas por las hembras.

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¿Tienes pinta de listo?

Si eres un hombre y tienes un rostro alargado, los ojos bastante separados y las comisuras de los labios ligeramente levantadas, todo aquel que te mire pensará que eres de lo más listo. Al menos eso asegura un equipo de investigadores de la República Checa, que ha llegado a esta conclusión tras un análisis detallado de las fotos de 40 hombres y 40 mujeres para determinar la relación entre el rostro y la inteligencia. Sin embargo, también concluyeron que la fuerte atracción que provoca el rostro de las mujeres no les permitió sacar las mismas conclusiones en el caso de las féminas.

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Casi humano

Deep Face, la tecnología que reconoce caras desarrollada por Facebook, tiene una precisión superior al 97%, pues, según sus creadores, han conseguido simular casi a la perfección el reconocimiento facial humano.

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‘Selfie’ terapia

Stacey Yepes, una mujer de 49 años de Toronto, notó que su rostro se congelaba. En ese momento, se hizo un autorretrato con el móvil y lo guardó. Al llegar a Urgencias, aunque los síntomas habían remitido, la foto que había tomado ayudó a los médicos a diagnosticarle isquemia cerebral.

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