Prostitutas famosas

Las mujeres de este reportaje tienen tres cosas en común: sus historias son reales, todas alcanzaron la gloria y empezaron siendo meretrices

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A veces, el camino que hay que recorrer para pasar de furcia a princesa es más corto de lo que parece. Existen decenas de sinónimos de la palabra prostituta, y todos tienen un matiz negativo. Pero, aunque la prostitución suele ser sinónimo de marginación, también hay profesionales del sexo que han usado sus habilidades eróticas para convertirse en emperatrices, artistas, heroínas de la patria y hasta en colaboradoras de la ciencia.
Una olla común de amor y sexo
Por no faltar, no faltan siquiera prostitutas que han sido abanderadas de la revolución  marxista proletaria, tal y como demuestra la historia de una concienciada meretriz chilena apodada La Flaca. En 1926, miles de obreros se ganaban la vida al norte del país sudamericano trabajando duramente en las minas de salitre. Y junto a ellos se había asentado también un ejército de más de cuatro mil rameras.
Pero ese año, los trabajadores iniciaron una huelga que se prolongó varios meses, y las prostitutas, viendo que el dinero empezaba a escasear, se plantearon emigrar a otro lugar más próspero. Fue entonces cuando, en una asamblea, la Flaca tomó la palabra y dijo que ella se quedaba. E igual que las mujeres de los obreros hacían ollas solidarias para compartir los alimentos, ella propuso a sus compañeras hacer “una olla común de amor y sexo”.
Sus palabras calaron hondo: las prostitutas se quedaron y ofrecieron sus servicios a cuenta, apuntando meticulosamente todos los “polvos”. Y así, cuando finalmente los obreros lograron un aumento del 4% en sus salarios, La Flaca y sus socias aplicaron el mismo porcentaje a las deudas acumuladas.
En el laboratorio
Probablemente no se haya rendido aún suficiente tributo a los servicios que las meretrices han prestado a la Medicina y la Psicología. No hay que olvidar que los primeros estudios sexológicos serios o sobre salud sexual se realizaron gracias a la colaboración de estas mujeres. Así, el doctor Alexandre Parent-Duchatelet llegó a recabar el testimonio de ¡tres mil! furcias parisinas, que sirvieron de base para un estudio pionero sobre enfermedades venéreas realizado en 1836.
Igualmente, en 1966, los sexólogos norteamericanos William H. Masters y Virginia E. Johnson contaron con la inestimable colaboración de cuarenta de estas profesionales del sexo para un estudio psicológico titulado La respuesta sexual humana.
Y no han sido esas sus únicas contribuciones en este terreno. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, varios hospitales de Estados Unidos recomiendan el sexo con prostitutas como terapia para pacientes afectados por graves mutilaciones.
Batallones de fulanas patrióticas
Seguro que se pueden contar con los dedos de una mano los presidentes, reyes o dirigentes de cualquier tipo que hayan agradecido a las fulanas los servicios prestados a la patria. Y uno de ellos fue Ulysses S. Grant.
En 1882, el presidente estadounidense ordenó organizar un verdadero batallón de prostitutas para que (al igual que las visitadoras de la obra de Mario Vargas Llosa) proporcionaran relax y entretenimiento a los obreros y soldados que trabajaban en la construcción del Union Pacific, el ferrocarril que cruzaba el Oeste americano.
A las chicas se les dispensó una despedida oficial en Chicago, durante la cual Grant llegó a proclamar con solemnidad: “Todos tenemos nuestra manera de cumplir con la patria”.
Herederas directas del escuadrón de Grant fueron las soldaderas mexicanas, furcias que acompañaban al ejército de Pancho Villa. Muchas de ellas pasaron a ser esposas de los soldados y madres de sus hijos, y algunas incluso se convirtieron en combatientes y he­roínas de la revolución.
Una de las más letales fue Dolores Jiménez,  apodada “la Coyotita”. ¿Que cuál fue su hazaña? Se dirigió con sus chicas a la guarnición de la ciudad de Morelos, y allí se entregaron a la tropa.
Así, mientras los soldados disfrutaban de una orgía de sexo y tequila, los hombres de Villa aprovecharon la noche de lujuria y desenfreno para introducirse en el recinto; de ese modo, liquidaron a todos sus enemigos cuando retozaban con las chicas.

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Victorine Meurent

Una ramera en el Louvre
¿Quién era? Una joven francesa, hija de una modesta pareja de artistas, que soñaba con ser pintora.
Una Lolita precoz: A los 16 años empezó a trabajar posando como modelo, pero la necesidad la empujó a la prostitución.
Especialidad erótica: Su juventud la hizo una pieza muy cotizada para los maduros clientes del local donde estaba empleada, uno de los más famosos burdeles parisinos. Y su mayor talento sexual, según los cronistas, era masajear todo el cuerpo de sus clientes con sus carnosos senos.
Musa expresionista: Fue inspiración para el pintor Edouard Manet, quien, fascinado por su cabellera cobriza, la convirtió en su amante y en su modelo preferida, inmortalizada en varios lienzos. Entre ellos: El almuerzo campestre y Olympia, que pueden admirarse en el Museo del Louvre.
Alumna aplicada: Pero Victorine no se limitó a retozar con su protector y a posar desnuda para él. Aprendió la técnica de su arte y, con los años, ella también se convirtió en pintora. Logró cierta notoriedad con el lienzo Un burgués de Nuremberg. Tristemente, ninguna de sus obras ha llegado hasta nosotros.

Madame Pompadour

Concubina que amó el arte y la ciencia
¿Quién era? Jeanne-Antoinette Poisson, quien llegó a ser una influyente cortesana de Versalles.
Su especialidad erótica: Flagelar a sus clientes y atarlos con arneses. Era lo que hoy se llama una dominatrix. El rey Luis XV se prendó de ella en sus visitas al salón donde la chica ejercía las artes del castigo.
Lucha de arpías: Ya en palacio, luchó por los favores del rey con su otra favorita, la duquesa de Chateauroux. Para librarse de ella, la concubina usó la magia negra y el veneno. Y su rival, temiendo por su vida, se retiró a un convento.
No era tan mala: La Pompadour se reveló como una sensible mecenas de científicos y artistas.
Elogio póstumo: Prueba de su gran labor es que, tras su muerte en 1764, Voltaire escribió: “¿Cómo es que toda Francia no llora? Si este es el Siglo de las Luces, en parte se lo debemos a ella”.

Teodora de Bizancio

Llegó a conventirse en  la gran emperatriz de la Cristiandad
¿Quién era? Una joven de portentosa belleza nacida en Creta (en 503) y que emigró a Constantinopla. Para huir de la miseria, empezó a trabajar con sólo 16 años en una casa de citas.
Su especialidad erótica: Se hizo famosa protagonizando un curioso striptease: Se tumbaba desnuda sobre el escenario, abriendo bien las piernas mientras unos esclavos cu­brían con grano las partes estratégicas de su anatomía. Entonces, aparecían seis gansos que picoteaban los granos mientras ella se convulsionaba de placer. Acosada por sus admiradores, la hermosa Teodora vendió muy caros sus favores. Y así, a los 19 años tenía ya su propio lupanar.
Su redención: Tras convertirse al cristianismo, Teodora abandonó su antigua profesión y se transformó en hilandera. Trabajaba en un taller cercano a palacio, y allí conoció al príncipe Justiniano, heredero del trono, quien se enamoró y se casó con ella. 
La emperatriz bondadosa: Cuando Justiniano se convirtió en emperador, Teodora no se olvidó de sus viejas compañeras, las prostitutas. La emperatriz decretó leyes que convirtieron en proscritos a los proxenetas, y las rameras del reino fueron “conminadas” a abandonar su profesión en el plazo de tres meses. Las que no lo hicieron fueron recluidas en un palacio bautizado como “El castillo del arrepentimiento”, donde se las sometió a un programa de reeducación, con clases de poesía, música, canto y buenas maneras. Y si alguna pupila quería casarse, la propia emperatriz le pagaba una generosa dote.

Scylla

Una meretriz que derrotó a la viciosa Mesalina y salvó la vida del emperador Claudio
¿Quien era? Según relata Suetonio en su obra Historias de putas famosas, era la mayor ramera de Roma.
Especialidad erótica: En la puerta de su casa colgaba este aviso: “Doy placer a tres hombres a la vez con mis tres agujeros. Aunque vayáis con prisa, entrad”.
Un duelo épico: La emperatriz Mesalina retó a Scylla a ver quién satisfacía a más hombres en una noche. El duelo sexual duró horas, hasta que el emperador Claudio, fascinado por la chica, le aconsejó que se dejara ganar si no quería que Mesalina la hiciera matar. Agradecida: Scylla se convirtió en espía y confidente de Claudio, y le avisó de que Mesalina y su amante iban a asesinarle. Y la emperatriz perdió la cabeza.

Julia Bulette

La madame benefactora de enfermos y de esclavos
¿Quién era? La madame del mayor burdel de Virginia City.
Su especialidad erótica: Ella no ejercía, pero presumía de tener las chicas mejores y más limpias del estado.
Un gran corazón: Miss Bulette odiaba la injusticia, y convirtió su casa en un refugio para los esclavos fugitivos. Pero se ganó definitivamente el cariño de sus vecinos cuando se desató una epidemia de tifus y ella transformó el lupanar en hospital para cuidar, junto a sus chicas, de los pacientes.

Joan Crawford

De actriz del porno lésbico a estrella de Johnny Guitar
¿Quién fue? Su auténtico nombre era Lucille LeSueur, y llegó a convertirse en una de las más grandes estrellas del cine de todos los tiempos.
Call-girl: Llegó a Hollywood en 1920, acariciando el sueño de ser bailarina y actriz. Pero como tantas otras chicas, no encontró trabajo y acabó dedicándose a la prostitución; con una salvedad… Era lesbiana, y sus clientes fueron casi siempre mujeres.
Su especialidad erótica: Su portentosa lengua. Según dijo de ella la escritora Tallulah Bank­head, quien gozó de sus servicios en varias ocasiones: “Podía llevarte a las puertas del paraíso con un par de movimientos de su lengua”.
Su salto a la fama: No fueron años fáciles para ella. En 1922 fue arrestada por ejercer la prostitución, y rodó varias cintas pornográficas. Pero su suerte cambió al conocer a la periodista Hedda Hopper, quién la recomendó en la Warner Bros.
Nació una estrella: El resto es historia del cine. Con el nombre artístico de Joan Crawford se convirtió en una diva de la pantalla, y protagonizó filmes como ¿Qué fue de Baby Jane? (1962). Aunque siempre se la recordará por su papel de Vienna, la mítica heroína de Johnny Guitar (1954).

Belva Gartner

Corista que reinó en Broadway
¿Quién era? Un ama de casa de Chicago que, en 1924, llevaba una doble vida: era corista en un show erótico y se sacaba un sobresueldo “montándoselo” con los clientes del local. 
Especialidad erótica: “Polvos” rápidos en los coches de sus ligues.
Su peor noche: Un tipo la chantajeó amenazándola con contarle todo a su marido. Ella perdió los estribos y le mató a tiros.
Su gran suerte: La procesaron por asesinato, pero su abogado logró confundir al jurado y logró que la chica ¡fuera absuelta!
Salto al éxito: Se asoció con otra chica que había conocido en la cárcel, Beulah Annan, y juntas se lanzaron al mundo del espec­táculo: protagonizaron una obra basada en sus azarosas vidas. Beulah falleció al año, de tuberculosis, pero Belva llegó a ser una estrella.
Tras triunfar como actriz, Belva dejó los escenarios en 1946 y se casó con un magnate europeo.
La historia de Belva inspiró el personaje de Roxie Hart, la “heroína” del musical Chicago que encarnó Renée Zellweger.

Lorraine Page

Justiciera urbana y escritora de obras eróticas
¿Quién es? Una mujer policía de Los Ángeles que, por su adicción a las drogas, se convirtió en puta callejera.
Especialidad erótica: “Trabajos bucales” a los conductores de Hollywood Boulevard por el precio de una dosis.
Su gran hazaña: Varias prostitutas aparecieron en las cunetas asesinadas a martillazos por un psycho-killer. Ella ayudó a sus ex-compañeros a capturar al criminal haciendo de cebo.
Reformada: Curada de su adicción, la ex policía se convirtió en activista en pro de los derechos de las prostitutas.

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