Chulazos de playa (o piscina)

12 sex symbols en bañador y un infiltrado

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Como lo prometido es deuda, aquí va la galería de galanes en bañador o en paños menores. Que la disfrutéis. He realizado una mezcla bastante ecléctica. Así, hay algunos que son muy conocidos, y otros no tanto. Y junto a ellos he incluído a un infiltrado que, más que por su carrera cinematográfica, destaca por sus patéticas ansias de protagonista. ¿Sereis capaces de descubrir cuál de todos es?

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Clint Eastwood

Todo el mundo tiene un pasado. y el tío Clint no iba a ser menos. Muchísimo antes de convertirse en el supermito cinematográfico que es actualmente, el amigo Eastwood posaba de esta guisa para una foto promocional de la Universal, cuando simplemente era un aspirante a estrella. Hay que decir que en aquellos tiempos la suerte no le acompañaba. Solo le salían papelitos en filmes de serie B y un protagonista en una serie de TV titulada Látigo. Pero la fortuna le llegó de rebote. En 1964, cuando Sergio Leone estaba buscando un protagonista para Por un puñado de dólares, tras recibir las negativas de Lee Marvin y James Coburn, contactó con Richard Harrison, un actor americano de segunda fila que trabajaba en Italia rodando peplums (ya sabe, películas de romanos o griegos cachas). Harrison no pudo aceptar el papel debido a otros compromisos, pero le enseñó a Leone la foto de otro actor amigo suyo que daba la pinta de cowboy. Ese actor era Clint. Leone nunca había oído hablar con él, pero le gustó su imagen y le contrató. Además, Eastwood de aquella trabajaba por cuatro perras. Encima Leone le exigió que se trajera él mismo el vestuarido, así que Clint fue a una tienda de Los Ángeles, se compró un sombrero de vaquero y un poncho y se fue a Italia. El resto... pues ya es historia del cine.

Alain Delon

Es difícil soportar tanta belleza, ¿verdad? En fin... ¿qué podemos decir a estas alturas de Alain Delon que no se haya escrito ya? Pues podemos contar que en su juventud se alistó en la Legión Extranjera francesa y que fue enviado a indochina, participando en la célebre batalla de Dien Bien Phu. Estuvo prisionero durante once meses antes de regresar a Francia. Fue descubierto por el productor David O´Selznik (el de Lo que el viento se llevó), quien le vio casualmente durante un fin de semana en Cannes. Como Delón no sabía inglés, Selznik finalmente no le hizo ninguna oferta concreta, pero el muchacho se tomó en serio su consejo de convertirse en actor. El filme que le lanzó a la fama fue A pleno sol (1959), donde interpretaba a Tom Ripley, el criminal creado por Patricia Highsmith. Luego vendrían El gatopardo (1962), El silencio de un hombre (1966), y tantos títulos míticos. Como en el caso de Clint y Connery, lo suyo ya es historia del cine. Me queda decir que además de actor fue promotor de boxeo, avalando la carrera del trisstemente célebre Carlos Monzón (actualmente en prisión por tirar a su esposa por la ventana con letales consecuencias), y que tuvo polémicas relaciones con la mafia marsellesa y un la ultraderecha de Le Pen. Bueno, nadie es perfecto. Ni siquiera Delon.

Douglas Fairbanks

Bien, aquí ya no hablamos de un mito del cine, sino de una auténtica leyenda. Seguramente, los lectores más jóvenes para saber quien era tendrán que preguntarle a sus bisabuelos, pero yo les adelanto que Douglas Fairbanks es una figura inmortal. Fue la primera gran estrella masculina de la historia del cine. Poseía un cuerpo atlético, casi elástico, capaz de realizar cualquier proeza física. Su agilidad era digna del mejor de los trapecistas, y eso le sirvió para protagonizar las mejores películas de acción de los años del cine mudo. El ladrón de Bagdad (1924), dirigida por el maestro Raoul Walsh, es su filme más célebre. Pero la escena por la que ha pasado a la historia es una de El pirata negro (1926), en la que se descuelga del palo mayor a través de la vela, rasgándola con su cuchillo, y manteniéndose en equilibiro gracias tan solo a la fuerza de sus poderosos bíceps. Lo dicho, un atleta sin igual. Pero, además, Fairbanks fue un productor culto e inteligente, y el fundador de la United Artist junto a Charles Chaplin, Mary Pickford y David Wark Griifith.

Gregory Peck

Bonita foto, ¿verdad? En principio no pensaba meter a Peck en esta galería, y si lo he hecho ha sido únicamente porque me gustaba la imagen. Como se queridos/as lectores/as que ustedes son gente culta, no les voy a ilustrar con la obra y milagros artísticos de este actorazo, ya que son de sobra conocidos. Aprovecharé, eso sí, para recomendarles dos de sus filmes menos populares: Y llegó el día de la venganza (1966), un curioso filme sobre los maquis españoles con Anthony Quinn haciendo de guardia civil, y Yo vigilo el camino (1970), uno de los filmes más tristes y depresivos que he visto nunca, en el que Peck interpreta a un sheriff que cae enfermizamente enamorado de una adolescente.

Joe Dallesandro

Con esta pinta de brutote y esa belleza arisca que podríamos calificar de pasoliniana, el bueno de Joe fue el mito erótico por excelencia del cine underground de los años 60 y 70. En su adolescencia se ganó la vida posando desnudo como modelo y ejerciendo incluso de chapero. Su suerte cambió al ser descubierto nada menos por Andy Warhol, que le convirtió en uno de los iconos sexuales del pop art. Así, Dallesandro protagonizó una serie de películas experimentales producidas por Warhol y dirigidas por Paul Morrissey: una trilogía titulada Trash, Heat y Flesh. Como actor, combinó su trabajo en estas producciones underground, con filmes más ambiciosos llegando incluso a interpretar al gangster Lucky luciano en la superproducción Cotton Club (1984). Hay que recordar también que los Rolling Stones eligieron la foto de su entrepierna para ilustrar la portada de su disco Sticky Fingers. El director de cine John Waters, gay y fan declarado de Joe Dallesandro, llegó a decir sobre él:"Fue el primer sex symbol madsculino abiertamente erotizado que caminaba desnudo a través de la pantalla". Pues eso.

John Gavin

Tengo una gran amiga que afirma que este actor era el mayor cañón masculino del cine americano de los 50. Bueno, no me negarán que no estaba nada mal. En la foto podeis verle (a la izquierda) luciendo su poderoso torso junto a Lawrence Olivier en la escena de la sauna de Espartaco (1960). Tenía cara de buen tipo y por eso ganó su popularidad en filmes románticos, algunos de ellos dirigidos por el gran Douglas Sirk, como Imitación a la vida (1958). También fue el héroe de Psicosis (1960), y en 1971 estuvo a punto de conseguir el papel de James Bond cuando Sean Connery abandonó la saga, aunque finalmente se lo arrebató el insípido George Lazemby. Gavin dejó el cine a finales de los 70 y se dedicó a la política, llegando a ser embajador de EE UU en México durante los gobiernos de Ronald Reagan.

John Phillip Law

Voy a confesarlo de una vez. Este es el hombre que siempre quise haber sido. Sin alas, eso sí. ¿Por qué? Pues porque fue Pygar, el ángel que seducía a Jane Fonda en mi admirada Barbarella (1968). Y no solo eso. Compartió además cartel con la bellísima Caroline Munro en la deliciosa El viaje fantástico de Simbad (1973), y con la no menos espectacular Marisa Mell en Diabolik (1968), que personalmente la considero la mejor película que jamás se ha realizado basada en un cómic. Law tenía un cuerpo trazado con tiralíneas. Peroa demás de un sex symbol fue un tipo con una vida muy interesante (estuvo muy metido en los circuitos underground y marginales de EE UU y Europa en los años 60), y tiene una filmografía nada despreciable que, aparte de los títulos citados incluye películas como El Barón Rojo (1971). Como curiosidad señalar que en Los indomables (1971) hacía de hijo de Geraldine Chaplin que, miren que cosas, era más joven que él.

Jeffrey Hunter

Pertenecía a la misma generación de estrellas juveniles que también formaban chicos como Robert Wagner y Tab Hunter. Lo que le evitó quedar encasillado en filmes para el público adolescente fue que además de guapo era un actor magnífico, y John Ford lo eligió para interpretar tres de sus mejores películas, Centauros del desierto (1956) y El último hurra (1958) y Sargento negro (1960). Fue además el Jesucristo más atractivo de la historia del cine en Rey de reyes (1961). Desafortunadamente, su fimografía no es muy larga ya que falleció prematuramente en 1966 a causa de un desafortunado accidente: se calló al subir por una escalera rompiéndose el cráneo.

Ricardo Montalbán

Hala, un poco de poder latino con este actor mexicano hijo además de emigrantes españoles. Hoy se le recuerda simplemente por su fama de galán, pero Montalbán era también un actor de mucha categoría. Y ahí están interpretaciones como la de Sayonara (1957) para corroborarlo. Tuvo también una exitosa carrera como astro televisivo gracias a una serie titulada La isla de la fantasía. Y los más frikis de ustedes (o trekkies), lo recordarán sobre todo por haber sido el temible Kahn en la saga de Star Treck.

Ryan Reynolds

Hala... uno de la nueva hornada, para que no se me quejen y luego anden diciendo que solo saco glorias viejunas. Y que quieren que les diga: a mi este chico me cae muy bien porque es un actorazo. Comenzó su carrera interpretando bobadas varias, pero se redimió de todo eso gracias a su papelón en la angustiosa Buried (2010), ya saben, la película de Rodrigo crotes en la que se tira todo el metraje enterrado en un ataúd. En ella realizó un tour de force interpretativo que ya quisieran otros actores mucho más reputados. Acabamos de verle como protagonista de Linterna verde (2011), una bobada aún mahor que las que rodó en sus comienzos. Pero tengo la intuición de que la carrera de Ryan, si no se descuida, va a estar repleta de papeles de altura. Para que digan que ejerzo de pitoniso.

Sean Connery

¿Pero que ven mis ojos? Todo un Sir medio desnudo y haciendo posturitas... porque si, damas y caballeros, el galán de la foto no es otro que Sean Connery en una foto de jueventud. El hoy famosísimo actor, se alistó en la marina británica con dieciseis años y tras licenciarse comenzó a ganarse la vida posando como modelo en la escuela de Bellas Artes de Edimburgo. En 1953 se presentó incluso al concurso de Mister Universo, quedando en tercera posición, lo que le sirvió para entrar en el mundo del cine. Sus inicios como actor no fueron nada destacados; pequeños papeles (generalmente de villano) en filmes de serie B. Llegó incluso a hacer de gnomo en un filme de Walt Disney. En aquella época tuvo incluso un romance con Lana Turner, siendo amenazado de muerte por el amante de esta, el gangster Johnny Stompanato. Y como todo el mundo sabe, su suerte cambió para siemrpe cuando fue elegido para interpretar a James Bond en 007 contra el Doctor No.

Tab Hunter

Le llamaban el efebo rubio de Hollywood, y fue una de las máximas estrellas masculinas de los años 50 (aquí le vemos a la izquierda, junto a Roddy mcDowall). Protagonizó películas tan famosas como Más allá de las lágrimas o Malditos yankis (1958), musical de Stanley Donen por el que incluso ganó el premio de, la crítica estadounidense al mejor intérprete del año. Pese a su belleza, su imagen despedía un aire turbio, lo que le sirvió para interpretar a personajes oscuros, como en El salario de la violencia (1961), un magnífico western de Phil Karlson. Pero su fama comenzó a declinar cuando se descubrió su homosexualidad (tuvo incluso un romance con Anthony Perkins). El cine le cerró sus puertas y tuvo que refugiarse en la televisión. En los 80 su figura conoció una nueva etapa de popularidad gracias a directores como John Waters, quien le recuperó para el reparto de Polyester. En esa época también trabajó en Grease 2 y en otros filmes por el estilo que trataban de exlotar la nostalgia de la década de los 50.

Vicente Fernández

Viajamos más allá de los confines de la serie B e incluso de la Z, para presentarles al auténtico rey de la serie WC, aún recordado por su lamentable papel en El Hombre merluzo, probablemente la película más costrosa de superhéroes jamás rodada. En ella, como recordarán, tras probar una ración de mero en mal estado se convertía en un híbrido entre besugo y centollo cuyo único poder era... pues el de decir merluzadas varias. Posteriormente obtuvo un gran éxito gracias al corto protagonizado, dirigido, escrito y producido por él mismo, titulado Yo, otra vez yo, yo mismo y mi ombligo; un delirio onanístico-narcisita que por el que recibió el premio a la mejor cinta en el festival de cine de su escalera. Tampco le hizo ascos al teatro, logrando una memorable actuación en la obra por él mismo escrita, Hamlet visto desde atrás, con la que realizó una exitosa gira por diversas prisiones chechenas (salió con vida y eso, en tales lugares, ya se considera exitoso). Aún no ha hecho realidad su sueño de trabajar junto a la gran, simpar e inigualable Cristina Higueras. ¿Lo logrará algún día? Sinceramente lo dudamos, ya que tenemos entendido que ella es una mujer cabal. En fin... actualmente Vicente, gracias al programa de reinserción social de Hearst S. A, trabaja en la redacción de Quo donde tratan (sin mucho éxito por otra parte... todo hay que decirlo) de convertirle en un ser útil para sus semejantes. Ingenuos.

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