La dentadura postiza de George Washington podría estar hecha con dientes de esclavos

Y también con marfil de hipopótamo

La leyenda cuenta que George Washington era un hombre tímido al que le costaba sonreir. Pero la realidad es que esa actitud se debía puramente a motivos estéticos provocados por la perdida de su dentadura. El que fuera el primer presidente de los Estados Unidos perdió su primer diente a los 20 años y, a la edad de 56, cuando fue nombrado primer mandatario de la nueva nación, ya solo tenía uno. Por ese motivo siempre usó dentaduras postizas con un hueco por el que sobresalía la pieza sana.

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Pero, ¿de qué estaban hechas esas dentaduras? Un estudio realizado por especialistas de la Universidad de Virgina, ha revelado que, al menos una de ellas, estaba fabricada con marfil de hipopótamo y dientes humanos. Y el aspecto siniestro de la historia viene sobre la posible procedencia de esos dientes, ya que los investigadores consideran probable que fueran de esclavos.

Al parecer, en aquellos tiempos era bastante frecuente que los dentistas comprasen sus dientes a los esclavos por cantidades irrisorias de dinero, y también a las personas que vivían en la miseria (resulta atroz imaginar que se le pudieran extraer los dientes a una persona viva, pero era así). Es casi imposible saber con exactitud la procedencia de los dientes de Washington, pero la posibilidad de que fueran de esclavos no es descabellada.

Eso conduce a revisar cual fue la postura de George washington sobre el tema de la esclavitud. Por un lado, el mismo tuvo esclavos; más de trescientos en la última etapa de su vida. Pero también firmó algunas leyes que trataban (al menos en teoría) de "humanizar algo" (siempre desde la perspetiva de su época, claro está) esta inhumana práctica. Pero lo que está claro es que el primer presidente de EE UU nunca fue un abolicionista convencido.

Volviendo al posible origen de los dientes, tampoco se descarta la posibilidad de que procedieran de muertos. De hecho, era una práctica común arrancárselos a los caídos en el campo de batalla, para venderlos después a los dentistas y médicos de las ciudades cercanas.

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