Las pesadillas más comunes son un reflejo de tres tipos de frustraciones

Los malos sueños están conectados con nuestro deseo de ser eficientes, tener una vida social satisfactoria y disponer de tiempo para uno mismo

Analizar el significado de una pesadilla es un atarea delicada y compleja, ya que el inconsciente es un terreno movedizo. No existen unas reglas claras para interpretar que quieren decirnos, y cada detalle debe ser analizado en relación con otros muchos. Pese a ello, varios estudios van ofreciendo pautas que nos permiten entender un poco mejor por qué sufrimos pesadillas y cómo debemos afrontarlas.

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El más reciente de esos estudios ha sido realizado por psicólogos de la Universidad de Cardiff, en Gran Bretaña, y revela que algunas de las pesadillas más comunes están directamente relacionadas con tres tipos de frustraciones muy concretas. Los investigadores realizaron un experimento con un grupo de voluntarios a los que les pidieron que relataran sus pesadillas más recurrentes, que resultaron ser: ser atacados por algo o alguien, caer al vacío y sentirse paralizados ante un peligro o amenaza.

Luego, analizaron el día a día de esos mismo voluntarios, su nivel de ansiedad y de estrés, el grado de satisfacción que sentían... Y llegaron a la conclusión de que ese tipo de pesadillas era un reflejo inconsciente de tres tipos de deseos insatisfechos de las personas que las sufrían: el deseo de estar bien conectado socialmente con el entorno, el de ser competentes en lo que hacían, y el de sentirse libres y de disponer de tiempo para uno mismo.

Es necesario tener en cuenta que un estudio de este tipo tiene sus limitaciones, pero sus resultados son bastante interesantes y apuntar en la dirección de que las pesadillas (lejos de cualquier significado esotérico o misterioso) son un reflejo de nuestra propias carencias vitales.

Según datos de la American Academy of Sleep Medicine, el 4% de la población adulta sufre pesadillas de forma recurrente. Pero existen otras muchas causas aparte del estrés o la frustración que pueden producirlas. El consumo de ciertos fármacos e incluso de determinados alimentos, pueden contribuir a que las tengamos.

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