Los famosos no saben de ciencia

Disparates de los famosos sobre física, etc…

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Ilustración: doyague

Nadie discute sus dotes como actores o cantantes, pero a los expertos se les ponen los pelos de punta con las meteduras de pata científicas de algunos famosos.

Preocupados porque el público pueda creerse sus afirmaciones pseudocientíficas, en Inglaterra se ha creado la asociación Sense About Science para combatirlas.

¿Su lema?: “Seguir algunos de los consejos de nutrición y salud de las estrellas puede ser el camino más corto al cementerio”.

¿Cómo ordeñar perros y gatos?

La alimentación es una de las obsesiones de las celebrities. Lo que ocurre es que algunas exageran los beneficios de la buena alimentación, como Gwyneth Paltrow, quien en una conferencia sobre el cáncer ofrecida en febrero de 2007, relató: “En mi familia hubo varios casos de cáncer. Pero yo estoy desafiando a esos genes diabólicos. Comiendo productos naturales es posible evitar el crecimiento de los tumores”. Pero la cosa no es tan sencilla, y tal afirmación hizo que el oncólogo Tim Hunt, le replicase: “La dieta no es suficiente. Aunque comer bien puede reducir el riesgo de padecer algunos tumores, muchos tipos de cáncer no están vinculados a factores alimenticios”.

Precisamente, para curar el cáncer, un doctor americano llamado Samuel Graff propuso en 1940 beber leche de rata, que, aseguraba, era un remedio contra los tumores. Viene al caso porque en 2007 la modelo Heather Mills (ex mujer de Paul McCartney), en una alocución realizada en 2007 en Hyde Park (Londres), también propuso beber leche de rata. Esta vez no para luchar contra el cáncer, sino contra el cambio climático. “Los animales criados para lácteos son una de las grandes amenazas para el medio ambiente”, dijo. “Debemos beber leche de rata. Y a quien le resulte demasiado asqueroso, que pruebe con la de perros y gatos”. La propuesta era tan extravagante que en este caso ningún científico se molestó en replicar.

Pero ella no es la única cuyos hábitos alimenticios se justifican en creencias absurdas. La actriz Carol Alt demostró que callada estaba más mona en un debate del programa Politically Incorrect, de la cadena estadounidense ABC, en el que confesó que solo comía alimentos crudos. ¿La razón?: “Al cocinar se produce la transhidrogenización de las grasas. Por eso, el cuerpo no puede leer su composición molecular y no las digiere. Eso hace que se solidifiquen y a nuestro metabolismo le cueste tanto eliminarlas”. Otro de los conter­tulios, el físico Dean Cliver, tuvo que aclararle que: “El organismo humano ha asimilado grasas cocinadas desde tiempos inmemoriales. Además, si no pu­diéramos digerirlas, tampoco asi­milaríamos sus calorías. Lo que desafortunadamente no ocurre”.

Tom Cruise contra Freud

Pero es el campo de la salud donde más nocivas resultan las temerarias afirmaciones de algunos famosos. Como las de Tom Cruise, quien, en una entrevista concedida en 2005 al programa Today de la NBC, afirmó que: “La psiquiatría no sirve de nada. Cuando estudias sus efectos, descubres que es un crimen contra la humanidad”. Sus palabras (dictadas por su fe en la Cienciología) despertaron las iras de Simon Wessley, psiquiatra del King’s College de Londres, quien mandó una carta para censurar las declaraciones del actor: “El verdadero crimen contra la hu­manidad es permanecer impasible ante los estragos que la enfermedad mental causa en todo el globo, y acentuar sus efectos con tratamientos equivocados”.

Tampoco pasaron inadvertidas las opiniones de Kelly Osbourne, cantante hija del rockero Ozzy, que aseguró en una entrevista a la cadena británica ITN: “Todo indica que el cáncer de colon de mi madre está causado por la píldora. Por eso yo no la tomo”.

La chica no podía estar más desorientada, ya que varias investigaciones, como la realizada en 2007 por la Universidad de Aberdeen, han demostrado que to­mar la píldora reduce en un 60 por ciento el riesgo de padecer cáncer de ovario, y un 20 por ciento el de colon.

Declaraciones como las de Tom y Kelly preocupan a los científicos, que temen que una tontería o un error de una celebridad desaten un pánico infundado. Por eso, el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, también fue tachado de alarmista cuando pidió prohibir los ftalatos, compuestos químicos presentes en algunos juguetes. “Están amenazando la salud de nuestros hijos y pueden tener graves consecuencias para su desarrollo físico”, afirmó el protagonista de Terminator.

Sus palabras hicieron que un grupo de expertos, encabezados por el químico Peter Guengerich, le aclarasen que, aunque algún tipo de ftalatos puede ser nocivo, los que se usan industrialmente son inocuos, tal y como demostraron varias investigaciones, entre ellas la realizada en 2006 por la Oficina Química Europea. “Los ftalatos se utilizan hasta para fabricar material médico, como los catéteres”, añadió Guengerich. ¿Se usarán también algún día para fabricar cyborgs venidos del futuro?

La ecuación de Mariah Carey

Afortunadamente, hay casos en los que los gazapos anticientíficos de las celebrities no pasan de ser disparates divertidos, frutos del despiste o de la simpleza más inocente. Es el caso del futbolista chileno Héctor Puebla, quien cuando le preguntaron: “¿Pero tú cuantos pulmones tienes para correr tanto?”, respondió con candor: “Pues uno, como todos”.

Igualmente inocua fue la metedura de pata de Mariah Carey, quien bautizó su nuevo disco con la ecuación de Einstein: E = mc2. ¿Por qué? La cantante explicó que: “La fórmula significa que Emancipación es igual a Mariah Carey por dos”, dijo la artista. Pero le salió un científico respondón, el ma­temático David Leslie, quien usó sus elevados conocimientos para explicar algo tan básico como que para multiplicar tiene que existir el signo x: “Mariah se equivoca al creer que mc se multiplica por dos. En realidad, significa al cuadrado, por lo que el título debería ser Emancipación es igual a Mariah Carey Carey.”

Aún más hilarantes fueron las declaraciones de Paris Hilton, quien, al apuntarse como aspirante a turista espacial en el viaje que va a organizar Virgin Galactic, dijo: “¿Qué pasa si con eso de los años luz regreso dentro de 10 mil años y la gente que conozco ha muerto? Tendría que empezar de nuevo”. Tranquila, Paris, que no te costaría volver a ser la más pija de la galaxia.

Además, si esa circunstancia se diera, ya no estaría aquí una de sus competidoras, Ana Obregón, quien en una entrevista concedida en 2004 a Semana aseguró ufana: “Como bióloga afirmo que mi hijo tiene genes de Borbón, y eso se le nota en la forma de andar”. No dudamos que Álex tenga esos genes, pero seguro que hay análisis de ADN más concluyentes que sus andares.

Tampoco cayó en saco roto la aportación de Madonna a esta fiesta de la superchería. Afirmó en The Times que: “La energía nuclear es un problema.?Por eso estoy apoyando a una asociación científica que ha creado un método para neutralizar las radiaciones”. Varios investigadores le replicaron que muy científica no sería la asociación, ya que las radiaciones no pueden neutralizarse. Claro, que todo se entendió mejor cuando se supo que era un grupo cabalista, que había desarrollado una solución química que supuestamente limpió de radiaciones toda Ucrania.

El ‘mosqueo’ de Sarah Palin

Frente a las inofensivas perlas de Anita y Paris, la ignorancia es más peligrosa si la esgrime gente con poder. Como la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, quien durante un discurso en Pittsburgh, dijo: “El dinero de las subvenciones se va en investigaciones que no sirven para nada.?Como esos estudios con la mosca de la fruta”.

Sus palabras hicieron que muchos científicos le recordasen que la Drosophila melanogaster está siendo usada como sujeto de experimentación en varios laboratorios que investigan sobre temas “tan poco útiles” como el autismo y el alzhéimer.

Mucho más extremista se mostró Miroslaw Orzechowski, mi­nistro de Educación de Polonia, quien pidió prohibir enseñar la teoría de la evolución. “Es una mentira”, dijo. “Mejor sería inculcar la verdad de la creación, que no ha podido ser cuestionada”. Recomendamos al ministro que lea el reportaje sobre ese tema, escrito por Richard Dawkins, que publicamos en la página 58 de este mismo número.

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