El caso del 4%

Si la música es cultura, ¿por qué no recibe las mismas ventajas fiscales que los libros?

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“Como no me dan los euros para el disco de Mozart, me llevaré las obras completas de Marcial Lafuente Estefanía, que están rebajadas”.

Acaba de aparecer un libro, un cancionero, que contiene las letras de las canciones de Joan Manuel Serrat. Una colección de poesía popular de gran nivel, a la que además se atrevió a poner música. Pero se da el llamativo caso de que los poemas de Serrat dejan de ser arte cuando los convierte en canción. ¿Te parece increíble? Pues es así.
Ha sucedido lo mismo con las ediciones de los cancioneros de artistas como Luis Eduardo Aute y Víctor Manuel. Te voy a explicar este aparente, pero real, contrasentido. Según la legislación común a todos los países de la Unión Europea, los artículos culturales tienen un IVA reducido, en atención a su interés público. Y entre esos artículos figuran los libros. Todos, sean noveluchas de amor o las obras de Calderón de la Barca. Para todos ellos, el IVA es de un 4% sobre el valor del libro.
Por lo tanto, este cancionero impreso de Serrat cuenta con menos carga fiscal. Siguiendo el razonamiento, cabría pensar que los discos también son artículos culturales, y por lo tanto se les debe aplicar ese IVA reducido. Pero no es así. Esa misma legislación impone un IVA de un 16% a todos los discos, sean del Fary o de Beethoven.
¿Por qué? ¿Ya no es cultura? Parece que no, según el Parlamento Europeo.
Y así, se da la paradoja de que si te compras el cancionero de Serrat que publica Planeta, tendrás un IVA del 4%. Pero si, animado por la belleza de los textos, compras un CD con esos poemas ya cantados, deberás pagar el 16% que soportan las patatas, las cañas de cerveza y las camisas de popelín.

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