Aumenta tu popularidad pidiendo favores

Si te habías creído que la mejor manera de conseguir amigos era invitarles a cañas, estás equivocado. Es mucho mejor pedirles favores, según una investigación

¿Por qué es bueno pedir ayuda? Porque hace sentir bien a la persona que la presta, según un estudio de la Universidad Hosei de Tokyo, publicado en Journal of Social Psychology.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores japonesen reclutaron a un grupo de ochenta voluntarios y los dividieron en dos grupos. En ambos, debían resolver un complicado puzzle. Los científicos pidieron secretamente a uno de los equipos que les hicieran preguntas a los del segundo o les pidieran algún tipo de ayuda para resolver el test, según recoge Daily Mail. Una vez acabada la prueba solicitaron a estos segundos que valoraran a sus compañeros. Sorprendentemente, en lugar de considerarlos aprovechados o incompetentes, opinaron que era sujetos muy sociables y agradables.

La explicación, según la psicóloga clínica Sally Austen, está en que “refuerza nuestra autoestima debido a que avala nuestra consideración de personas confiables”. Por desgracia, quienes necesitan ayuda, lejos de ser conscientes de su ventaja social competitiva, tienden a retraerse por temor a ser tachadas de ignorantes, incompetentes o inhábiles, según los autores del trabajo. “Gracias a nuestra investigación hemos demostrado lo contrario, que pedir un favor aumenta el atractivo personal y favorece el inicio de relaciones”, señalan.

Estas conclusiones han sido contrastadas recientemente por el profesor de neurociencia de la Universidad Pensilvania Michael Platt, junto a Steve Chang (Universidad de Yale) e investigadores de la Universidad de Duke. El equipo de científicos sometió a un grupo de macacos Rhesus a un experimento que debía valorar los mecanismos de recompensa-donación. Para ello, asignó a uno de los monos el papel de actor y al otro de receptor. Al primero se le enseñaban una serie de colores y se le premiaba con un zumo cada vez que los identificaba correctamente. Podía disfrutar su recompensa en solitario o, bien, compartirla con el otro macaco. Los responsables del trabajo observaron que, ante un caso extremo, el protagonista prefería donar el jugo a su compañero antes de que no lo disfrutara ninguno de los dos. La actividad neuronal de los macacos durante el experimento fue registrada por los neurocientíficos. Una vez analizada, se comprobó que los mecanismos de recompensa se activaba tanto en la amigdala del Rhesus que premiaba como en la del que recibía.

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