Hermafrodita, el culmen sexual romano

Tiene lo mejor de dos mundos, según una filósofa sueca

Si no sabes bien cómo debes dirigirte a personas con características sexuales masculinas y femeninas, en el arte romano hay un manual completo sobre el tema. La composición de los frescos y las esculturas tienen instrucciones para todos: hombres, mujeres, figuras humanoides y animaloides, como los sátiros. Quizá encuentres respuestas que te sorprendan, pues según la filósofa suecaLinnea Åshede, las hermafroditas son criaturas sexualmente privilegiadas. No lo hemos sabido hasta ahora, al menos algunos de nosotros, porque su figura ha sido malinterpretada a causa de nuestros prejuicios modernos. Y el razonamiento tiene su truco. Presta atención.

Åshede, que ha llegado a esta conclusión en su tesis doctoral en la Universidad de Gothenburg, defiende que Hermafrodita no solo es el culmen de la sexualidad romana sino que sirve para comprender la peculiar visión del sexo que tenían los romanos. Hija de la diosa griega del amor Afrodita y de Hermes, el mensajero de los dioses, la figura no refleja la dualidad de caracteres sexuales femeninos y masculinos como hoy pensaríamos. En su lugar, representa una amalgama de la belleza de la mujer y de los jóvenes, que en la cultura romana eran objetos pasivos del deseo adulto. Sí, solo los hombres adultos eran merecedores de satisfacer su deseo sexual, mientras todos los demás eran objetos pasivos.

Por eso no hay rasgos marcadamente masculinos en las representaciones de Hermafrodita, y por eso tenía un atractivo especial. “Hermafrodita se representa como una figura atractiva, idealizada y positiva”, resume Åshede. “Así que lo más singular de Hermafrodita no son las características sexuales dobles sino que la figura puede ser representada artísticamente como deseosa y deseada”, apuntala la sueca. Y eso sí que era una transgresión de género.

Eso sí, los romanos no pensaban lo mismo del hermafroditismo cuando aparecía fuera de las obras de arte. En esos casos, su trato distaba de ser cordial. Pero las mentalidades han cambiado mucho desde entonces. Y, aunque es una pena que, con el progreso, hayamos perdido la capacidad de interpretar el arte romano, tenemos la suerte de que los filósofos nos ayuden a desarrollarla.

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