2000 años de pasión

En la Grecia clásica se llevaba el pene pequeño, en la dinastía Ming china, el culo simbolizaba la abundancia, y para los indios el sexo era una cuestión de misticismo. Así ha cambiado el erotismo

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Las obras de la Antigüedad intentaban centrar la atención del espectador sobre las caderas y el rostro.

Cuando parecía que estábamos de vuelta de todo, la modelo Hanna Davis trajo el escándalo. Su pose sugerente, hace un par de meses, tirando hacia abajo su bikini, calcinó las redes sociales. Se la llamó obscena y pornográfica, entre otras muchas lisonjas. ¿Es posible que un pubis cause tanto resquemor? Sí, si es como el suyo, depilado y con un volumen perfecto. Es el nuevo ideal erótico. Y también la operación estética de moda. En España, las mujeres pagan unos 2.500 euros por ajustar su monte de Venus al último canon de belleza.

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La modelo Hanna Davis ha desatado el escándalo con esta imagen.

Ya en la Antigüedad, el artista escenificaba el desnudo femenino con el pubis depilado, pero en su caso lo hacía para minimizar los órganos sexuales y centrar la atención en caderas, rostro y peinado. De aquella época nos llega también la descripción que hacía Aristófanes del ideal masculino en el mundo griego: “Pecho fuerte, piel brillante, hombros anchos, lengua corta, culo grande y pene pequeño”. Entonces, el miembro superdesarrollado no era sinónimo de virilidad. También de entonces proviene la fascinación por las nalgas que menciona el comediógrafo griego. Lo mismo que en la China de la dinastía Ming, donde el culo se asociaba a la luna llena, símbolo de abundancia, armonía y salud. Y ya en el siglo XX, hombres y mujeres enloquecieron con la popularización del uso de vaqueros porque subrayaban las caderas y el trasero. También las nalgas son objeto de deseo en los círculos gais.

Tal vez seguimos las exigencias de un guión que comenzó a escribirse cuando la mujer corría en busca del mejor cazador para asegurar la crianza de sus crías. ¿Qué hubo y qué hay detrás de la declaración masculina “te querré para siempre”? ¿Pechos generosos, caderas suficientemente anchas que garanticen un eficiente canal obstétrico? Eso y más: “Una estrecha cintura y largas piernas que denotan la agilidad suficiente para seguir a la horda con una cría al cuadril; además de un rostro equilibrado que exprese inteligencia para buscar bayas; y, por supuesto, juventud”, responde el filósofo Javier Hernández-Pacheco. Igual ocurre, claro, con el sexo opuesto.
En su ensayo Evolución, erotismo y origen de las especies, el filósofo habla de esa conexión imperiosa del sexo y los fines reproductores, y de cómo lo que mueve el amor no es otra cosa que la lozanía en los machos y hembras.

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El sexo DESINHIBIDO de nuestros antepasados ha llegado a nosotros filtrado por el tamiz de la estética, el erotismo, el melindre y un cuestionable código ÉTICO.

Por lo que se refiere a comportamiento sexual, posturas y prácticas, puede decirse que incluso hoy, cuando los científicos han asaltado el santuario cerebral del erotismo, los cambios en el comportamiento sexual son bastante sutiles. “Un hombre y una mujer necesitan cada uno el ADN del otro, y de ahí que tengan relaciones sexuales”. Con esta elemental idea del psicólogo canadiense Steven Pinker, podría comprimirse un asunto tan complejo como la evolución de la sexualidad humana.

Puritanismo religioso
El cristianismo designó la sexualidad como algo impuro, mientras que el islamismo reprimió a la mujer. Y en la India, los libros sagrados del erotismo hindú, como el Kama Sutra, convierten el goce de la sexualidad en una experiencia mística.
En las culturas clásicas, el acto sexual llegó a ser una manifestación religiosa. Las orgías dedicadas a Dionisio y Baco para invocar la fertilidad se convirtieron en puro derroche de lujuria, a veces con tintes monstruosos. Estas conductas se han repetido en sociedades donde el desgaste de la guerra provocaba comportamientos sexuales desenfrenados. Hasta el siglo XVII, la medida de lo indecente era imprecisa. Pero apareció la burguesía victoriana y la sexualidad se volvió sigilosa. La confiscó el matrimonio, y la alcoba marital pasó a ser el único espacio donde ejercerla.

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¿De dónde viene el varapalo a la sexualidad femenina? En las culturas antiguas, las mujeres disfrutaron de libertad. Fueron las sociedades patriarcales occidentales las que impusieron
el papel dominante del hombre para convertir a la mujer en objeto sexual sometido y al servicio de un esposo sustentador al que debía satisfacer.

Hombres y mujeres enloquecieron con los vaqueros porque subrayaban el culo y las caderas

Como consecuencia, se ha llegado a creer que los dolores de cabeza, la inapetencia sexual y otras conductas femeninas que se han transmitido de generación en generación eran genéticas. “¿De qué modo se iban a comportar las mujeres si solo se enseñaba a encontrar gratificante el acto sexual a los varones y si todos crecían con la creencia de que las mujeres no tenían orgasmos?”
En el siglo XX, las aportaciones de Sigmund Freud, Masters y Johnson, Shere Hite y Alfred Kinsey fueron claves para que el sexo tomase la consideración de ciencia y, como tal, elemento vital en la salud humana.

La pasión ha sido la razón de todo. A estas alturas no habría respuestas para responder a Lord Chesterfield cuando se preguntaba por qué hay sexo si el placer que produce es momentáneo, la posición ridícula y el gasto deplorable.

El orgasmo femenino ni se planteaba antes de que Europa se enfrentara a la Segunda Guerra Mundial
ELLAS:

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  • Las mujeres en Esparta competían en un concurso de nalgas, en el templo de Atenea Calípige, que permitía la discusión sobre quién lo tenía más bello y delicado.
  • Hasta la segunda mitad del siglo XX, las esposas no practicaban felación a sus maridos por considerarse una práctica más propia de prostíbulo.
  • En la Prehistoria, la mujer tuvo una sexualidad activa, libre, e incluso promiscua. Hoy, la falta de deseo se ha convertido en el primer motivo por el que se recurre a la consulta de los sexólogos.

    ELLOS:

    • En el Antiguo Egipto, los faraones se masturbaban con frecuencia para que el semen regase de fecundidad las aguas del Nilo.
    • En Nueva Guinea, en algunos grupos sociales era costumbre que los jóvenes tuviesen relaciones homosexuales hasta el matrimonio.
    • En la Prehistoria se copulaba hasta tres y cuatro veces al día. En nuestros días, con el placer femenino en la cúspide de la escena erótica, nace la preocupación del hombre por no satisfacer a su pareja.

      ¿Quién no se ha preguntado alguna vez...
      … quiénes han condenado el sexo?
      Igual que otras religiones lo han integrado sin artificios, el cristianismo ha reprimido la dimensión sexual humana como herencia recibida de la aversión hacia el sexo de san Pablo y de la tradición judía. El arte ha permitido burlar esa represión de forma subliminal con códigos y alegorías.
      … Existía lo obsceno entre los hombres de la Prehistoria?
      Entre los primeros seres humanos no se daba el ámbito prohibido o maldito que fue dando forma luego a la vida sexual humana. Su sentido del pudor era prácticamente nulo, o al menos más ambiguo que el nuestro.
      … Por qué esa fijación por los pechos voluptuosos?
      Un pecho generoso es motivo de deseo. Aunque en la pasarela basta una talla 90, la mujer prefiere la 95, y los hombres la 100. Hay una razón antropológica: “Durante la ovulación los pechos se hinchan un poco, y eso atrae a los hombres.
      … Cómo se explica que las estatuas griegas masculinas estén desnudas y no las femeninas?
      El cuerpo desnudo del hombre se convirtió en el mundo griego en algo cotidiano que se ofrecía a la vista con naturalidad y sin tapujos. El femenino, por el contrario, no. A las mujeres se las consideraba estatuas de barro a las que los dioses, con su gracia, dotaron de vida. Su objetivo es que conservaran la fuerza de lo oculto.

      La mujer a través del tiempo
      PREHISTORIA. Pechos voluminosos, vientres redondos y caderas anchas.
      ANTIGUA GRECIA. Senos firmes, pero modestos de tamaño y sujetos con una banda de tela.
      ROMA. Ovidio, en El arte de amar, dice que hay que mostrar el pecho solo si es perfecto. El hombro desnudo despierta el deseo.
      RENACIMIENTO. Caderas redondeadas, senos pequeños y torneados, y labios rojos marcados.
      SIGLOS XVIII y XIX. La Revolución Francesa realza el pecho, y la burguesía lo encorseta.
      PRINCIPIOS DEL Siglo XX. Senos pequeños y cuerpos esbeltos y deportistas.
      SEGUNDA GUERRA MUNDIAL. Los soldados americanos lanzan la moda de la pin-up. Formas generosas y pechos opulentos.
      1994. El Wonderbra permite aumentar visualmente el pecho sin pasar por el quirófano.
      2015. La cirugía moldea el pecho a capricho, y la atención se desplaza a los traseros generosos y las nalgas.

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