Mujeres que aman a otras mujeres

El lesbianismo sigue rodeado de mitos sin fundamento. La realidad es que tienen más problemas para ligar, pero cuando lo consiguen... gozan más

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La media hora que dura un encuentro sexual entre lesbianas contrasta con los ocho minutos que dedica el 85% de parejas hetero

No soy lesbiana por desconocer tus atributos y tamaños físicos, ni porque no haya encontrado a un hombre o por no haberme acostado aún contigo. Aunque, si insistes en defender este argumento, es hora de que te plantees que quizá tú sigues siendo heterosexual por no haber conocido aún las bondades del sexo con otro hombre.” Con estas palabras, la directora de la revista MiraLes embiste contra uno de los razonamientos más repetidos en boca de los hombres: “Difícilmente puede haber placer sin un pene”.

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Media hora de sexo puro

Los sexólogos que han investigado la sexualidad de la mujer lesbiana en estos últimos años van encontrando razones para desbancar ciertos estereotipos trasnochados que, sin embargo, persisten. Por ejemplo, hace ya tres décadas, Pepper Schwartz, sociólogo de la Universidad de Chicago, concluyó que las mujeres lesbianas se masturban menos que las heterosexuales, practican sexo con menor frecuencia y su abanico de posturas es más aburrido.

Enseguida, la feminista Marilyn Frye le rebatió con un dato aplastante: una sesión de sexo con una mujer lesbiana dura aproximadamente media hora. El 85% de las parejas heterosexuales lo zanja en apenas ocho minutos. Y de acuerdo con una encuesta australiana en la que participaron más de 19.000 personas, las mujeres lesbianas son mejores amantes y disfrutan de más orgasmos. El porcentaje de mujeres que alcanza el clímax es del 69% si son heterosexuales y del 76% si son lesbianas. ¿Por qué se dan, entonces, datos tan contradictorios? Beatriz Gimeno encuentra una explicación muy sencilla: “La cantidad de sexo o deseo que se considera normal está medida casi siempre por estándares masculinos”.

Aunque las mujeres parecen aceptar mejor la homosexualidad, las lesbianas siguen siendo un colectivo, hasta cierto punto, invisible

La socióloga chilena Luz María Figueroa ha tardado más de cinco años en componer su estudio Mujeres lesbianas. Rastreó en bibliotecas, librerías, instituciones, etcétera. Y el resultado era casi siempre el mismo: no encontraba ni una sola palabra de lesbianismo y sí sobre la homosexualidad masculina. Su conclusión es que la mujer lesbiana es invisible en la mayoría de las sociedades.

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Lo complicado es encontrar pareja

De todos modos, la forma de practicar sexo de las lesbianas no esconde mayor enigma. “La sexualidad entre dos mujeres”, explica Aída Castaño, “no dista necesariamente de las relaciones heterosexuales u homosexuales masculinas. Depende mucho más de las personas que conforman una pareja y su manera de vivir la sexualidad que de su género”. Como en cualquier otra pareja, para la mujer es muy importante el manejo de los ritmos y encontrar posturas que permitan el frotamiento y la masturbación recíproca. Luego, dependiendo de los deseos de cada una, se pueden introducir juegos de dominación y sumisión u otras fantasías. Y si hubiera que crear un kamasutra lésbico, no sería muy diferente del heterosexual.

Otra cosa es encontrar pareja. A la espera de que se invente un “radar lésbico” que ayude en la búsqueda, parece que hay ciertas dificultades añadidas a la hora de ligar. ¿Cómo saber si una mujer “entiende” o no? No todas las lesbianas son tan visibles como la cantante de rock Melissa Etheridge. Según la revista MiraLes, lo más habitual es conocerse por medio de amigas comunes, en locales de ambiente y por internet, si bien en la red abundan heterocuriosas con el único afán de probar experiencias nuevas y también mujeres que no se deciden a salir del armario y viven su homosexualidad bajo el anonimato del sexo virtual.

Solo el 69% de las mujeres heterosexuales alcanza el clímax sexual, frente a un 76% de las lesbianas que sí llegan a él

Si hace unos años la lesbiana parecía ir pegada a un kit lésbico (pelo rapado, camisa a cuadros y andares masculinos), el desconcierto ahora es aún mayor con la tendencia lesbian chic, la androginia llevada al extremo o el juego de la ambigüedad. Puesto que ha resultado un producto cultural muy vendible, se han adscrito a él mujeres de cualquier pelaje sexual. “Son muchas las famosas que se apuntan al carro de llamar la atención besando a otra mujer, pero dejando claro que son heterosexuales. Esto provoca confusión, aunque sirve para alejar ciertos estereotipos que marginaban la homosexualidad femenina”, añade la sexóloga Aída Castaño.

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Mientras, el magnate chino Cecil Chao Sze-tsung no ceja en su empeño de buscar varón para su hija lesbiana. Ofrece 130 millones de dólares al hombre que se case con Gigi, después de que fracasara en su intentó en 2012 con una oferta inicial de 65 millones de dólares a la que se presentaron más de 20.000 aspirantes. Ninguno atrajo el corazón de la joven, quien, además, es una firme activista de los derechos de homosexuales, bisexuales y transexuales, y ha sentenciado que no se casará ni por un billón.

¿Quién no se ha preguntado alguna vez...

… Conocer mejor su sexo les hace disfrutar más?
Se da lo que Aída Castaño llama “comprensión de género”; es decir, pueden entender más fácilmente asuntos femeninos, como las molestias que ocasiona el período. “Pero si las experiencias vividas por ambas distan mucho, puede ser un arma de doble filo”.

… Tienen el mismo riesgo de infección por transmisión sexual?
Como cualquier persona, no son inmunes. El contagio puede ocurrir por intercambio de secreciones vaginales, sexo anal, etc. Pero, según la Federación Estatal de Lesbianas: “Existe un desconocimiento en el ámbito sanitario sobre su salud sexual, cuando la prevalencia de ETS es similar a la de las mujeres heterosexuales”.

… Por qué la mujer lesbiana no tiene el toque glamouroso del mundo gay?
Más allá de la estética, parece ser una cuestión de poder. “Las mujeres”, explica Beatriz Gimeno, “tienen menos dinero, poder, influencia, visibilidad… y, por tanto, menos glamour”.

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Mitos absurdos
Si no hay un pene, no hay sexo. Por eso la pornografía coloca un pene entre dos mujeres que practican sexo.

Una es el hombre y otra la mujer. Una pareja femenina no reproduce los tradicionales roles impuestos por la cultura patriarcal.

Si una mujer es masculina, es lesbiana. Ni todas las lesbianas usan camisa a cuadros, ni todos los gais son amanerados.

Si son muy femeninas, solo les gustan mujeres con aspecto de hombres.

Es una moda. Un hombre apuesto podría hacerles cambiar de opinión.

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