¡Adiós, café!

El cambio climático amenaza las cosechas de todo el planeta. Se abre la veda para encontrar otras fuentes de cafeína, antes de que el expreso de sobremesa resulte más caro que la propia cena

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El consumo del preciado grano se disparó hacia 1960, y hoy llega a los 12 kilos por persona y año entre sus mayores fans: los finlandeses. Aquí nos apañamos con unos 4,5.

La bebida favorita del planeta rellena 1.600 millones de tazas al día. El café es el cultivo tropical de exportación más valioso y el segundo artículo más comercializado del mundo, después del petróleo, con exportaciones por nada menos que 15 billones de dólares al año. Todo ello se encuentra ahora en grave peligro, porque la industria del café se basa en una planta especialmente vulnerable al cambio climático.

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Nuestros cultivos vienen del puñado de árboles que fue a las colonias en los siglos XVII y XVIII

Unos dos tercios del cultivo, presente hoy en 70 países, pertenecen a una única especie: Coffea arabica, que dio inicio al cultivo de café hacia el siglo VI, cuando alguien arrancó unos cuantos árboles de las tierras altas de Etiopía y los llevó hasta Yemen. Sus granos tienen un sabor suave y delicado, pero la planta es tremendamente selectiva en cuanto a las condiciones en que puede crecer bien. Florece mejor a temperatura constante de entre 18 y 21ºC y, si se la somete a más de 30ºC durante períodos prolongados, se le caen las hojas y desarrolla tumores en los tallos. Incluso a 23ºC ya disminuye la calidad de los granos: “Pierden el carácter afrutado y el café resulta insípido”, afirma Tim Schilling, de World Coffee Research, una red global de instituciones de investigación financiada por la industria cafetera. Y a juzgar por nuestros niveles de gases de efecto invernadero, nos encaminamos a un aumento de 4ºC en la temperatura global para la década de 2060, y entre 5 y 6ºC para 2100.

Peter Baker, especialista en café de CABI, una organización sin ánimo de lucro que asesora a granjeros de países en desarrollo, añade que la planta “necesita un clima seco para desarrollar brotes, y después lluvia para impulsar la floración. Pero si entonces llueve demasiado, no salen los frutos”. Eso sí, una vez que las bayas empiezan a crecer, necesitan aguaceros para hincharse y madurar. Y esas condiciones ideales son cada vez menos frecuentes, por lo que los agricultores necesitan ayuda rápidamente.

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A corto plazo se podrían cultivar árboles que den mucha sombra y ayuden a mantener fresco el café, cubrir con mantillo los cultivos, o irrigarlos. Pero si la humedad aumenta mucho con el clima, no se puede hacer demasiado, según Baker. “No existe la panacea”, asegura. “Hay que ir a cada zona concreta, entender qué está pasando allí y diseñar medidas específicas para el corto y el medio plazo”.Ante tal amenaza, lo lógico a largo plazo sería cultivar árboles de arabica más resistentes, pero casi todos los árboles de cultivo actuales descienden del puñado de ancestros que llegaron a las colonias holandesas y británicas en los siglos XVII y XVIII, y presentan solo el 1% de la variación genética de toda la especie. “Todos los programas de cría usan una y otra vez casi el mismo material genético”, dice Schilling

Se buscan otros genes
Algunos países productores tienen colecciones de arabica con mutantes de características poco frecuentes y árboles cultivados a partir de semillas adquiridas en Etiopía en la década de 1960. Su diversidad genética es 10 veces mayor que la de los cultivados, y Schilling los considera “nuestra mejor apuesta para desarrollar variedades con resistencia al cambio climático e híbridos para distribuir a los agricultores a principios de la década de 2020”.
Aún más valioso sería el potencial del medio silvestre. “Los árboles que crecen en las distintas partes de la zona de expansión natural de la especie tendrán distintas características y, a diferencia de los de las plantaciones y colecciones, continúan adaptándose y evolucionando”, dice Aaron Davis, director de investigación del café en los Reales Jardines Botánicos del Reino Unido en Kew. Los economistas calculan el valor para la industria de los recursos genéticos del café silvestre de Etiopía entre 0,5 y 1,5 billones al año. Pero esta solución se enfrenta al espinoso asunto de los derechos de propiedad biológica, sin solucionar, y la vulnerabilidad de sus zonas de origen al cambio climático.

Mientras, se está contemplando el recurso a otras especies, como Coffea canephora y Coffea robusta, que ahora proporcionan un tercio de nuestro café, sobre todo instantáneo. Schilling cree que: “Con la adecuada preparación genética, es muy probable que pueda producir una taza decente”. En tanto esto pasa, Davis enfatiza que “no podemos descartar el café sin más. Demasiada gente depende de él”.¦

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