ADN del pasado para leer el futuro

Cómo los hábitos de vida y la propia Historia han modificado nuestros genes

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Una comunión en la España de 1944.

El proyecto Genográfico pretende conocer más sobre nuestros antepasados y sobre cómo se fueron extendiendo por el planeta. Para ello recopilan muestras de ADN de miles de personas, tanto de poblaciones indígenas muy concretas como de ciudadanos de grandes urbes. Por unos 75 euros, sus responsables nos hacen un informe personalizado sobre nuestros ancestros, mediante un kit de análisis genético, y formaremos parte de su base de datos global. Por el momento, los resultados generales indican que todos los seres humanos somos muy parecidos.

El ADN también nos puede dar pistas de a dónde vamos, o por lo menos, cómo podemos ser en las próximas generaciones. Una nueva ciencia denominada epigenética se basa en que la dieta, hábitos como fumar, la exposición a agentes contaminantes o los niveles de obesidad pueden afectar a nuestros descendientes. Por ejemplo, hay evidencias de que la diabetes, la obesidad o las enfermedades cardiacas están parcialmente relacionadas con los estilos de vida de nuestras pasadas generaciones.

Asimismo, las investigaciones genéticas podrían ayudarnos a aumentar la esperanza de vida (hay quien incluso cree que se logrará la eterna juventud). Por ejemplo, un equipo de investigadores de la Universidad Yeshiva de Nueva York cree haber encontrado la forma de estimular un sistema vital que limpiaría las proteínas defectuosas dentro de las células. En un experimento con ratas viejas alteradas genéticamente, vieron cómo sus hígados funcionaron igual de bien que los de individuos jóvenes.

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