Esfuerzos poco rentables

Los casos de depresión y ansiedad en los ejecutivos y empresarios británicos han aumentado un 47%

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Cuatro paredes. Me cuesta imaginar que este minero de Sudáfrica llegue a convertirse en verdadero adicto al trabajo.

Precisamente ahora algunas empresas españolas habían empezado a plantearse la conciliación como eje de la productividad: Iberdrola, con la jornada continua y flexible para todos; Caja Madrid, Sanitas, Randstad y MRW, entre otras, con la política de luces apagadas a partir de una hora. Vienen a decir que los trabajadores de “cuerpo presente” no benefician ni a la empresa ni al país.
De hecho, con las 240.000 horas extras que hicieron los empleados de General Motors en 2007, por ejemplo, se habrían podido crear 200 puestos en dos años. Pero hay más pruebas: la Organización Internacional del Trabajo (OIT) asegura que cada día mueren en el mundo 5.000 personas en accidentes y enfermedades laborales, que le cuestan a la economía mundial 1,2 billones de dólares y el 4% del PIB se escapa por los costos del absentismo laboral y las prestaciones por enfermedad o accidente. El estrés supone para Europa un coste anual que sobrepasa los 20.000 millones de euros. Pero a río revuelto, ganancia de pescador. Los brokers de Wall Street han empezado a enjugar sus lágrimas en la consulta de los psiquiatras. Los ejecutivos y empresarios británicos copan las habitaciones del exclusivo centro de salud mental Causeway Retreat y, según la aseguradora British United Provident, la depresión y ansiedad en estos profesionales ha aumentado en un 47%. Mientras, en España arrasan los cursos para aprender a controlar el estrés. Vamos camino de convertirnos en los anticipados crónicos que describe el periodista James Gleick en su libro Faster, siempre con prisas y azotando con furia los botones, como si con ello fuéramos a conseguir que el ordenador se encienda más rápido o el ascensor cierre antes sus puertas.
Y lo haremos, aun a sabiendas de que, como explica Peral Ríos: “Vivir rápido altera los ritmos biológicos y es el origen de muchas patologías, como la depresión y la ansiedad”. Es lo que el economista norteamericano Lee Burns llamó “la paradoja de la buena vida”: “Tenemos tanta ansiedad por acometer todo lo posible, que acabamos por no disfrutarlo”. El cómico Steven Wright añade una chispa de humor: “Vi un banco que ponía ‘24 horas’, pero yo no tengo tanto tiempo”.n

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