Sagrado y limpio

Las vidrieras medievales purificaban el aire gracias a las nanopartículas de oro de sus pinturas. Un profesor australiano las estudia para desarrollar tecnologías con alta eficiencia energética.

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Doble función: los templos con este tipo de cristaleras protegían a los fieles tanto del pecado, como de los contaminantes.

Es muy probable que no lo supieran, pero los artistas medievales que decoraron las vidreras de múltiples catedrales europeas estaban dándonos una lección en ahorro de energía. El químico Zhu Huai Yong, de la Universidad de Tecnología de Queensland (Australia), ha descubierto que, cuando la luz del sol incide sobre ellas, potencia cientos de veces el campo magnético de las partículas de oro que contienen. De esta forma adquieren la capacidad de destruir un tipo de contaminantes llamados VOC (compuestos orgánicos volátiles): esos que prestan el característico olor a “nuevo” a muebles y habitaciones recién pintadas, y que resultan perniciosos para la salud.
A Zhu se le ocurrió la idea de investigar estas pinturas medievales durante una visita a Europa en 2006. De cara al futuro, piensa que este tipo de estudios llevarán a la aplicación de nanopartículas de oro en sistemas de purificación del aire eficientes y baratos, ya que su principal motor será algo que nos llega en abundancia: la luz solar.

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