El corralito

Se cumplen diez años del corralito argentino

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Cacerolada contra el corralito argentino.

Nuestro reportero no da una, queridos lectores. Entró en un cine pensando que la película que ponían era un western titulado Duelo a muerte en O.K Corral, y se encontró con que en realidad ponían una de miedo y encima argentina, titulada... EL CORRALITO... Pero como nuestro redactor tiene nervios de acero, le hizo una entrevista a quemarropa al protagonista de tan aterrador filme. Aquí tienen el resultado de la bochornosa charla que tuvo lugar.

Reportero. Menuda decepción... No veo gallinas por ninguna parte.

Corralito. Por favor, no me confunda con ninguna explotación agropecuaria. Yo soy un concepto económico.

Reportero. Es que con ese nombre.. incita el engaño.

Corralito. Eso dígaselo al periodista argentino Antonio Laje, que fue quien me bautizó en 2001.

Reportero. Y las gallinas no tuvieron nada que ver.

Corralito. Que ya le digo que no. El motivo de ponerme este nombre, hay que buscarlo en el diccionario ya que, en estrictu sensu, significo “pequeño recinto cerrado con red o con mallas”. Y eso es lo que soy, un recinto simbólico en el que quedaron atrapados los ahorradores argentinos.

Reportero. Vaya... yo pensaba que aludía al pretexto utilizado por el gobierno para desplumar a los ciudadanos.

Corralito. Eso vino con la segunda parte... El Corralón... Pero no adelantemos acontecimientos.

Reportero. Cuénteme exactamente que fue lo que pasó.

Corralito. Pues fue tan sencillo que, en el año 2001, ante el temor de que la gente se llevara el dinero del país, el gobierno impuso una limitación del efectivo que el público podía retirar de los bancos.

Reportero. Que gallitos...

Corralito. Observo para mi desesperación, que le gustan a usted los chistes fáciles.

Reportero. No se me escurra, y dígame cuanto dinero se podía sacar.

Corralito. 250 dólares (o su equivalente en pesos) semanales.

Reportero. Poco arroz para tanto pollo.

Corralito. Lo que se pretendía era lograr una bancarización de las operaciones. Que los pagos se realizasen con las tarjetas de crédito.

Reportero. ¿Y qué ocurrió?

Corralito. Pues justo lo contrario. Que se ahogó la liquidez y se asfixió el crédito. Comenzaron las protestas, las caceroladas y las revueltas. Pero lo peor estaba aún por llegar.

Reportero. Me está usted poniendo la piel de gallina.

Corralito. Pues ahora es cuando le desplumo, porque ya llega... el corralón.

Reportero. Ya solo el nombre acojona.

Corralito. Y no es para menos. El corralón consistió en convertir todos los depósitos hechos en dólares a pesos. Daban 3 pesos por cada dólar. Pero dada la inflación de la moneda argentina. Todos los ahorradores vieron como sus depósitos perdían la mitad de su valor.

Reportero. Vamos, que acabaron a-corralados, como en la película de Stallone.

Corralón. Si, a-corralados, desplumados y al chilindrón.

Reportero. ¿Cree usted que algo así nos podría pasar en España?

Corralito. Quien lo sabe.. ¿me acepta un consejo?

Reportero. Por supuesto.

Corralito. Cuiden el turismo, que es la gallina de los huevos de oro de sus economía, y así tal vez eviten acabar como pollos en un corralito.

Reportero. Que sabio es usted.

Corralito. No me adule y lárguese ya, pim-pollo.

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