Los Ángeles acoge la mayor subasta de objetos de Marilyn Monroe hasta la fecha

La última colección privada de la actriz ha salido a la venta. Desde fotografías de su infancia hasta zapatos, ceniceros y guiones con anotaciones personales.

Marilyn Monroe subasta
Baron

Unas semanas antes de morir, Marilyn Monroe concedió la que sería su última entrevista al periodista Richard Meynman. La publicó a título póstumo la revista Life el 17 de agosto de 1962, doce días después su muerte. En ella, la actriz reflexionaba por primera vez sobre el efecto que provocaba en los demás Marilyn Monroe, no la estrella del cine, no la mujer, no la aspirante a poeta, sino 'Marilyn Monroe', el objeto de deseo e icono pop que se había dibujado en el imaginario colectivo del siglo XX con la rapidez de los pensamientos lujuriosos y de las palabras de envidia.

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A veces, salgo a la calle con una bufanda y un abrigo, sin maquillaje, a veces solo para caminar, a veces voy de compras; otras solo quiero fijarme en cómo vive el resto de personas que me rodea. Pero, en cuanto salgo, ya sabes, habrá algunos adolescentes que dirán: "Oye. Espera un minuto. ¿Sabes quién creo que es?" Y empezarán a seguirme. Y no me importa. Me doy cuenta de que algunas personas quieren ver si eres real. Los adolescentes, los niños pequeños, sus caras se iluminan. Dicen: "Caramba", y no pueden esperar para contarles a sus amigos que se han encontrado conmigo. Y los ancianos vienen y dicen: "Espera a que se lo cuente a mi esposa". Has cambiado todo su día. A primera hora de la mañana, los basureros que van por la calle 57, cuando salgo por la puerta dicen: "Marilyn, hola. ¿Cómo te sientes esta mañana?" Para mí, es un honor, y les adoro por eso. Me cruzo con hombres que salen de sus casas para ir a trabajar y me silban. Al principio silban porque piensan, oh, es una niña. Piensan: ella tiene el pelo rubio y no está fuera de forma, y ​​luego dicen: "¡Dios mío, es Marilyn Monroe!" Y eso tiene sus... ya sabes, esos son tiempos que son agradables.
La gente sabe quién eres y todo eso, y sientes que significas o has significado algo para ellos.
No sé muy bien por qué, pero de alguna manera siento que entienden por qué hago todo lo que hago y cómo lo hago cuando actúo en la pantalla o cuando les veo en persona y les saludo. Que realmente siempre quiero decir hola, y como estas? En sus fantasías se sienten "Caramba, me puede pasar". Pero cuando eres famoso te topas con la naturaleza humana de una manera cruda. Despierta la envidia, la fama lo hace. La gente con la que te encuentras siente que, bueno, ¿quién es ella que cree que es, Marilyn Monroe? Sienten que la fama les da algún tipo de privilegio para caminar hacia ti y decirte algo, ya sabes, de cualquier tipo de naturaleza y no dañará tus sentimientos. Como si le estuviera pasando a tu ropa. Una vez aquí estoy buscando una casa para comprar y me detuve en este lugar. Salió un hombre que era muy agradable y alegre, y dijo: "Oh, solo un momento, quiero que mi esposa se encuentre con usted". Bueno, ella salió y dijo: "¿Podrías salir de las instalaciones?" Siempre estás corriendo hacia el inconsciente de la gente.
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El resto de la entrevista es igual de desgarradora y argumenta a la perfección el poder de atracción de este mito cincuenta y cinco años después de su muerte. Porque el efecto que narraba con afectación Monroe sigue vigente, sólo que ya no se dirige hacia a una mujer de carne y hueso sino que se enfoca hacia sus recuerdos, pequeños (y no tan pequeños) objetos de memorabilia con los que sus adoradores la envidian y veneran a partes iguales. Sólo así se entiende que alguien esté dispuesto a pagar 6.000 dólares por una fotografía de Marilyn junto a sus compañeras de clase de primaria, con anotaciones cariñosas; o 1.500 dólares por el permiso de circulación de la actriz de un Pontiac Catalina de 1950; o 60.000 dólares por un traje de cóctel de seda negra con una deliciosa pajarita blanca gigante; o 6.000 dólares por un frasco vacío de la actriz que un día contuvo gotas para la nariz expedido por una popular cadena de farmacias neoyorquina. Y eso por no hablar de los 150.000 dólares por un master de acetato de la canción Down, boy! de Los caballeros las prefieren rubias.

Getty Images
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Como ocurre prácticamente siempre, las mejores subastas llegan y se van sin hacer ruido. Porque la última subasta de objetos de Marilyn Monroe -nada menos que 173-, que se abrió ayer en Los Ángeles, en la casa de subastas Profiles in History, ha pasado sin apenas levantar polvo, aunque ha atraído a los cazadores de nostalgia de todo el mundo. Llama la atención que no haya hecho ruido porque no se conoce ninguna otra colección privada que contenga la amplitud de objetos y el alcance (cubre distintas etapas de la vida de la actriz) presentados en esta subasta. Desde trajes icónicos de pantalla de películas como Los caballeros las prefieren rubias o Cómo casarse con un millonario o El príncipe y la corista o La tentación vive arriba, hasta ropa que se ponía a diario. También están presentes fotografías de la infancia de la actriz muy personales con notas manuscritas, incluida una foto de cuando era bebé con las palabras: "Yo cuando era muy pequeña", y otra con la nota: "Primer novio. Lester Bolender y Norma Jeane, ambos de 5 años ”. La colección se completa con imágenes de su boda con su primer marido Jim Dougherty, seguidas de una selección de fotografías raras de sus primeros trabajos de modelaje.

Uno de los objetos estrella documenta el descubrimiento y la transformación de Norma Jeane en la mega-estrella Marilyn Monroe. Es una fotografía de gran tamaño dirigida al ejecutivo de Hollywood Ben Lyon: "Querido Ben, me encontraste, me llamaste y creíste en mí cuando nadie más lo hizo. Mis gracias y amor por siempre. Marilyn”. Otra de las verdaderas joyas es el guión de trabajo de La tentación vive arriba de la actriz, con más de 500 palabras manuscritas.

Cortesía Profiles in History
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