¿Por qué nos gusta compartir y cómo nos influye el grupo y sus normas?

Damos sangre, dejamos propina en el restaurante, colaboramos con aportaciones a diferentes ONG… y todo ello de forma altruista y natural (aparentemente...)

Manos sobre un plato compartiendo una galleta
Getty ImagesMohd Hafiez Mohd Razali / EyeEm

Compartimos, colaboramos con otros (a veces con extraños, con gente que no conocemos). Pero, ¿esto tiene que ver con la naturaleza de cada uno o hay cierta presión del grupo al que pertenecemos?

Un nuevo estudio, realizado a los cazadores-recolectores de la tribu Hadza (en Tanzania), aporta una visión nueva y sorprendente visión de por qué cooperamos y compartimos.La investigación, que estudió a los Hadza durante seis años, muestra que estos están generalmente dispuestos a compartir. Pero, eso no significa que siempre lo hagan. De hecho, el que un individuo en particular comparta generosamente depende menos del individuo y más del grupo con el que vive en ese momento, tal y como muestran los resultados de la investigación.

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"Encontramos que, año tras año, la voluntad de compartir con otros se agrupaba dentro de grupos de residencia o lo que llamamos 'campamentos'", dice el autor principal Coren Apicella, de la Universidad de Pensilvania. "La gente vivía con otras personas que eran similares a ellos en niveles de generosidad”, asegura Apicella.

"También descubrimos que la voluntad individual de compartir cambió de año en año para igualar a sus compañeros de campamento actuales y no encontramos evidencia de que la gente prefiriera vivir con más gente cooperativa", agrega Kristopher Smith, otro de los co-autores del estudio. Y lo que es más importante, esas tendencias persistieron a pesar de que los Hadza cambiaban de compañero de campamento cada dos meses.

Los hallazgos muestran que no es que las personas que les gusta compartir elijan vivir con otros que también les gusta compartir. Más bien, las personas adaptan sus propias tendencias de compartir para que coincidan con las del grupo en el que viven actualmente. Es decir: el hecho de compartir se rige por las normas y el comportamiento de los grupos locales.Los investigadores (Apicella, Smith, Tomas Larroucau e Ibrahim Mabulla), estaban particularmente interesados en analizar la cooperación los Hadza, ya que estos siguen practicando la caza y la recolección para alimentarse.

"Los Hadza son una de las últimas poblaciones que quedan en el planeta que llevan un estilo de vida similar al de nuestros antepasados durante millones de años. Ofrecen una visión de cómo evolucionó la cooperación”, asegura Mabulla.

“Los Hadza comparten su comida con sus compañeros de campamento. Los altos niveles de cooperación ayudan a asegurar la supervivencia en este entorno impredecible”, señala por su parte Apicella.

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Para averiguar qué impulsa el comportamiento cooperativo de Hadza, los investigadores visitaron 56 campamentos en Tanzania durante seis años. Durante estas visitas, se les pidió a casi 400 adultos de Hadza de todas las edades que jugaran un juego: considerara la posibilidad de compartir pajitas de miel, su comida favorita.

Cada persona comenzó con cuatro pajitas, las cuales podían compartir con todo el grupo o no. Las pajitas de miel que contribuyeron al grupo se triplicaron.

Los datos mostraron que los Hadza que vivían en ciertos campamentos eran notablemente más generosos que otros. Además, los individuos se comportaban de manera diferente a lo largo del tiempo, modificando su comportamiento para que se ajustara a las normas del campamento en el que vivían actualmente."Hay algunos campamentos en los que todos contribuyen y otros en los que la gente contribuye muy poco", dice Smith. "En una población aleatoria, es de esperar que todos los campamentos contribuyan con cantidades similares”, concluye.

"Nos sorprendió descubrir que la gente no tiene una tendencia estable a cooperar o compartir y que, en cambio, está influenciada por quienes la rodean. Nuestros resultados muestran que no existen los buenos y los malos”, dice Apicella.

Los hallazgos resaltan la naturaleza flexible de la cooperación humana, señalan los investigadores. En términos más generales, demuestran que la generosidad puede ser contagiosa.

“Siendo generoso contigo mismo, puedes conseguir que otros también sean generosos", añade Smith.

Fuente: Sciencedaily.com

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